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José Rolando Álvarez: “Los empresarios hemos dado la vuelta a la economía del país”


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Con más de 11.000 empleados, de los que 7.000 son mujeres, Grupo Norte comenzó siendo una pequeña empresa familiar, allá por 1972, dedicada a prestar servicios de limpieza. No fue hasta 1996 cuando José Rolando Álvarez se hizo con las riendas del mismo, ampliando su cartera (seguridad, recursos humanos, externalización…) y dando el salto al exterior (están presentes en Chile desde 2001, y acaban de desembarcar en Perú). Una larga trayectoria en la que no han faltado baches como, por ejemplo, a principios de la década de los 90 del pasado siglo XX. Entonces, y con la finalidad de encontrar una solución a una época de vacas flacas, llamó a la puerta de un consultor argentino. Y la respuesta fue como un gancho de derechas a la mandíbula. El problema de que la empresa no creciera… ¡era él! “De aquello aprendí a delegar. O hacía equipo, o mis propias limitaciones serían las mismas de la empresa”, confiesa.

¿Tan difícil es dar este paso?

Muchos directivos familiares de empresas medianas pensamos que todo tiene que pasar por nuestras manos. Quizás, al principio, tiene que ser así para que la compañía tenga energía, fuerza y pueda crecer. Pero ese esfuerzo acaba teniendo vida propia y, una vez que la posee, es imposible abarcar todas las dificultades y necesidades del negocio.

¿Por qué fracasan las empresas familiares?joserolandoalvarez

Por la falta de equipo, por no sabe delegar, y por hacer mal las transiciones generacionales. Los puestos directivos de una empresa, sea familiar o no, deben estar ocupados siempre por los mejores, sean o no hijos del dueño. Si lo son, por supuesto que deben sentarse en ese puesto. A mis hijos les enseño que sean propietarios y responsables de Grupo Norte, las dos cosas. También les digo que el grupo no les necesita, que funciona gracias a un equipo de profesionales maravilloso, extraordinario, y que si ellos deciden incorporarse, yo se lo agradezco. Pero por ellos mismos, no por petición mía, o por mi imposición.

¿El error de muchas empresas ha sido allanar demasiado el camino a las nuevas generaciones? ¿Deberían éstas haberse ganado el puesto más con el sudor de la frente?

Claro. Es lo que estoy haciendo con mi hijo mayor. Licenciado en Derecho, ha sacado unas notas extraordinarias, ha trabajado en tres de los grandes despachos de abogados de nuestro país en Madrid, y tiene una experiencia jurídica extraordinaria. Aun así, lo que no puede ser es que se incorpore al grupo solo por ser el hijo del dueño y sin haber demostrado nada a la organización, aunque fuera sí lo ha hecho. Porque la legitimidad y el liderazgo no se otorga, se conquista. Por eso, mis hijos serán líderes en la empresa cuando la misma los reconozca como tales.

¿La sociedad española, en general, es injusta con los empresarios?

Profundamente. Y ahora más que nunca. Porque las familias emprendedoras en este país han dado un ejemplo al mundo rehaciendo la economía española en tiempo récord. Estamos teniendo cifras de comercio exterior potentísimas, equilibrio de la balanza de pagos… y eso lo han hecho decenas y centenares de miles de pequeñas pymes que no solo han cogido su maleta y su producto y se han ido al mundo a venderlo sino que, en infinidad de casos, han puesto su patrimonio personal para salvar su empresa y, con ello, los empleos. Ellos son los que mantienen al país en pie.

Entonces, ¿por qué se les sigue viendo como un ogro explotador?

La inmensa mayoría de los empresarios de nuestro país son gente seria, sensata, honrada y trabajadora. Y están haciendo lo mejor que pueden y saben para sacar adelante su empresa. Con ello no quiero decir que no pueda haber otros que sean insensatos. A esos lo que hay que hacer es aplicarles las leyes.

Preguntado sobjralvarezre si ser emprendedor en España es una moda, una necesidad, o un suicidio, y tras un breve periodo de reflexión, una sonrisa aflora en su rostro para, finalmente, optar por decir que es una necesidad. “Hay muchísimas personas que, ante la falta evidente de empleo por cuenta ajena, tratan de encontrar un proyecto empresarial en el que autoemplearse. Y creo que eso es muy bueno”. Eso sí, se muesta tajante al afirmar que “el emprendimiento no va a acabar con el desempleo en nuestro país aunque es evidente que es una pata más de la salida de la crisis. Y, en ningún caso, es un suicidio”.

¿Qué necesitan estas personas para hacer realidad su proyecto?

Más ayudas, sobre todo financieras. Hablo de ese primer microcredito, esos primeros 20.000 ó 30.000 euros, que no les haga hipotecar su casa. Cualquier ser humano que sueña con un proyecto empresarial, y que cree en si mismo, debería intentarlo. Y si fracasa, pues no pasa nada. Éxito y fracaso siempre van juntos, porque la diferencia entre uno y otro es muy pequeña. El triunfo es intentarlo. Nunca se fracasa cuando se prueba.

¿Sobre qué pilares debe asentar su trabajo?

Siempre debe tener claro que debe poner el foco en el cliente. En las empresas muchas veces tenemos la tentación de pensar solo en nosotros, en nuestros problemas, en cómo queremos abordar al cliente… y nadie piensa en cómo nos ve él. Ese es el gran reto. Una empresa que no llega a sus clientes acaba mal.

¿Son conscientes de que su mercado es global? ¿O siguen aferrados al terruño?

Evidentemente, cuando hablamos de pymes lo hacemos de un mercado pegado al terruño. Conocen muy bien la realidad local y, por lo tanto, tienen una altísima capacidad de adaptación, manteniendo el empleo. Pero también hay otra inmensa mayoría que han visto cómo su mercado local ha desaparecido y han tenido que buscar fuera de España. Gracias al sector exterior hemos dado la vuelta a la economía de nuestro país y eso lo hemos hecho los empresarios, no ninguna administración, ni ninguna institución. Centenares y miles que han decidido que el mundo es su mercado.

¿Es el emprendimiento la base del estado del bienestar?

La base es la productividad. No se puede mantener ningún sistema de bienestar con un nivel bajo de productividad.

 



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