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Pymes: corazón económico de Italia (por Sebastiani Primo, embajador)


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Italia es el primer país europeo por número de pequeñas y medianas empresas (pymes). Con más de 5.200.000, de las que aproximadamente un tercio son empresas artesanales, las pymes constituyen sin duda la mayor parte del tejido productivo e industrial del país. ¿De dónde viene este modelo que define a Italia en un grado poco habitual en el resto de economías del mundo desarrollado? Seguramente de raíces históricas que podemos situar en la Edad Media, con el sistema de las corporaciones basadas en pequeñas unidades productivas, y, después en el Renacimiento, cuando talleres de producción y ateliers artísticos se hicieron virtualmente indistinguibles: desapareció la frontera entre bienes de utilidad y bienes artísticos, y quizá sea en aquel momento donde se debe buscar el origen del “made in Italy” moderno. Sin embargo, tanta difusión de las empresas – y sobre todo de las microempresas – se explica también por un innato espíritu emprendedor muy común entre los italianos y especialmente notable en algunas áreas del país. La histórica ausencia de organizaciones centrales fuertes en la península tras el final del Imperio Romano estimuló, principalmente por necesidad, la inventiva, la creatividad y la adaptabilidad, todas ellas componentes fundamentales del espíritu emprendedor.

En cualquier caso, el éxito de las pymes no sería totalmente entendible si no se le relacionase con otro factor, que en Italia siempre tiene primacía: el de la fuerte internacionalización incluso de las empresas de dimensiones pequeñas y medianas. Las estadísticas muestran la capacidad de las empresas italianas de “interceptar” la demanda externa y de consolidar su posición en los mercados: ambos fenómenos van en aumento y, en la práctica, han sido un factor determinante para detener los efectos de la crisis económica de los últimos años.

Gracias a esta propensión natural a salir del país para aventurarse (basta pensar en Marco Polo) en mercados nuevos y lejanos, Italia ha podido conservar una cuota de las exportaciones mundiales de productos manufactureros igual al 71% (datos de 2012) de la que tenía en 1999, antes de que países como China revolucionasen el comercio global. Es un resultado no comparable al de Alemania (94%), pero mejor, por ejemplo, que los de Japón (67%), Francia (61%) y el Reino Unido (55%).

Se trata de una internacionalización muy competitiva: de un total de 5.117 productos –el máximo nivel de desagregación estadística del comercio mundial– en 2012, Italia se alzó con el primer, segundo o tercero puesto mundial por actividad comercial con el extranjero en nada menos que 935 de esos productos. No sólo esto, sino que Italia se encuentra además entre los primeros países de la Unión Europea por ecoeficiencia del sistema productivo, con 104 toneladas de anhídrido carbónico por cada millón de euros producido (Alemania emite a la atmósfera 143, y el Reino Unido 130) y 41 de residuos (por 65 de Alemania y el Reino Unido y 93 de Francia). Además, las empresas italianas son también las que guían la ‘reconversión verde’ del empleo europeo, clave de la absorción del desempleo: antes de que termine 2014, el 51% de las pymes italianas tendrá al menos un green job, mientras que el resto de los principales socios europeos siguen por debajo del 37%.

La flexibilidad del mundo de las pymes explica también por qué Italia exporta prácticamente de todo: además de los pilares conocidos – en italiano – como ‘las cuatro A’ (automatización, mobiliario, alimentación y confección), no hay prácticamente ningún sector en el que no existan ‘excelencias’ italianas y productos italianos, ni siquiera en los sectores tecnológicamente más avanzados.

Antes de concluir, querría subrayar un último aspecto, igual de importante que los anteriores, del mejor espíritu emprendedor italiano: la resistencia, la capacidad de aguantar incluso en una crisis que ha golpeado fuerte y durante mucho tiempo. Si nos fijamos en España, las empresas italianas no han abandonado el país, a diferencia de compañías de otras nacionalidades. Nuestras inversiones se han quedado, porque se trata de dinero destinado principalmente a la producción, tanto de bienes como de riqueza y de trabajo, y que dejan una marca que perdura en el tiempo.



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