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El impacto económico y social del Mundial de Brasil

El Mundial de Brasil calienta motores, y lo hace con la calle enfurecida por el enorme gasto que ha supuesto para el país. El ciudadano considera que se podría haber dedicado a partidas más importantes como sanidad o educación.


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El Mundial es, junto con los Juegos Olímpicos, el evento deportivo internacional de mayor relevancia y repercusión. De hecho, la última edición fue seguida por una audiencia acumulada de más de 26.000 millones de personas de 200 países y se espera que en Brasil esta cifra sea aún mayor.

Pero más allá de lo que supone como evento deportivo, la Copa del Mundo es sin duda un generador de actividad económica a nivel internacional y, sobre todo, en el país organizador. Según un estudio de Grant Thornton, el Mundial de Sudáfrica supuso para el país africano en 2010 un impacto en el PIB del 0,56%. Incluso en el país vencedor, España, el estudio “Soccernomics 2010” de ABN Amro, estableció ese impacto en el 0,7% del PIB español.

En el caso de Brasil existen diversas estimaciones sobre cuál puede ser el impacto económico del evento. Según un estudio realizado por la consultora Deloitte, el impacto en el PIB brasileño será de 63.000 millones de dólares para el período 2010-2014, lo que supondría un incremento del 2,1% del PIB nacional en estos años.

La principal inversión que se está realizando en el país es la relativa a infraestructuras, fundamentalmente de transporte (carreteras, aeropuertos y sistemas públicos de transporte) y estadios, con 1.180 millones y 3.600 millones de dólares de inversión respectivamente.
Además, se espera que la Copa del Mundo, junto con los Juegos de Rio, generen un incremento de turistas en el país de 4 millones hasta los 9 anuales en 2018. Las estimaciones más optimistas hablan de un gasto turístico durante el Mundial de 11.000 millones de dólares, veinte veces más que en el Mundial de Sudáfrica.

Por lo que respecta al patrocinio múltiples marcas se han asociado tanto al Comité Organizador Local como al programa de FIFA. Entre los patrocinadores de esta edición destacan sectores como la alimentación (Garoto), banca (Itaú), seguros (Liberty Seguros) o artículos deportivos (Centauro). Por su parte, FIFA gracias a los patrocinios de la Copa del Mundo (Budweiser, Continental, Mc’Donalds, entre otros), a sus socios (Adidas, Coca-Cola, Hyundai, Kia, Emirates, Sony y Visa) y a los derechos de retransmisión, ingresará en la Copa del Mundo 4.000 millones de dólares.

mundial-brasil-2014-francia-honduras-honduras-ecuador-8493-MLA20005069123_112013-OSin embargo, estas cifras están quedando ensombrecidas desde hace meses por diversos motivos; el primero de ellos y más importante, las protestas sociales que ya se produjeron el año anterior durante la Copa de las Confederaciones y que se están incrementando este año; una parte muy importante de la sociedad brasileña está demandando que dichas inversiones deberían haberse dedicado a proveer de un mejor sistema sanitario y un mejor sistema educativo a los ciudadanos.

Dichos argumentos se han visto reforzados además por el elevado número de estadios que se han construido; una Copa del Mundo puede celebrarse con 8 o 9 estadios y en Brasil se han construido o modernizado 12; además alguno de ellos, como es el caso del estadio de Manaos, con una inversión de 300 millones de dólares, se ha construido en una zona sin tradición futbolística y en la que no tendrá uso posterior alguno.

Por otra parte, la falta de planificación y de preparación adecuada ha provocado que muchas de las infraestructuras de transporte no vayan a estar finalizadas para la Copa del Mundo y en los estadios se haya tenido que aumentar el presupuesto para poder finalizarlos, a lo que se ha añadido la muerte de personas que trabajaban en la construcción en dichas obras.

La corrupción latente ha contribuido además a otorgar una imagen negativa del país; las declaraciones de algún miembro del Comité Organizador, como por ejemplo Joana Havelange, justificando que “lo que había que robar ya se robó”, han creado cierta sensación de falta de claridad. Tampoco ha ayudado la investigación abierta en FIFA sobre la forma en la que se concedió a Qatar la Copa del Mundo 2022.

Y en el caso de los Juegos Olímpicos la situación no es mejor. El Vicepresidente del Comité Olímpico Internacional, el australiano John Coates en declaraciones al New York Times, afirmó que la planificación de los Juegos es, por el momento, “la peor que ha conocido” y que resulta imprescindible “ayudar al Comité Organizador para que puedan organizar los Juegos”.

Desde hace años los países llamados “BRICS” están llevando una estrategia de desarrollo económico y proyección internacional a través de los grandes eventos deportivos. Ahí están los casos de Rusia (Juegos de Invierno y Copa del Mundo), La India (Juegos de la Commonwealth), China (Juegos de Verano) y Sudáfrica (Copa del Mundo), además de Brasil, el gran protagonista de los próximos años.

Dentro de esa estrategia, la organización del Mundial en Brasil es el primer paso para afianzar el crecimiento sostenible del país y, sobre todo, consolidar su posicionamiento internacional. Sin embargo, la situación actual genera más incertidumbres que certezas y cuestiona si la apuesta realizada por los grandes eventos dará los frutos deseados a la potencia sudamericana.



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