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Alvin Roth, Nobel de Economía en 2012: “La pobreza está a menudo relacionada con los fallos en los mercados”

Obtuvo el galardón de la Academia Sueca por investigar segmentos tan concretos como la donación de órganos, los colegios públicos o el mercado laboral de economistas y médicos.


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Cuando el sistema de un país o de un sector no funciona, se producen desigualdades e injusticias. Este brillante profesor de Stanford lo ha estudiado, y ha obtenido conclusiones reveladoras. Alvin Roth obtuvo el Premio Nobel por investigar segmentos tan concretos como la donación de órganos, los colegios públicos o el mercado laboral de economistas y médicos. Tras estudiarlos a fondo, él y su equipo descubrieron modos de mejorar su funcionamiento. Esta aplicación práctica de la economía a la vida real impactó a la Academia Sueca. Casi dos años después de aquello, continúa viajando mucho, como consecuencia de las numerosas invitaciones que recibe. Pero poco a poco va retomando su actividad normal, que sigue relacionada con los estudios microeconómicos que conduce. Hablar con él impresiona. Cuando uno tiene una entrevista con un premio Nobel, quizá espera encontrarse con un gran despacho y un recibimiento lleno de boato, con secretarias y asesores que reflejen la admiración por uno de los grandes genios de los últimos años. Sería lo normal en España, donde hay personajes de postín o con un cargo -por modesto que sea- que se vuelven locos cuando los adulan o se sienten protagonistas. Alvin Roth está bastante lejos de esos estereotipos. Cuando llego a su oficina, toco en la puerta, que está medio abierta, y le encuentro andando en una cinta transportadora. El médico le ha recomendado caminar para paliar sus problemas de espalda, y lo hace contemplando en unas pantallas la réplica del contenido que estudia en su ordenador. Nada de perder el tiempo. Nada de apariencias. Nada de darse importancia. Cuando me ve, deja su actividad y me saluda con una amplia sonrisa. Suele decirse que los sabios son personas humildes y cercanas, y él, desde luego, transmite ambas cosas. El encuentro tiene lugar en el espacio donde trabaja, más pequeño que una sala de estar estándar en España. En la Universidad de Stanford. Sentados ya en la mesa, este economista de 62 años reconoce que le sorprendió mucho recibir el Premio Nobel. “Aunque sabía que se hablaba de mí. No era imposible”, admite.

Usted es un experto en el diseño de mercados. En España tenemos un gran problema con un mercado que no funciona: el laboral. Tenemos casi un 25% de desempleo. Aunque obviamente no conoce nuestra realidad al detalle, ¿qué soluciones se le ocurren?
Cuando hay una recesión, hay menos actividad económica y menos trabajo. Pero incluso durante un período así, hay empresas que buscan empleados, y pueden encontrarlos, y trabajadores que buscan ocupación, y pueden hallarla. El ajuste entre ellos puede hacerse de un modo más eficaz. La pregunta es cómo conseguirlo. La primera respuesta es proporcionando información. Otra clave es la preparación: qué cualificación necesitan las personas para obtener los puestos disponibles. Algunas de estas tareas llevan tiempo. Parte de los estudios que he desarrollado han tenido que ver con mercados laborales específicos: economistas, médicos… Y la solución simplemente consiste en hacer que funcionen de un modo más eficaz. Un ejemplo: cuando nuestros estudiantes quieren hacer el doctorado, han de ser contratados por una universidad. El sector trata de facilitarlo convocando cada año una reunión en la primera semana de enero. Es un mercado laboral de economistas. Asiste mucha gente. La atracción consiste en que, si estás en un departamento de una universidad y quieres contratar, puedes entrevistar a muchos candidatos. En tres días puedes tener suficientes conversaciones para elegir. Si perteneces a un campus atractivo, como Harvard o Stanford, escoges a quien quieres. Pero si provienes de Pittsburgh –una excelente universidad donde yo trabajé antes de venir a Stanford– no puedes hacerlo. Si a Harvard o Stanford le gustaba el mismo candidato que a nosotros, nos quedábamos sin él. Una de las cosas que hice para ayudar al mercado es construir un mecanismo de señales. Es muy barato gracias a Internet. Podías pedir trabajo en cien lugares, pero enviar dos señales a la Asociación de Economistas Americanos con los dos que más te interesaban. Tratábamos así de coordinar a las universidades con el interés de los candidatos por ser entrevistados. Es un modo de descongestionar el mercado y evitar que se pierda gente. Tú puedes ser un tipo inteligente, al que nos gustaría contratar. Pero si no sabemos que estás interesado en nosotros, quizá no te entrevistemos: solo podemos hacer veinte o treinta entrevistas en tres días. Y si no hablamos contigo, no te contratamos, porque no te conocemos. Tratamos de hacer los mercados más eficientes para que este tipo de cosas ocurra menos a menudo. Reducir el coste de encontrar a los trabajadores apropiados es una buena cosa. Los gobiernos intentan hacerlo por medio de sus oficinas de desempleo, mostrando que tienen puestos disponibles. Podemos aprender a hacerlo mejor y antes, de modo que los estudiantes sepan qué formación elegir.
