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Cómo salir del atolladero


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Cuáles son las formas en las que la eurozona podría colapsar? La primera posibilidad es que los gobiernos que resulten elegidos en el futuro rechacen los programas de austeridad que les están siendo impuestos. La oposición irlandesa, por ejemplo, ya ha indicado su deseo de renegociar el acuerdo al que ha llegado Irlanda con la UE. Queda por ver, sin embargo, si este deseo es real o es simplemente una forma de ganar votos de cara a las elecciones. Sin duda, una renegociación de los términos podría agravar los problemas que aquejan al país. Renegociar es una práctica común, tanto en el entorno empresarial como en el político. Pero, en el contexto europeo, existe el riesgo de que la opinión pública alemana se canse de que los acuerdos se revisen y de que sean ellos, los contribuyentes germanos, los que seguramente acaben pagando los platos rotos. Además, la estructura de toma de decisiones multilateral de la UE no suele prestarse con facilidad a esta clase de flexibilidad. Una posibilidad es que un intento de renegociación provoque un fracaso del acuerdo, una rebelión de los mercados de capital, la imposibilidad de un país de la UE de colocar su deuda y la consiguiente fuga de capitales. En algún momento de este proceso, el país tiene que imponer controles de capital y restablecer su moneda nacional.

Abandonar la eurozona resultaría una decisión desagradable y no exenta de problemas. Una vez que se haya producido el anuncio, o simplemente empiecen a circular rumores sobre una inminente salida del euro, todo el mundo intentará deshacerse de sus euros y cerrar las cuentas que tengan en la moneda común en el país afectado. En una Europa abierta e integrada, ¿hasta qué punto resultaría fácil detener o limitar este proceso? El resultado sería una espiral deflacionista, uno de los principales motivos por el que resulta tan complicado abandonar la eurozona. El euro abandonaría al país en cuestión antes de que el país abandonara la eurozona.
Otra vía para salir del euro sería una retirada masiva y encubierta de los depósitos bancarios. Pongamos por caso que los titulares que poseen cuentas en bancos irlandeses tienen la sensación de que es posible que Irlanda acabe abandonando la eurozona. Como medida preventiva, los clientes sacarán sus ahorros de los bancos irlandeses, como ya ha ocurrido en el entorno empresarial. Al fin y al cabo, se preguntarán, ¿qué sentido tiene seguir teniendo euros en Irlanda, cuando es probable que de repente se conviertan en libras irlandesas?  En la era de las transferencias electrónicas ¿por qué no optar mejor por abrir una cuenta en un banco alemán? Con el tiempo, los balances de los bancos irlandeses se quedarían vacíos y se verían reducidos a poco más que una entidad que sobrevive a base de subsidios. Irlanda, o cualquier país que esté pasando por esta crisis, se enfrentaría entonces a una difícil decisión. La permanencia en la eurozona implicaría que el sistema bancario seguiría siendo deficiente durante mucho tiempo, lo que afectaría a los préstamos internos y a la asignación de capital. La alternativa se reduciría a una falta de operatividad de los bancos del país, o una deflación radical y controles de capital. Que el euro sea capaz de sobrevivir depende de una cuestión bastante teórica. ¿Está relacionada la actual crisis con un problema de solvencia, que puede resolverse con una intervención, aunque ésta tenga un coste bastante elevado? De ser así, los países de la eurozona más sólidos desde el punto de vista fiscal sencillamente tendrían que pagar el precio correspondiente y el euro sobreviviría.

La hipótesis alternativa es la que defiende la idea de que las deficiencias del euro son estructurales y de carácter continuo. Si, en un futuro previsible, la productividad de Alemania sigue creciendo a un ritmo más rápido que la de España, Alemania acabará teniendo una moneda que le resulte muy barata y España tendrá en cambio una divisa sobrevaluada con respecto a las necesidades de los exportadores españoles.  La crisis de la eurozona nunca desaparecerá, ya que España siempre estará afectada por un alto desempleo y por presiones deflacionistas. En algún momento, Alemania o España o algún otro país acabarán retirándose del juego. Así lo piensan los analistas estadounidenses y quizás este sea el año en el que la realidad les dé la razón.


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