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La generación que viene

Ocupan la segunda línea de empresas y partidos políticos del país desde hace años. Tienen la mejor preparación de la historia: carreras, másters, experiencia internacional, hablan varios idiomas… Con el adiós del rey Juan Carlos I a la Jefatura del Estado todas las miradas se han vuelto sobre ellos a la espera de que sus jefes decidan dar el paso del relevo generacional. ¿Quiénes son? Y, sobre todo, ¿estarán a la altura?


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Le preguntaban hace unos días en Santander al presidente del BBVA, Francisco González, si la cúpula de las principales empresas del Ibex 35 debía tomar nota del mensaje lanzado por el rey Juan Carlos al dejar paso a su hijo Felipe VI. Su respuesta fue un escueto: “¿Usted qué cree?”. Palabras que pueden interpretarse de mil maneras, pero el pensamiento de que es la hora de la sucesión en el empresariado, la política y las instituciones más importantes del Estado se ha instalado en la sociedad… y parece que ha llegado para quedarse.

No es de extrañar. Si uno echa un vistazo al selectivo español, se encuentra con veteranos empresarios como Juan Miguel Villar Mir que, a sus 83 años, sigue al frente de OHL; José Lladó, que a sus 80 permanece en el día a día de Técnicas Reunidas; o con el propio Francisco González que, con 70, parece estar dispuesto a terminar el plazo que le permiten los estatutos hasta el 2019, o lo que es lo mismo, hasta los 75. En la otra cara de la moneda nos encontramos a Esther Alcocer Koplowitz, que con 41 años ya está al frente de FCC; o con Luis Maroto, presidente de Amadeus, que tiene 49. Si uno hace la media de los 35, salen 60,5 años.

Es la generación de Don Juan Carlos. Aquella que ha hecho que las empresas españolas estén donde están: presentes en todo el mundo, liderando sus sectores, generando retorno a sus accionistas y, ahora, deshojando la margarita sobre cuál debe ser su futuro. Y todo porque según Guido Stein, profesor de Dirección de Personas en el IESE, “el Rey ha pillado con el pie cambiado a todo el mundo. Por un lado, ha metido presión a los de su generación y, por el otro, ha puesto a los que están por debajo en el punto de mira. Ahora lo que hay que lograr es que el tiempo no nos coma, y se gobierne un verdadero proceso de sucesión que debe ser individual en cada empresa”.

¿Y a quiénes ha puesto en la posición de salida? Pues a nombres que, a lo mejor, no son los más conocidos para el gran público pero que ocupan desde hace tiempo la segunda línea en la parrilla: José María Álvarez-Pallete, Ángel Cano, Josu Jon Imaz, Francisco Reynés o Dimas Gimeno, entre otros muchos que se pueden ver en estas páginas.

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Una generación –que está entre los 40 y los 52 años- y que, como dice Stein, “habla idiomas, usa más tecnología, ha tenido una mejor formación, y ha podido viajar más por el extranjero que sus antecesores. Pero todo esto no te da el criterio a la hora de tomar decisiones. No perjudica, pero no es la fuente principal”.

¿Preparados? A tenor de sus currículos sí, pero “uno no puede hacer de presidente hasta que lo es, como mucho puede hacer planes”, dice el profesor del IESE. Añade, además, que “el conocimiento es importante, pero los partidos importantes no se juegan solo con él. Si no, los catedráticos serían los mejores empresarios, y no lo son”. Dentro de esa visión de futuro que deben empezar a adoptar, explica Isabel Iglesias, coautora de El dilema del directivo, “está la comunicación, que es la base de todo. Se tiende a comunicar datos, lo cual es necesario, pero el verdadero motor que nos impulsa son las emociones”. Daniel S. Reina, también escritor del citado libro, cree que para lograrlo “tendrán que crear el clima adecuado entre sus colaboradores para que se fomente el espíritu crítico hacia su gestión”.

Ahora bien, el papel que van a tener que desempeñar una vez que den el salto, si es que éste llega pronto, no va a ser fácil. La dimensión social de las empresas ha cambiado sustancialmente. “Son organismo vivos que tienen que conocerse”, mantiene Reina. Y, cada vez, tienden a ser más transparentes. Ése es precisamente uno de los grande retos que tienen por delante. “Disminuir la brecha entre lo que dice la alta dirección y lo que acaba haciendo, porque esto genera desconfianza”, sostiene Iglesias.

Para Stein es vital que esta nueva generación entienda algo que sus antecesores sí tienen claro: “Que sus puestos son de servicio. Sin embargo, parece que algunos todavía no se han dado cuenta de ello”. Es más, la preocupación por la cuenta de resultados es lógica y necesaria, pero no es suficiente. “La rentabilidad es la consecuencia de una buena estrategia, una buena comunicación y una buena ejecución”, añaden Reina e Iglesias. Y eso son habilidades de dirección que se pueden demostrar cuando se llega al puesto de máxima responsabilidad. “En el momento en el que se encuentren arriba se darán cuenta de que los problemas que antes no eran cosa suya, ahora sí lo son, y solo ellos podrán resolverlos”, manifiesta Stein.

Otro de los deberes que nuestros expertos ponen a esta nueva generación de empresarios radica en la curiosidad. “El ser capaces de interesarse por el talento interno de sus compañías, y ser capaces de poner en marcha aquellas iniciativas que los mandos intermedios identifiquen como útiles para la organización”, destaca Reina.

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Lo que no se puede saber, apostilla el profesor del IESE, es si se equivocarán más o menos que sus antecesores. “No se debe magnificar sus dotes, ya que muchos de ellos ya han tomado algunas decisiones que nos han traído a la crisis económica que estamos viviendo”.

¿Las quinielas? Como decíamos al principio, el mensaje lanzado por el Rey parece claro. Ahora queda que cada empresa decida su forma de sucesión y los plazos que le convienen. Algunos ya han dado pasos. Por ejemplo, Juan Miguel Villar Mir ha anunciado que será su hijo Juan Miguel quien le sustituya al frente de OHL cuando decida echarse a un lado. También Florentino Pérez ha confirmado que será Marcelino Fernández Verdes quien se ponga a los mandos de ACS. En el resto, el relevo no está tan claro.

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La lógica hace pensar que Ángel Cano, actual consejero delegado del BBVA será quien coja el testigo de Francisco González; que Dimas Gimeno tomará las riendas de El Corte Inglés en sustitución de su tío Isidoro Álvarez; y que José María Álvarez-Pallete dirigirá los destinos de Telefónica. Pero, como dicen algunas fuentes de fondos de inversión, estos años han sido algo extraños. La crisis económica ha obligado a que todo el mundo se haya estado quieto, buscando la seguridad de lo que ya conoce ante el temor de equivocarse y quedarse fuera de la foto. Sin embargo, ahora que la situación empieza a mejorar puede que empecemos a ver cambios de sillón que varíen el panorama. No solo eso –nos recuerdan- todavía no se sabe si veremos realmente un relevo generacional a corto plazo. Por eso hacer quinielas resulta complicado, tanto en plazos como en caras.

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