Esa es una de las lacras que tenemos en España. Los estudios superiores no están adaptados a las demandas del mercado laboral. Como consecuencia, nuestro paro juvenil rebasa el 50%. Muchos jóvenes se van porque no ven oportunidades. ¿Cómo se resuelve ese desafío?
Nosotros también tenemos problemas de ese estilo. Es difícil ajustar la educación a las necesidades del mercado de trabajo. Lleva tiempo. Una de las carreras más populares en Stanford es Computer Science –Informática–. Muchos de nuestros estudiantes acaban trabajando en buenas compañías, como Facebook o Twitter, o en otras de las que nunca hemos oído hablar, o de las que oiremos hablar mañana.
Aquí, en California, el diseño de las carreras funciona muy bien. Es una de las razones por las que las empresas vienen a Silicon Valley. Si estás aquí, puedes contratar al tipo de personas que trabajan aquí. Yo he dado clase en la Universidad de Pittsburgh durante muchos años. Está ubicada cerca del valle del río Ohio. Allí se ha producido mucho acero. Con el paso del tiempo, se demostró más eficiente transportarlo a través del océano que a través del río. Así que las acerías se movieron a Corea del Sur, donde el mar estaba más cerca. Se volvió más barato para los californianos obtener su acero de Corea que de Pittsburgh. Ahora la región se ha especializado en medicina e informática. En la Universidad de Pittsburgh se hacen muchos trasplantes. Y en Carnegie Mellon, la otra gran universidad de la zona, se ha erigido una gran escuela de informática. Google y Microsoft tienen mucha presencia allí. El cambio se llevó a una generación. Si tenías 50 años cuando las acerías cerraron, nunca volverías a tener un trabajo como ese. Pero si cuando cerraron las acerías estabas estudiando, entonces no había ningún problema. Podías cursar otras cosas y seguir viviendo en Pittsburgh, y desarrollar tu carrera. Pero realmente fue una disrupción. Para los mayores de 50 años –que vieron caer su industria– no fue fácil. Ahora necesitamos hacer mejores programas de protección social. En cambio, para quienes están estudiando hay que mejorar la educación. Tienen que aprender cosas nuevas.
Sin duda, son dos buenos ejemplos de reinvención. Una ciudad donde se acaba su negocio tradicional, como ocurre en ciudades españolas –o en el país, con la construcción–, y reacciona apoyándose en negocios que funcionan y en unos estudios que le suministran de personal. Habla de los mayores de 50 años, colectivo que también sufre en España, y para quien es necesaria la protección social. ¿Pero cómo sobrevive el resto de la población activa? ¿Por qué ustedes tienen menos problemas de ocupación que nosotros?
Estados Unidos es muy diferente a Europa porque todos hablamos la misma lengua. Aquí es posible moverte a distancias lejanas para obtener un trabajo. Cuando se empieza a trabajar en el desarrollo de petróleo de calidad en Dakota del Norte, se mueven allí los que trabajaban en esa área en Oklahoma. Y los empleados de la construcción en otra región, se van allí para hacer casas para los trabajadores del petróleo. Pero no todo el mundo puede hacer esto. Hay zonas de EEUU que tienen un paro mayor que otras, y otras en las que el desempleo es muy bajo. Realmente necesitan trabajadores de todo tipo y poder contratarlos.
