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Bajo el hechizo de Apple

19 noviembre 2010

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Hay hoy en día una empresa que despierte más expectación y sea más atractiva que Apple?  En la mayoría de los países, sus nuevos productos se venden de forma inmediata en cuanto se anuncia su lanzamiento, y millones de personas los compran sin ni siquiera leer las críticas o recibir una recomendación sobre los dispositivos. El Mac, el iPod, el iPhone, y ahora el iPad son ya productos emblemáticos a nivel global.
No obstante, este éxito apabullante despierta recelos y una sensación de pérdida de control. Si nuestros libros, música y búsquedas en Internet pasan por todos los dispositivos electrónicos de Apple, ¿hasta qué punto controla la marca nuestros gustos, formación, e incluso nuestros pensamientos? A esto hay que sumar el hecho de que el acceso a las aplicaciones de Apple está restringido. Para los que no estén familiarizados con éstas, conocidas como Apps, son una especie de programas informáticos que ofrecen servicios tan diversos como ayudar a elaborar una receta, a localizar un restaurante cercano o a jugar una partida de ajedrez.

Resulta complicado vender una aplicación a través de una plataforma online de Apple; se necesita la autorización de la marca, que presta especial importancia a estos programas. Su prioridad es que las aplicaciones ofrezcan un buen diseño y no representen un riesgo para el sistema. Eso parece lógico, pero el resultado final es que buena parte de su contenido es corporativo.
A pesar de todas las críticas de las que es objeto la marca, deberíamos mostrar, como mínimo, más respeto por la empresa y sus métodos. Aunque los productos de Apple forman una especie de “sistema cerrado”, sus principales dispositivos se conectan con sistemas abiertos. Yo mismo utilizo mi iPad para acceder a Internet y recurro a la web si hay alguna característica de las aplicaciones que no me convence. Lo que ocurre es que Internet, que a veces resulta caótica, está obligada a competir con un sistema gestionado de forma privada. Pero los usuarios tienen la oportunidad de elegir ¿Qué hay de malo en ello?
El iPod (y los dispositivos relacionados) se conectan a la tienda iTunes de Apple y son una importante fuente de ingresos para la marca, además de proporcionarle cierto peso en la industria musical.  En cualquier caso, es fácil volcar el contenido que no sea de iTunes en un iPod o un dispositivo vinculado a éste, sobre todo porque Apple intenta vender el máximo número de aparatos posible.
La competencia está obligando a Apple a abrir sus sistemas. Aunque la compañía es líder indiscutible del mercado, su ambición por aumentar las ventas parece no tener límites. Apple permite mucha más libertad de elección que antes, enlazando sistemas cerrados y abiertos a través de algunos dispositivos electrónicos.

Si hay algo que deberíamos temer es que los sistemas de los productos de Apple no estén lo suficientemente cerrados. Es muy sencillo liberar un iPhone  y utilizarlo para acceder a cualquier número de la red de telefonía móvil, no sólo a los operadores elegidos por Apple. Esa práctica es ilegal en muchos países, pero Apple por el momento no le da demasiada importancia. Digamos que los clientes están usurpando parte del valor del iPhone, al negarse a aceptar las condiciones del contrato de venta. La conclusión a más largo plazo es que Apple es mucho más vulnerable que la mayoría de sus clientes.
Los productos de Apple tienen un diseño atractivo, en un mundo en el que la belleza no abunda. Son, además, fáciles de usar: el iPad, al menos en EEUU, se comercializa sin libro de instrucciones. Basta con deslizar el dedo por la pantalla para empezar a familiarizarse con su funcionamiento; es un sistema totalmente intuitivo.  Creo que Apple merece tres hurras, y eso que este artículo lo estoy escribiendo desde un ordenador Dell. Tengo el iPhone apagado, pero listo para usar siempre que quiera.

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