Quiénes somos

Una revista diferente:

Filosofía

Contacto

c/Velázquez 105, 4ª planta
28006 Madrid
Tel.: 911 123 615 - Fax: 902 93 32 41


Por qué rechacé acudir a las reuniones sobre ‘derecho al olvido’ de Google


Share   

Por

A principios de mes, en un fugaz instante de optimismo desenfrenado, escribí un correo electrónico a un ejecutivo destacado de Google para preguntarle si podía formar parte de un comité de expertos para las reuniones que la compañía está celebrando actualmente por Europa con el objetivo de debatir acerca de un principio legal denominado el Derecho al olvido (RTBF, por sus siglas en inglés).

Google organizó hábilmente estas reuniones en respuesta a un sentencia reciente del Tribunal de Justicia Europeo que define el derecho de los ciudadanos, en circunstancias muy concretas, de limitar el acceso a información online que les concierna. Dentro de este reducido espectro, los ciudadanos pueden solicitar que se deshabiliten enlaces a contenido personal inapropiado, inadecuado, excesivo, irrelevante o desfasado (con sujeción a una serie de comprobaciones de interés público).

Incluso antes de la sentencia, Google se opuso con vehemencia al RTBF, abiertamente por razones prácticas y de principios, y más sutilmente por motivos de costes para la compañía.

Sin embargo, el “principio” defendido por Google es casi exclusivamente un derecho de libre publicación, no el derecho a la privacidad. Sin embargo, el tribunal habló de congruencia de los dos derechos. Por tanto, la postura hostil adoptada por la compañía y por numerosas organizaciones de medios es demasiado simplista. Se trata de una compleja ecuación en la que debe protegerse la interacción entre ambos derechos.

En tales circunstancias, pensé que Google valoraría la importancia de contar conmigo como un invitado experto en privacidad. Después de todo, parece que no le está resultado sencillo encontrar personas con este tipo de perfil, dado el predominio de abogados especialistas en libertad de prensa e innovación en estos comités.

Por desgracia, no fue así. El gigante publicitario no tardó más de veinte minutos en rechazar mi propuesta. Decisión que tampoco me sorprendió. Recientemente comenté en Bloomberg News que estas reuniones “están a medio camino entre una práctica de lobby y un descarado truco publicitario”. Si bien hay dos o tres mentes abiertas en el grupo asesor de la compañía que supervisan las reuniones, el proceso está fundamentalmente sesgado en contra de la privacidad y en favor del derecho a la libre publicación.

Incluso los activistas anti censura están de acuerdo en que Google ha malinterpretado la sentencia del Tribunal Europeo. El material no se eliminará ni se censurará, solo se ‘desindexará’ parcialmente a nivel regional de conformidad con la ley actual de protección de datos e, incluso entonces, únicamente en circunstancias excepcionales. Google ya suprime millones de páginas sin el nivel de responsabilidad y el proceso requeridos en virtud de las disposiciones del RTBF.

Por otro lado, esta decisión repercutiría mínimamente sobre el modelo de negocio de Google. Pero incluso aunque los costes constituyeran un factor significativo, Google debería respetar el Estado de Derecho y aceptar sus condiciones que le permitan operar en Europa.

No debería dejar de preocuparnos que los acontecimientos se vean tan fuertemente influenciados. En lugar de estar abiertos a foros de consulta pública, Google ha solicitado a los participantes que registren previamente sus argumentos con semanas de antelación. Este modelo es insostenible e incorrecto.

La primera de las reuniones, celebrada en Madrid la semana pasada, hizo saltar las alarmas de algunos observadores. Hubo poca o ninguna consulta durante el proceso. En su lugar, la compañía eligió un modelo de análisis cruzado en el que el principal grupo asesor preguntó a expertos seleccionados previamente. El público sirvió para poco más que para actuar como telón de fondo ante las cámaras.

La selección de los expertos también levantó alguna duda acerca de la integridad de estas reuniones. El evento de Roma, que tuvo lugar al día siguiente, contó con la presencia de ocho expertos, la mayoría de ellos con trayectoria previa en asuntos de libertad de prensa e innovación, más que en materia de privacidad. El comité no contó con la participación de ninguna ONG dedicada a la defensa de derechos o de la privacidad.

No está claro siquiera que estas reuniones sean una buena idea desde un punto de vista táctico. Los acontecimientos ya han empezado a molestar a los reguladores europeos para la privacidad. Isabelle Falque-Pierrotin, directora del órgano supervisor de la privacidad en Francia y del WP29, grupo de autoridades para la protección de datos nacionales en la UE, manifestó a Reuters su escepticismo acerca de la iniciativa de Google, que describió como parte de una “guerra de relaciones públicas” en un asunto importante para la estrategia de negocio de la compañía.

“Google trata de establecer los términos del debate”, afirmó. “Quieren mostrar una imagen de apertura de mente y virtuosismo, pero ellos mismos eligieron a los miembros del consejo, que controla quién forma parte del público y qué se habla en las reuniones”.

Es muy posible que Google pronosticara estas acusaciones, lo que en parte explicaría la solemnidad de los procedimientos, buena parte de los cuales se asemejan a audiencias parlamentarias.Pero no se trata de audiencias parlamentarias; se trata de espectáculos de lobby partidistas por parte de una compañía internacional de éxito con unos antecedentes desastrosos en materia de privacidad.

Pero lo que es más importante, la estrategia de Google no consiste en tratar de interferir en una decisión política (que algunas personas podrían considerar como vía libre para tal ejercicio de presión) sino en desestabilizar un dictamen del máximo tribunal Europeo que ratifica derechos legales para los ciudadanos. Hay algo de siniestro en este modus operandi.

En conjunto, estos temas resultan muy preocupantes. He reflexionado muy mucho acerca de si debería asistir a alguna de las reuniones y he llegado a la conclusión de que mi presencia como espectador pasivo supondría una ofensa para la defensa de la privacidad.

Google sugirió que igual podría ser considerado como futuro candidato para un evento en calidad de experto, pero no gracias. Este proceso es demasiado comprometido y está demasiado contaminado para llegar a buen puerto. Sobre la base de las tácticas actuales de Google, aconsejo a cualquiera que se preocupe acerca de la privacidad que no honre estas reuniones con su presencia.



ÍNDICE




El medio de la generación multimedia

Siguenos también en: · Facebook · Twitter



Copyright © capital.es. Todos los derechos reservados | Política de privacidad y protección de datos | Aviso legal