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Tim Bennet: “El acuerdo creará más empleo en EEUU y la UE”

EL CEO del Trans-Stlantic Business Council es uno de los expertos más destacados en el ámbito del comercio internacional. En la actualidad está inmerso en el denominado TTIP, un tratado que, de llevarse a buen puerto, podría derivar en la zona de libre comercio más grande del mundo.


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El conocido como TTIP (Tratado de Libre Comercio entre Europa y Estados Unidos) es un ambicioso acuerdo comercial y de inversión entre Estados Unidos y los 27 países de la Unión Europea que se está negociando desde febrero de 2013. Dos economías que, a escala global, representan casi el 50% del PIB y el 40% del poder adquisitivo mundial. Su objetivo es el de promover la competitividad, el crecimiento y el empleo en ambas zonas y, su posible rúbrica, según diferentes estimaciones, conllevaría un aumento en más de 180.000 millones de euros de las exportaciones y crear alrededor de medio millón de empleos durante el próximo lustro. ¿Para España? Elevaría el PIB hasta el 6,6% y propiciaría la creación de 143.000 puestos de trabajo. Con el fin de analizar en qué punto se encuentran las negociaciones y saber cuáles son las perspectivas de futuro de la que podría ser la zona de libre comercio más grande del planeta, nos recibe en la madrileña Casa de América Tim Bennet. CEO del Trans-Atlantic Business Council, una asociación de negocios multisectorial que aglutina a más de setenta compañías de Europa y Estados Unidos. Se trata de una de las voces más relevantes en este particular toma y daca.

¿En qué punto están las negociaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea?

Estamos justo en medio. Llevamos algo más de un año y queda otro más de negociaciones técnicas antes de poder tener un texto negociado. Luego ese texto tendrá que ser traducido a un documento legal que será enviado al Parlamento Europeo y al Congreso norteamericano para que sea debatido y, esperemos, aprobado. Creemos que ese debate empezará a principio de 2016, y confiamos en que la negociación concluya al finalizar la primavera de ese mismo año.

¿Son estas las negociaciones más duras de su carrera?

Sí, porque son exhaustivas ya que entran en el campo de las regulaciones nacionales. No solo estamos tratando cuestiones froTimBennet2nterizas, o los problemas comerciales que hemos tenido en los últimos 20 años como, por ejemplo, el comercio de servicios o la protección de la propiedad intelectual. También ajustamos cuestiones que tienen que ver con regulaciones de inversiones, el flujo de datos a través de las fronteras, privacidad de datos…

¿Cuál es el objetivo clave para ambas partes?

Reducir tantas barreras como sean posibles. Es el caso de la eliminación de todos los aranceles, o la supresión de regulaciones que están duplicadas en determinados sectores. También llegar a un acuerdo para que, en el futuro, se puedan desarrollar regulaciones sin tener antes que hacer consultas bilaterales o, por lo menos, tener en cuenta el impacto que esa nueva regulación tendrá a nivel transatlantico.

¿Qué posturas defienden con más fuerza tanto EEUU como la UE?

Lo más difícil para EEUU es cambiar la mentalidad de sus reguladores a la hora de desarrollar nueva normativa porque su mandato legal es tener un enfoque puramente nacional. Por eso, lo que están intentando hacer los negociadores del tratado es llegar a una perspectiva transatlantica en el momento de desarrollar la legislación. Mientras que para la UE la cuestión más problemática tiene que ver con productos alimentarios y agrícolas. También añadiría que la cuestión de servicios financieros ha sido un tema que EEUU no ha incluido hasta ahora, aunque la UE sigue insistiendo en hacerlo. Nuestra organización apoya la postura de la UE.

¿Es usted optimista y cree que al final se llegará a un acuerdo?

Sí, lo soy. En las principales negociaciones comerciales existen diferentes fases. Al principio, la emoción. Luego se entra en todos los detalles y se ven todos los problemas, buscando cada parte los máximos retornos para su postura. Es algo así como una fase oscura, donde la gente está muy preocupada y piensa que nunca se llegará a un acuerdo. Ahí es donde estamos ahora mismo. Y luego ya empezamos a avanzar, a intercambiar detalles, y a sugerir textos, acercándonos al acuerdo. Eso es lo que se va a hacer en los próximos doce meses. Por motivos de estímulo económico, por el desafío competitivo que representa China, y por la necesidad de fortalecer la relación política entre EEUU y la UE, el acuerdo tendrá éxito.

Hablando de China, ¿cómo reaccionará ante ese posible acuerdo? ¿Buscará alianzas similares?

