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El Hipódromo quiere volver a galopar

Tras 15 años perdidos entre cierres y obras, el legendario Hipódromo de la Zarzuela ha desarrollado una estrategia para lograr que el público vuelva a las carreras de caballos. Un reto más que complicado.


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El pasado 11 de mayo todo viandante despistado que se estuviera dando una vuelta por el Paseo de la Castellana se encontró con una sorpresa mayúscula. Los caballos de carreras habían tomado la calle y la concurrida avenida madrileña se había convertido en un improvisado hipódromo. Según los organizadores, más de 30.000 personas vieron las cuatro carreras con gran interés. Para la mayoría de ellos se trataba de la primera vez que contemplaban en vivo un evento de estas características. Objetivo cumplido. La acción comercial había conseguido que el público supiera de la existencia de algo llamado turf, y que en el monte del Pardo tiene su sede el Hipódromo de la Zarzuela, la meca de esta disciplina deportiva en España.

dentro-1Para todos aquellos que ya han cumplido los 40, y que recuerdan nombres como Claudio Carudel (el jinete más popular de la historia, ya fallecido), o las cuadras Rosales o Mendoza, lo de la Castellana no tuvo ningún interés. Pero los jóvenes no saben que en los años 80 la Zarzuela era el epicentro de un sector que mantiene a 5.000 personas. A todos ellos, el hipódromo madrileño y las carreras les suenan a chino. “El gran problema del turf es que no llega a nivel mediático. España es un país de fútbol. En la época dorada había afición pero el declive y cierre hizo demasiado daño”, explica José Luis Martínez, uno de los mejores jinetes (jockeys) del momento, con 800 victorias en su haber.

Sabe de lo que habla. En los 80 la gente se agolpaba frente al televisor para ver los domingos las carreras que se retransmitían en directo desde La Zarzuela. En la actualidad se siguen ofreciendo por Teledeporte. Pero no las ve nadie. ¿Qué ha ocurrido para que este deporte haya perdido el enganche de unas cuantas generaciones? La respuesta está en la cadena de despropósitos que ha llevado a que este recinto, propiedad de la SEPI (95%) y de Loterías y Apuestas del Estado (5%), sea una patata caliente para el Estado, con unas pérdidas de 3,4 millones de euros en 2012 (último ejercicio presentado). Esta película de terror comenzó en la época de esplendor, cuando la empresa que explotaba el lugar estaba gestionada por aficionados, que llevaron a la quiebra al recinto hípico a pesar de ser un referente en Europa.

Patrimonio Nacional, propietario del espacio, concedió la gestión al empresario Enrique Sarasola en 1992, que tardó cuatro años en hundirlo de nuevo. Fue el tiempo que necesitó para convertir la Zarzuela en una macrodiscoteca que ahuyentó a toda la clase aristocrática que era la que solía acudir a las carreras. Tras este segundo desastre, el tercero en forma de cierre durante casi diez años, ya que ningún gestor en su sano juicio quería hacerse cargo del lugar. “En 2005 se decide abrir de nuevo. Pero estaba lleno de okupas y en unas condiciones deplorables tras una década abandonado. Así que ha habido que hacer obras, lo que ha llevado a que los pocos aficionados que venían tuvieran que convivir con las grúas”, se lamente Faina Zurita, presidente del Hipódromo. “Seis años de reformas, nueve de cierre y cuatro previos de mala gestión. Es demasiado tiempo. El deterioro ha sido enorme”, añade Gerardo Torres, director de carreras.

dentro-2Tanto es así que en la actualidad el público asistente ronda cada jornada los 2.800 cuando hace 20 años atravesaban las puertas unos 15.000 aficionados. El número de caballos estabulados (otra vía de ingresos ya que el Hipódromo también acoge de forma permanente a los potros de carreras en sus cuadras y centros de entrenamiento) también ha caído pasando de 1.000 a solo 454. Con estos datos en la mano resulta evidente que recuperar el recinto hípico parece una misión solo al alcance de superhéroes. A pesar de ello, los gestores actuales empiezan a atisbar las primeras buenas noticias en años. “El número de aficionados ha pasado de 2.300 a superar los 2.800 en el último año y, por primera vez, desde la reapertura, hemos cambiado la inercia en el número de caballos. Con las obras llegó un momento que aquí solo contábamos con 350 ejemplares”, asegura Zorita.

En busca del público perdido. Este cambio de tendencia ha permitido que el Hipódromo haya pasado de estar en coma inducido a comenzar a trotar. Para lograrlo, la gestión actual ha bajado el precio de las entradas, que han pasado de nueve euros a cinco. Además, se celebran carreras nocturnas (ocho jornadas). También se ha mejorado la oferta de restauración, a lo que hay que añadir exposiciones y la organización de veladas musicales. “Se busca que además de carreras pasen otras cosas en el recinto para que la gente acuda. Pero siempre teniendo presente el mundo del caballo para no caer en lo que ocurrió en la época de Sarasola”, asegura Zorita. Con estas acciones, la presidente espera que la media de 3.000 asistentes crezca hasta 5.000.