Uno de los factores positivos del actual intento de dar a las personas seguros de salud que no estén relacionados con su puesto de trabajo, es que las hace más propensas a la movilidad. Una de las fricciones que había en el mercado americano era que muchas personas tenían su seguro gracias a su ocupación. Aunque tu empleo empezara a peligrar y temieras que tu compañía pudiera despedirte, eras reticente a dejarlo y buscar otro, porque ponías tu seguro en peligro. Eso ha cambiado ahora.
Desligar la sanidad del puesto de trabajo hará más fácil dejar un trabajo para irse a otro mejor, y crearemos empleo. Tenemos mucha movilidad laboral gracias a que hablamos una sola lengua en el país. Pero no somos completamente móviles. Otro asunto que nos ha frenado es que dejas a tu familia detrás. No a tu mujer y a tus hijos, pero sí a tus hermanos, tus primos… Cuando trabajas tus primos vienen a cenar a tu casa; cuando no lo tienes, ocurre lo contrario. Os cuidáis mutuamente. Pero si te mueves a Dakota del Norte y la cosa no va bien, ¿quién se ocupa de ti? Una de las utilidades de los programas de protección social es que facilitan la movilidad de la gente.
Entre los fallos actuales del mercado de trabajo, y especialmente de los salarios, muchos hablan de la desigualdad. Crece la diferencia entre ricos y pobres. ¿Qué opina de esta cuestión?
Es un tema importante que no entendemos bien. Estoy seguro de que algunos tipos de desigualdad molestan más que otros. Bill Gates creó la mayoría del software que uso. A nadie le importa que él sea muy rico. Está bien. Muchos de los chicos que trabajan en startups quieren ser como él. Es algo positivo para la economía y para todos. Algunos de los tipos con armas en Siria son muy ricos. Dominan el país. Incluso un Estado pobre puede hacerte rico. Eso no está bien: están robando a su país. Cuando hablamos de la reforma financiera en Estados Unidos, tratamos un asunto parecido. Si piensas que los hedge funds nos hacen ricos a todos, está bien. Pero si estimas que están captando demasiado de los recursos comunes y que están recompensando excesivamente a muy poca gente, quizá pienses que ese no es el modo en el que deberíamos organizar nuestra economía. Lo que nos preocupa en torno a los hedge funds que generan miles de millones de dólares cada año es que no estamos seguros de lo que contribuyen a la economía. Podría ser que fueran ricos porque los impuestos se lo permiten de un modo que no se lo permiten a otros. La cuestión tiene interés. ¿Cómo deberían tasarse? Las firmas financieras desarrollan prácticas que se traducen en muchas desigualdades salariales. Cambiaremos algunas regulaciones de nuestra industria financiera. Pero espero que no se frene que gente como Bill Gates se enriquezca. Nos enriquecen a todos.
El libro de Thomas Piketty, ‘El capital en el siglo XXI’, ha sido muy polémico a nivel global, y habla de este tema. ¿Qué piensa de él?
No soy un especialista en macroeconomía. No lo he leído. No debería hablar de él. Es difícil entender el flujo de la economía global. Él está intentando algo complejo. No sorprende que las respuestas que se obtienen de este tipo de cuestiones nos produzcan menos confianza que las que conseguimos de mercados tan concretos como los riñones. Está bien que haya personas que traten de entender la economía global, pero es que es muy grande. Hay partes de ella que no son tan fiables como otras. Cuanto más amplia sea la pregunta que te hagas, más difícil tendrás estar seguro de la respuesta.
Es decir: que compensa ser más pragmático. En lugar de hacer grandes discursos, abordar temas concretos y dar soluciones específicas, como usted ha hecho con sus estudios. ¿Cómo se aplicaría este pensamiento a la lucha contra la pobreza?