China está viviendo muy de cerca las negociaciones del TTIP. China también está excluida de las negociaciones que llamamos TTP, que es la asociación transpacifico, algo parecido al TTIP entre los Estados Unidos y once países del Pacífico. De momento ha respondido queriendo un pacto de libre comercio con Japón y Corea del Sur. Además cuando el primer ministro de China visitó Bruselas en marzo, ambas partes acordaron iniciar negociaciones para un acuerdo de libre comercio.

¿Será China un globo que acabará desinflándose lentamente?

China seguirá progresando muy poco por la lenta mejora de sus socios comerciales y porque tendrá que hacer frente al desafío de los costes del rápido crecimiento. Esto significa que tiene que empezar a pagar por la contaminación de sus aguas, del aire, condiciones inseguras de trabajo en sus fábricas, y una mayor demanda por parte de la creciente clase media. Todas estas cosas juntas están aumentando los costes de explotación y de fabricación en China.

¿Podría negociarse un compromiso parecido con Rusia?

Nadie está queriendo negociar un acuerdo de este tipo con Rusia por dos motivos: uno, su base de exportaciones es muy pequeña. Solo es petróleo, gas y productos militares. Y, dos, Rusia entró en la Organización Mundial del Comercio (OMC) hace dos años, más o menos, y no está cumpliendo con sus obligaciones, lo que afecta a sus negociaciones con Estados Unidos, la UE y otros países. Hay mucho escepticismo sobre su voluntad al respecto. Empujó y presionó para hacerse miembro de la OMC solo porque quería ser reconocido como una potencia internacional.

¿Y el resto de los países BRIC’s, es decir, Sudáfrica, Brasil e India?

En conjunto, los BRICS están decepcionando en cuanto a crecimiento económico. Tuvieron un rápido desarrollo inicial, y ahora todos ellos tienen problemas económicos. La tasa de paro en Sudáfrica, por ejemplo, es del 50% y su crecimiento económico es bajísimo. Respecto a India, su reforma económica parece que va hacia atrás al aumentar el proteccionismo. ¿Cambiará esto con el nuevo gobierno? No lo sabemos todavía. Por último, Brasil. Gran parte de su fuerte crecimiento económico en la última década se ha basado en la exportación de comodities a China. Con la ralentización del crecimiento en China, sus exportaciones han disminuido. Así que todos los países BRICS se están enfrentando ahora a grandes desafíos económicos, al igual que los países desarrollados.

¿Qué beneficios tendrá para Estados Unidos y la UE la firma del acuerdo?

Principalmente, dos: la reducción de barreras para el comercio, que es un incentivo para una mayor inversión; y un aspecto más bien psicológico. Si ambas partes tienen éxito, y llegan a este acuerdo, sería una señal importantísima de su capacidad de trabajar juntos y de coordinar las cuestiones políticas. También afectaría a áreas no económicas. Por ejemplo, mejoraría su capacidad de trabajar conjuntamente en conflictos como Oriente Medio.

El ciudadano de a pie lo que se pregunta es si reducirá el desempleo…

Sí. No hay muchas políticas macroeconómicas que EEUU o la UE tengan a mano y que no hayan puesto en práctica ya durante los últimos seis años. Por ese motivo es tan importante este acuerdo, porque se trata de la última herramienta de política macroeconómica importante que pueden utilizar para crear un mayor crecimiento económico y, por tanto, empleo. Pero es importante no exagerar las ventajas. Sabemos que cuando aumenta el comercio crece el PIB. Pero no es la solución total al enorme problema de paro que existe en Estados Unidos y la UE.

Pero los críticos con el TTIP dicen que no será así, sino que se perderán derechos laborales, incluso el derecho a la huelga. Y que abrirá la puerta de los transgénicos a Europa, por ejemplo.

Es absolutamente falso. No va a haber ninguna disposición en este acuerdo que socave ninguna forma de protección de los trabajadores, de sus derechos, o relacionada con la protección medioambiental. Ni siquiera va a afectar a la seguridad de los consumidores. Eso es falso. A mí me resulta extraordinario que hayan hecho estas alegaciones cuando ambas partes están ahora mismo preparándose para empezar a intercambiar textos.

¿La firma sería el fin de la crisis para ambas partes?

No. Los desafíos para el futuro crecimiento son globales e incluyen cuestiones que son muy difíciles de responder con una política económica. Me estoy refiriendo, sobre todo, a los cambios tecnológicos. La tecnología ha avanzando hasta tal punto que, en este momento, elimina más trabajos de los que crea. Y los acuerdos comerciales eso no lo pueden cambiar. Pero el acuerdo comercial si que va a crear más trabajos en EEUU y la UE que los que se desarrollarían sin él. Por este motivo, los gobiernos tienen la responsabilidad de asegurarse de que el pacto tenga éxito.



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