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Cipri Quintas: “Mi objetivo es presentar personas y que sucedan cosas”


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Con un bagaje de un cuarto de siglo como empresario (en la actualidad es propietario del restaurante Silk & Soya (www.silkandsoya.es), a sus 47 años Cipri Quintas se autodefine como un ‘comunicador 1.0’ con una agenda potente. Una labor en la que cuenta con un generoso aliado: las redes sociales (@cipriquintas).¿Qué es un ‘comunicador 1.0’, o un ‘sinergiador’, como a veces se ha definido?

Yo presento a gente, capto su esencia, y veo quien pega con quien. En todos los campos, incluido el personal. Porque hay mucha gente sola que no se acerca a los demás porque les da miedo. Igual sucede en el mundo de los negocios. Hay mucho director general, mucha gente con poder, muy sola. Mi ‘negocio’ es presentar a la gente. Cada mes lo hago con un centenar de personas en el ámbito de los negocios. A nivel personal, muchas más. Mi agenda tiene mucha credibilidad porque detrás de cada nombre, teléfono y mail hay una persona a la que cuido. A mí me importa la persona no como oficio, sino como ser. Durante un día cualquiera recibo unos 120 correos electrónicos, unos 80 whatsapp, mensajes de sms, 30 twitters, y unos 40 mensajes de facebook. Respondo uno por uno porque detrás de cada mensaje hay una persona.

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¿Qué le hace tener tantos seguidores?

Reputación, verdad y honestidad. La solidez en la vida te la da la trayectoria, el bien, el amar, el querer. Abrazar, y que la gente vea verdad en ti, es muy importante.

Pero puede haber abrazos con el mismo efecto que el beso de Judas…

Sí, pero si tu haces cinco abrazos diarios, tendrás un know-how de cinco abrazos diarios. He recibido tantos a lo largo de mi vida que tengo menos posibilidades de equivocarme. Si tu no te dedicas a abrazar a la gente, a quererla, a juntarte con ella, no adquieres esa sabiduría que es la gente. Invertir en el bien, en querer, en ser solidario, es lo más grande.

¿Cobra por hacerlo?

Nada. Lo que busco es que la gente se conozca, haga negocio, y sea feliz. Me considero como un taquillero que sabe cómo se ha vendido una entrada y quién debe sentarse al lado de cada quien. Y ese don lo tengo porque lo he practicado y porque siempre busco el lado positivo de la gente. Lo que he hecho a lo largo de mi vida ha sido ganarme el cariño, el respeto y la credibilidad de la gente. Por eso, cuando yo llamo, el 80% de las veces lo cogen, aunque estén en una reunión. ¿Por qué? Porque saben que es un amigo quien llama.

¿Qué otros valores son importantes en su ‘trabajo’?

Dar sin esperar recibir ni recordar. Siempre pensamos que ayudar es una carretera de doble vía. Es decir, ayudamos y nos sentamos a esperar a que nos devuelvan el favor. Eso es un error. Tienes que encontrar tu felicidad en el camino hacia la ayuda. Y serás muy infeliz si lo encuentras y te vuelves a esperar a que alguien te ayude. Eso es inmovilismo.

¿Se dan casos en los que, después de la presentación, no se ha llegado a nada?

Muchas veces. Y no pasa nada. Mi objetivo es presentar personas y que sucedan cosas. Pero si no ocurre… Habitualmente, cuando una persona va a una reunión de negocios está con el arma cargada y las defensas puestas. Pero si haces las presentaciones en un restaurante, o en un café, la gente no ve peligro. En Silicon Valley, las buenas ideas se cuentan en los bares porque nadie tiene miedo a que se la copien. Mientras que los españoles nos morimos con grandes ideas. Si esta va a surgir, porque la necesidad está ahí, compártela.

¿Cómo es su ‘modus operandi’?

Yo siempre digo: os tenéis que conocer. Presento, y me voy. Luego vuelvo. Y si no se encuentran, voy dando pistas. De los clientes que recibo a diario en mi restaurante, a más de la mitad les propongo que se conozcan.

¿Qué nos queda por aprender en las relaciones públicas?

A ver a las personas, a darnos cuenta de que todo el mundo tiene una necesidad de relacionarse, de que se harían más negocios si las personas se conocieran. En este campo, las redes sociales están ayudado mucho. El problema es que los españoles nos creemos que las personas son nuestras: mi agenda, mis amigos, yo te presento este contacto pero tú me firmas este papel… Incluso ha habido casos en los que, siendo socios, no se conocían, y los he tenido que presentar yo. ¿Por qué Google es Google? Porque ha compartido el conocimiento de todos.



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