Mucha de nuestra prosperidad viene de mercados que funcionan bien. Una de las medidas que los países pobres pueden intentar hacer es mejorar sus mercados, y una de las cosas que las economías desarrolladas hacen es intentar integrar más a los pobres. Hay una famosa historia sobre pescadores indios, y cómo les afectó que les dieran teléfonos. Cuando no los tenían, acudían a la costa y algunas personas les compraban sus productos. Pero cuando no sabes qué precios hay en la ciudad o dónde debes situarte para vender tu pescado… Cuando tienes un teléfono, sin embargo, puedes saber cuáles son los precios. Entonces estás más integrado en el mercado y puedes tomar mejores decisiones. En muchos casos, tan solo conectar a las personas con la economía es ya una buena medida. Solo los muy pobres no tienen conexión con la economía. Los agricultores de subsistencia hacen crecer su propia comida y se la comen. Nosotros no. Tampoco fabricamos nuestra ropa: la compramos. Vendemos nuestros servicios. Creo que la pobreza está a menudo relacionada con los fallos de los mercados. Por eso su diseño da alguna esperanza en ese terreno. Cualquier mercado tiene que ser diseñado. Etiopía es un país pobre. Uno de sus cultivos es el café. Ha sido siempre muy difícil comprarlo. Si formabas parte de una gran cadena de café como Starbucks y querías comprar café etíope, tenías que mandar a alguien allí para que probara el producto y comprobara que era bueno. Ahora hay un mercado que califica su calidad. Esto se traduce en que tienen un producto de mayor categoría. Una de las cosas que se ve hoy en día en Etiopía es que no solo es más fácil comprarles café, aunque se esté lejos de ellos. También es más sencillo para los agricultores ser pagados por haber hecho el esfuerzo de fabricar un buen café. Esto es algo bueno para un país pobre. Y tiene que ver con los mercados, y con diseñarlos bien.
A veces se plantea si los países desarrollados podrían hacer algo más. ¿A usted qué le parece?
Hay que diferenciar entre ayudar a Estados pobres y ayudar a refugiados. Éstos son una emergencia. Hay un millón de personas saliendo de Siria y tienes que construir lavabos, traer comida y ubicarlos en un lugar seguro. No es fácil, pero lo que tienes que hacer es gastar dinero. Traer casas prefabricadas en aviones, comida, combustible, etc. No es el modo de hacer a los países más ricos. No sabemos cómo hacerlo. Conocemos cómo rescatar a la gente del hambre. Lo estamos haciendo bien a la hora de conseguir que no comiencen o se contagien de epidemias terribles, o de difteria. Pero hacerlos más ricos… No solo la República Centroafricana es pobre. También lo es Siria ahora. Están destruyendo su economía con la guerra civil que están manteniendo.
¿Qué le parece que se está haciendo bien?
Las enfermedades son uno de los factores que empobrece a las personas. Por eso es bueno acabar con la malaria, la polio, etc. En esta línea, creo que la Fundación Bill Gates está haciendo un buen trabajo. Actuar de este modo es más eficaz para las personas que enviar la ayuda a los responsables del país. La corrupción lo absorbe todo. Si vives en un lugar en donde hay una guerra civil, los que llevan las armas se quedarán con la ayuda. Amartya Sen, colega mío en Harvard, ganó el Premio Nobel de Economía por estudiar el hambre. Solía pensarse que el hambre se producía en lugares donde no había suficiente comida. Pero él se dio cuenta de que había hambre en muchos lugares en donde la comida se exportaba. Entonces entendió que el problema no era la escasez, sino que había personas que habían perdido su derecho a alimentarse. Uno de los lugares donde lo comprobó fue en Irlanda. La carne de vaca se exportaba a Inglaterra durante la crisis de las patatas –mucha gente murió en 1850 por una enfermedad relacionada con este cultivo, y otros tuvieron que dejar el país–. ¿Por qué? Si tenías una vaca, querías venderla. ¿Quién podía comprarla? Alguien que pudiera llevarla a Inglaterra, donde había dinero y podían adquirirla. El problema no era que no hubiera comida: consistía en que había personas que no podían obtenerla. Es bueno traer comida y darla a la gente que lo necesita, pero eso no resuelve los problemas de los países.
Es duro ver cómo tus propios compatriotas piensan antes en el bolsillo que en las necesidades de los que tienen cerca. ¿Es un problema de educación?
Hay que trabajar en ella a largo plazo, pero también en la paz. El problema de Siria no es la educación: son las armas. En Oriente Medio hay muchos países potencialmente ricos que se desmoronan. Irak exporta petróleo, pero la economía y el país están sufriendo debido a la guerra civil. Tener recursos no es suficiente.
La avaricia es a menudo la que está detrás de los problemas de estos países. También de la crisis financiera que arrancó en Estados Unidos. ¿Cómo ve la situación de los mercados años después de las turbulencias?