La búsqueda de la diversificación de ingresos también ha llevado a la compañía a organizar eventos para empresas. En la actualidad esa partida solo es el 3,5% de la facturación total (13,8 millones en 2012). Pero el objetivo es que todas las actividades de ocio supongan el 50% de los ingresos en unos años. “Les ofrecemos hasta carreras de exhibición. La idea es poner al hipódromo en órbita para que las marcas vuelvan a acercarse al recinto a promocionarse. Ya se ha conseguido con algunas. Audi utilizó esta casa para la entrega de los coches a la plantilla del Real Madrid. Hace unos años eso hubiera sido imposible”, añade Zorita.

dentro-4Además de popularizar el turf y captar ingresos extra, los gestores han vuelto a mimar a los propietarios, que son una de las claves, casi la más importante de este negocio. Sin inversores no hay caballos y sin ellos no hay carreras, ni jinetes, ni nada de nada. “El propietario es nuestro mejor cliente. Y hasta ahora no se le trataba como merecía. Por eso hemos bajado el precio de los boxes, hemos acondicionado el centro de entrenamiento, se han abierto zonas exclusivas para ellos y se ha puesto en marcha un departamento de atención al cliente. Hemos tratado de poner el hipódromo a su servicio”, explica la presidenta. A pesar de los esfuerzos, los propietarios piden más. “El recinto ha mejorado de forma espectacular. Pero debería ser más barato y poner en marcha algún restaurante de lujo para satisfacer nuestro ego y fomentar que trajéramos aquí a las amistades para presumir de caballos”, asegura Jesús Fernández Mur, dueño de la cuadra Odisea, una de las más grandes del hipódromo.

Recuperar el glamour en las carreras es algo básico para los dueños de los caballos. Quizá pueda sonar a frívolo pero no conviene olvidar que criar potros de carreras no es para nada una buena inversión. “Aquí no se gana dinero. Un caballo cuesta entre 1.000 euros y 30 millones de euros. Pero luego tienes que entrenarlo y criarlo durante años y esperar que no haya lesiones. Solo las grandes estrellas te hacen recuperar el dinero que te gastas”, añade Fernández Mur. Pero, ¿de cuánto estamos hablando? “De unos 15.000 euros al año entre veterinario, mozos, preparador, herraje, dentista… No es un buen negocio. Es una afición”, asegura este propietario, que también aspira a que se celebran más carreras y se reparta más dinero. “Contamos con un plan a cinco años para incrementar los premios y lograr que la tasa de retorno de los propietarios por su inversión sea del 30%. Ahora estamos en el 26% y eso no es atractivo. Por eso algunos corren en los hipódromos del sudeste francés que ofrecen competición dos días por semana con mayores ingresos para los ganadores”, contesta Torres.

dentr-3La apuesta externa. La carrera más importante que se celebra todos los años es el Gran Premio de Madrid, dotada con 60.000 euros para el ganador. Ese dinero se reparte entre el propietario, que se lleva el 80% el jockey, 10%, y el preparador, también el 10%. En Madrid se celebran otras cuatro carreras de similares características. Pero lograr aumentar la cuantía de los premios no es fácil. De hecho, todo es como un círculo. Si no entra más público, no queda suficiente dinero de las apuestas, y si el turf no se populariza, no se atraen a los anunciantes para patrocinar las carreras. Los esfuerzos de los gestores del recinto van encaminados a solucionar estos males. Aunque ellos saben que todo sería mucho más sencillo si pudieran poner en marcha la apuesta externa, que supone más del 50% de los ingresos en los hipódromos extranjeros. “Desde la reapertura en 2005 el proyecto está encima de la mesa del ministerio de Hacienda. Ahora parece que el final está más cerca. En 2012 se aprobó la Ley del Juego Online que impedía a un organismo ser operador y organizador. Para solucionarlo hemos hablado con LAE, para que sean ellos los que hagan posible que los españoles puedan apostar a los caballos desde su casa a través del ordenador o el móvil. Sin esa inyección extra es imposible lograr que esta institución gane dinero. Los costes de mantenimiento son demasiado elevados”, reconoce Zorita. “La apuesta externa ayudará. Pero nadie se jugará su dinero en un acontecimiento que no sabe ni lo que es. Hay que seguir atrayendo a más aficionados a las carreras. Con ellos llegarán mejores caballos y surgirán más apostantes”, apunta Guillermo Arizkorreta, preparador con más de 80 caballos a su cargo.

Sea como fuere, lo que resulta evidente es que los responsables del histórico recinto parecen tener claros cuáles son los errores que deben evitar si quieren lograr que el Hipódromo vuelva a galopar, como lo hizo en las décadas de los 70 y 80. Para conseguir este propósito cuentan también con la estrella que el mundo del turf andaba buscando. Se trata de Noozhoh Canarias, un potro estabulado en la Zarzuela que se codea con los más grandes. Quizá el Hipódromo también lo logre en el futuro.



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