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Brasil 2014: una vaca de casi 50.000 millones

Esta es la inyección económica estimada en el país durante los últimos cuatro años. El Gobierno estima que, solo en los 32 días del torneo, el efecto será de unos 10.000 millones de euros.


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Alegría y dudas. Muchas dudas. Estos fueron los dos sentimientos que surgieron en Brasil cuando, hace siete años, fue elegida como sede del mundial de fútbol 2014. Ni la promesa del entonces presidente, Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva, garantizando que el país “sabrá, orgullosamente, hacer su tarea”, fue suficiente para contener la incertidumbre sobre su capacidad organizativa.

dentro-1A las puertas de dar comienzo el evento, las vacilaciones siguen presentes. Incluso la FIFA, descontenta con el primer ensayo que se ha desarrollado en el estadio Arena Corinthians, que alojará el partido inaugural el próximo 12 de junio, hará otra prueba solo once días antes de que el balón comience oficialmente a rodar. Por no hablar de los retrasos y el sobrecoste de las obras, las huelgas, las protestas… ¿Se hablará de fútbol durante los 32 días que durará el evento, o de cómo miles de personas toman las calles para denunciar carencias en sectores como la educación o la salud?

Dejando a un lado críticas y amenazas, y según un estudio publicado por la Fundación Getúlio Vargas (FGV) y EY (antigua Ernst & Young), el evento ha inyectado alrededor de 47.000 millones de euros en la economía del país entre los años 2010 y 2014. Además, se han generado 3,63 millones de puestos de trabajo por año y 21.000 millones de euros de renta para la población, con el consiguiente impacto positivo en el consumo interno. Y los sectores más beneficiados han sido construcción civil, alimentos, bebidas, servicios prestados a las empresas, servicios de utilidad pública (electricidad, gas, drenajes y limpieza urbana) y telecomunicaciones.

Según estimaciones del Gobierno brasileño, y solo durante el mes del acontecimiento, el impacto será de alrededor de 10.000 millones de euros en el Producto Interior Bruto (PIB), cifra idéntica a la ejecutada por el Estado para la construcción y reforma de estadios y obras de movilidad urbana, puertos y aeropuertos, infraestructura turística, de seguridad, telecomunicaciones e instalaciones complementarias.

dentro-2¿Demasiado optimismo? La estimación del ‘equipo’ capitaneado por la presidenta Dilma Rousseff se basa en los resultados de la Copa Confederaciones celebrada en el país en junio de 2013, y que solo duró quince días. Entonces, el PIB se incrementó en 3.200 millones de euros, según la Fundación Instituto de Pesquisas Económicas (Fipe). Y el impacto total se aproximó a los 7.000 millones de euros. De ese montante, cerca de la mitad fue debido a gastos de los turistas, del Comité Organizador Local e inversiones privadas y públicas.

“Los números de la Copa Confederaciones son muy representativos. En el Mundial, la tendencia es que el resultado sea tres veces mayor”, celebra Joel Benin, asesor especial para grandes eventos del Ministerio del Deporte en Brasil. “Es un escenario que ya habíamos previsto de generación de empleo e incremento de la economía”, añade.

No solo dinero. Mucho más que las ventas, la imagen generada será el mayor logro para las empresas que tienen sus marcas relacionadas con el Mundial, según un estudio publicado por la agencia de calificación Moody’s. Su vicepresidenta, Barbara Mattos, también destaca que aportará visibilidad al país: “Es un beneficio de reputación muy relevante pero de difícil cuantificación”. Tampoco desdeña que, durante la próxima década, tendrá un impacto en el PIB de un 0,4%. “No es tan pequeño como pudiera parecer”, destaca. Y añade: “Este tipo de inversiones tiene un legado permanente, que puede representar menores costes para las empresas. El impacto en la economía es positivo para la población y para la economía como un todo”.

Por su parte, Marcos Nicolás, director ejecutivo de Mercados Estratégicos de EY, destaca la importancia de la realización del evento deportivo en doce ciudades: “Esa imagen, que será proyectada hacia el exterior, hará que todo el mundo no solo vea a Brasil como el país del fútbol, sino que tiene muchas más atracciones que ese deporte”. A la par que subraya el hecho de que, por vez primera, no solo se promoverán los principales destinos turísticos como Río de Janeiro, Sao Paulo, Salvador y Recife.

De acuerdo con su punto de vista, el Mundial ha demostrado que es el camino para catalizar inversiones en Brasil. “Pese a que todas las obras de infraestructura no se completaron y muchas serán finalizadas en los próximos años, se ha demostrado la necesidad de que se conviertan en hechos”, observa Nicolás. Y destaca que el país ya recibe 7 millones de turistas al año, 2 millones más que dos años atrás, y que ese número debe continuar creciendo después del Mundial. “La ganancia es mucho mayor que las pérdidas. ¿Podría ser más grande? Sí, pero estamos hablando de un país que está aprendiendo a lidiar con grandes proyectos de transformación”, subraya.

Amenazas a la fiesta
“El pueblo unido jamás será vencido”. Esa fue una de las proclamas que más se escuchó durante la celebración de la Copa Confederaciones el pasado año en Brasil. El Gobierno carioca confía en que no se repitan. Joel Benin, asesor especial para grandes eventos del Ministerio del Deporte, considera que las manifestaciones que se verán en el país serán positivas. Y que predominarán las hinchadas en los terrenos de juego y mirando los partidos en la televisión. “La búsqueda por entradas registró más de 10 millones de solicitudes, es decir,que se ha marcado un récord en la compra de boletos. Eso demuestra el interés del mundo y de los brasileños por participar en el evento,” destaca.

Según estimaciones del propio Benin, la llegada de turistas extranjeros al país superará la previsión inicial de 600.000 personas. Sin embargo, algunos expertos son menos optimistas. Eduardo Cantelli, profesor del IE Business School especializado en marketing y deporte, observa que las estimaciones más actuales muestran que solo 300.000 turistas extranjeros viajarán para el Mundial, la mitad de las proyecciones del Gobierno brasileño. Ese número se basa en el bajo nivel de reservas de billetes de avión, según el experto. “Malas noticias, como retrasos en las obras y protestas, influyen negativamente en la imagen del país. Sin embargo, estas situaciones suelen olvidarse cuando empieza el evento”, argumenta Cantelli.



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