Algunas de nuestras instituciones bursátiles surgieron antes de la llegada de la informática a la inversión. Algunas de ellas ya no están adaptadas al mercado. Por ejemplo, New York Stock Exchange era una parte gigantesca del mercado de valores americano, y ahora es mucho más pequeña. Mucha de la inversión se hace de muchos otros modos. Como hemos tenido diferentes tipos de crisis, hemos aprendido a regular mejor los mercados. Piense en la crisis financiera de hace unos años. O en la acaecida en la Gran Depresión, cuando muchos bancos quebraron. Aprendimos a regular los bancos. Si querías ser un banco, debías tener una cierta cantidad de reservas y cumplir otros requisitos. Lo mismo ocurría con las compañías de seguros. Han de estar reguladas. Sabemos que ingresan dinero constantemente, pero también que tienen que pagar mucho algunas veces. Por eso su dinero ha de estar guardado. Pero ahora, muchas compañías hacen banca o seguros sin llamarse bancos o aseguradoras. Muchas de ellas no están reguladas del modo que lo están las que sí lo son. Está bien que se inventen nuevos instrumentos financieros, pero hay que darles una regulación que asegure su fiabilidad. No es sorprendente que haya crisis de vez en cuando. Cuando yo era joven, había una ley que prohibía a los bancos tener oficinas en distintos estados. No teníamos grandes entidades, y eso no era bueno. Es positivo que sean grandes, aunque también pueden traerte problemas. Es natural que los nuevos inventos de los mercados traigan nuevas regulaciones al cabo de un tiempo. Están emergiendo muchas preguntas interesantes en torno al diseño de los mercados financieros debido al creciente uso de la informática en la inversión. Se invierte con mayor rapidez, y la cuestión es saber cómo pueden reaccionar a ello los inversores. Es una pregunta importante de cara a los próximos años.
Como profesor universitario, quizá le preocupen los problemas que están teniendo los estudiantes en EEUU para devolver los préstamos con los que financian sus estudios. ¿Cómo ve la situación de la universidad?
En Estados Unidos solíamos ver las universidades como una de las grandes máquinas de la movilidad social. Piense en nosotros como una nación de inmigrantes. Mis abuelos vinieron de Rusia y eran sastres. Mis padres fueron a la universidad y ejercieron como profesores de instituto. Yo hice el doctorado y ahora soy profesor de universidad. Esta era la clásica historia que nos gustaba contar. Ahora nos preocupa que esto cada vez ocurre menos. En lugar de ser máquinas de movilidad social, las universidades se están convirtiendo en lugares donde las clases bien educadas transmiten su herencia a sus hijos. El problema va más allá de tener o no dinero. Una vez que alguien es admitido en Harvard o Stanford, el dinero no es un inconveniente. El problema es que hay muy pocas familias con ingresos de 50.000 dólares al año que puedan conseguir para sus hijos una educación suficiente que luego les permita ir a Harvard o Stanford. Tenemos un problema que aún no hemos resuelto: cómo conseguir que vengan a la universidad chicos con talento de todas las esferas de la sociedad y puedan de este modo obtener la educación adecuada. Si tus padres no han ido a la universidad, es más difícil que tú lo hagas. Si vives en una comunidad donde todo el mundo va a la universidad, sabes a qué colegios has de ir, qué cursos has de hacer… Es un recorrido completo.
Concluida la entrevista, Alvin Roth me despide con la misma amabilidad con que me recibió. Pero sus reflexiones nos dejan muchas incógnitas en torno a nuestro país. ¿Estamos pendientes de buscar y aplicar soluciones pragmáticas como la de los pescadores indios? ¿Se trabaja en España en la reinvención del futuro como se hizo en Pittsburgh? ¿Se hace algo para mejorar el funcionamiento del mercado de trabajo como se procuró entre los economistas americanos? ¿Cuáles son los fallos del mercado que impiden que nuestro país despegue? ¿Es el Estado? ¿El suelo? ¿La corrupción? Más nos vale descubrirlo y poner en marcha el remedio. Si siguiéramos la metodología de Alvin Roth, habría que sentarse a estudiar nuestro mercado, pensar soluciones concretas y efectivas para el bien de las personas y ponerlas en marcha. Como él dice, eso lleva tiempo. Y trabajo. Así de sencillo y de complicado. Por eso a él le dieron el Premio Nobel.



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