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De ruidos y sospechas

Sin levantar el tono ni perder las formas, Antonio Brufau, presidente de Repsol YPF, al final no pudo evitar descargar su malestar por los meses de ruido en torno a la petrolera. El problema es que cargó contra el mensajero: los medios de comunicación. “Pensad bien lo que escribís, porque afecta a las empresas”, dijo en tono casi paternal. “¿Qué queda después de tanto ruido?”, añadió sin perder la media sonrisa. Y aprovechó la presentación de resultados para escenificar la buena sintonía que parece que ahora reina en el consejo de administración, más unido que nunca para trabajar por los intereses comunes de la compañía: todo se aprueba por unanimidad y sin discusiones, como buenos hermanos.

Tras meses en los que los dardos han volado envenenados en el seno de la petrolera resulta que todo es ahora “agua pasada”, que todo ha sido “una apariencia de enfrentamiento” y le faltó decir que casi, casi todo ha sido hasta un invento de la prensa con sus “comentarios gratuitos y sacados de contexto”. Pero si todo era ficción, ¿por qué Brufau convocó hace cuatro días –en enero– un consejo extraordinario para “ratificar la gestión del presidente y confirmarle plenamente en sus funciones”? ¿No eran todo cacofonías externas?

Brufau hace bien en pedir serenidad, pero debería pedírsela a los accionistas mayoritarios –leáse Sacy Vallerhermoso y La Caixa–, que han jugado al ataque frontal y la ambigüedad, alimentado páginas y páginas de información a costa del dividendo, la revisión del plan estratégico y hasta la idoneidad del primer ejecutivo en declaraciones casi siempre a puerta cerrada. La prensa no inventa –o no debería hacerlo– ni debe dejarse arrastrar por la guerra sucia y soterrada que algunos han intentado jugar. Pero como dice el dicho, cuando el río suena, agua lleva. Y si bien es de agradecer que la pax llegue a la principal petrolera que tiene este país, porque las batallas internas distraen de lo importante, gestionar el día a día de la compañía, esta armonía suena a ficticia. Dice Brufau que se ve con mucha fuerza para continuar capitaneando la nave – ni siquiera necesita a un consejero delegado, que para eso está él– y que cuenta con una plantilla mejor que la del Real Madrid. Pero no vaya a ser que, como en el fútbol, el entrenador cuente con la confianza hasta que la pierde en un abrir y cerrar de ojos.

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