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Ciudades corporativas: Trabajando en un resort


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Restaurantes temáticos, aparcamientos inmensos, gimnasios, tiendas de artículos de conveniencia, tintorerías, clínicas, bancos, farmacias, ópticas, peluquerías, venta y reparación de móviles, campo de golf, grandes almacenes, escuelas, guarderías, gigantescas zonas verdes… ¿Una ciudad de vacaciones o un resort donde disfrutar con la familia? Frío, frío… Aunque sorprenda, este tipo de servicios son con los que se encuentran cada día los trabajadores de empresas como Telefónica, BBVA, Santander, Repsol o Vodafone, cuando acuden a su puesto de trabajo.

Futura sede del BBVA.

Futura sede del BBVA

Señoras y señores. ¡Bienvenidos a la nueva era de las oficinas! Una época donde las ciudades empresariales marcan su ley, sobre todo en Madrid. Actualmente más de tres millones de metros cuadrados de terreno concentran los cuarteles generales de las mayores empresas del Ibex35. A ellos acuden cada día unos 25.000 empleados, que ya se han acostumbrado al cambio que supone dejar los vetustos edificios del centro de la ciudad por los ultramodernos complejos situados en las afueras. La empresa pionera en la construcción de estos, podríamos decir, balnearios para trabajar fue el Santander. En 2004, el banco de Emilio Botín levantó en la localidad madrileña de Boadilla del Monte su famosa Ciudad Financiera, que ocupa 250 hectáreas. Está compuesta de nueve edificios de oficinas y una amplia oferta de servicios para los casi 7.000 empleados que cada día acuden al lugar.

En 2011 abrió sus puertas el Distrito C de Telefónica, cuyos 380.000 metros cuadrados, de los que 140.000 son edificios, dan cabida a 14.000 personas, entre plantilla y visitantes. La operadora invirtió más de 500 millones de euros en este proyecto situado en el barrio de Las Tablas (Madrid). A escasos kilómetros del mismo, se encuentra el último en llegar: la Ciudad Financiera del BBVA. Presidida por la silueta de La Vela (un rascacielos emblemático con 19 pisos y 93 metros de altura), la nueva oficina de la entidad comandada por Francisco González ocupa un espacio de 114.000 metros cuadrados y concentra a cerca de 7.000 empleados. ¿Inversión? Más de 620 millones de euros. “El traslado nace como un proyecto inmobiliario para conseguir una mayor eficiencia en los costes de los diferentes edificios de BBVA en Madrid, pero a su vez supone una mejora en la eficiencia de nuestros profesionales, ya que evita los desplazamientos constantes”, reconoce Susana López, directora del Proyecto Arte-Nueva Sede de BBVA.

Campus Repsol

Campus Repsol

Moderno pero céntrico. Los dos últimos ejemplos emblemáticos construidos en los últimos años tienen algunas peculiaridades. Nos referimos a los complejos de Repsol y Vodafone. Empecemos por la petrolera presidida por Antonio Brufau. La principal diferencia del Campus Repsol con el de Santander, Telefónica o BBVA es que está situado dentro de la almendra de la capital, concretamente en Méndez Álvaro. Allí se alza un complejo de 123.000 metros cuadrados, que da cabida a 4.000 personas. Está compuesto por cuatro edificios, que forman un claustro alrededor de un gran jardín central y, como sus compañeros de promoción inmobiliaria, dispone de infinidad de servicios para hacer el día a día más llevadero a sus trabajadores. “Nos gusta decir que el campus está hecho por y para las personas de la empresa y ellas nos lo han reconocido puntuando con un 8,6 sobre 10 al edificio y sus servicios en la encuesta que hemos realizado”, asegura Juan de Amunátegui, director corporativo de Servicios Patrimoniales de Repsol.

Vodafone es la última gran empresa que ha decidido unificar sus espacios de trabajo en un solo lugar. En concreto en el Parque Empresarial Vodafone Plaza situado, como la mayoría, en el extrarradio de Madrid. La principal peculiaridad de esta ciudad corporativa es que, al contrario que el resto, ya estaba construida y la firma gala hace uso de ella en régimen de alquiler. En este caso estamos hablando de una extensión de más de 50.000 metros cuadrados compuesta por cinco edificios modernos y eficientes. “Todos los empleados están en una única sede respecto a las dos anteriores. A esto se suman ventajas de trabajo flexible, ya que no existen puestos fijos y los trabajadores pueden moverse a las ubicaciones más convenientes en cada momento. Todo el complejo cuenta con tecnología NFC lo que permite que la plantilla puedan acceder, imprimir y pagar con sus móviles”, explican en la compañía.

Ciudad Financiera del Santander.

Ciudad Financiera del Santander

Los ejemplos vistos hasta el momento explican que los resorts del trabajo tienen su epicentro en Madrid. Las multinacionales con raices en otras ciudades se conforman, de momento, con enormes rascaciales donde también unifican a las plantillas. Los casos más paradigmáticos son la Torre Agbar y las sedes de Gas Natural y CaixaBank, en Barcelona, y el edificio de Iberdrola, en Bilbao.

Instalaciones ultramodernas, inversiones millonarias, un sinfín de ventajas para los empleados… Todo eso está muy bien. Pero, ¿por qué a las grandes multinacionales les ha dado por olvidarse de sus viejas oficinas y lanzarse a la carrera de crear la urbe empresarial más grande, más bonita y más moderna? “Por ahorrar dinero. Hay que pensar que esta moda comenzó en Estados Unidos. Allí empezó el proceso de unificar y consolidar las sedes y salirse de las ciudades para irse a las afueras. Los costes han sido la clave”, explica Borja Basa, director de Soluciones Corporativas de JLL. Cierto. El precio del metro cuadrado en Madrid es hasta cuatro veces más caro que el de las localidades cercanas, donde existe mucho terreno a la espera de que alguna multinacional se decida a seguir el ejemplo de los pioneros en esto de las ciudades corporativas. “La ventaja económica también viene por la reducción del espacio que tiene cada trabajador. Según nuestros estudios, con el modelo anterior de diversas oficinas, cada empleado disponía de 18 ó 19 metros cuadrados. Ahora hablamos de solo 13 metros”, añade Basa.

Campus Repsol.

Campus Repsol

Además de estos ahorros, se consideran los producidos por contar con sedes mucho más modernas. “En la realización del proyecto se ha buscado igualmente la eficiencia y la sostenibilidad. Se han sustituido los sistemas de iluminación tradicional por LED y se ha instalado un control de luz y clima, que permite definir los horarios de puesta en marcha en función de los empleados que haya en las instalaciones. Con ello, esperamos reducir los costes en el apartado de iluminación en más de un 50% y de climatización en un 18%”, dicen en Vodafone. “La operación inmobiliaria y disponer de las mejores tecnologías para garantizar un consumo sostenible de todos los recursos naturales supone un ahorro –entre gastos y amortizaciones– de entre un 40% y un 50% sobre la situación previa a la construcción de la nueva sede”, corrobora Susana López, del BBVA. ¿Más pruebas? “En el capítulo de servicios generales hemos gastado un 42% menos sobre antes de estar en el campus”, añade Amunátegui, de Repsol.

Con estos datos resulta evidente que abandonar el centro de las ciudades no ha supuesto trauma alguno para los directores financieros de cualquiera de estas empresas. “También hay que considerar que muchos se han dado cuenta de que tener 80.000 metros cuadrados en el centro de las ciudades cuando más del 90% de tu negocio no está de cara al público, carece de sentido”, asegura Borja Basa.

Edificio de la Ciudad Financiera del Santander

Edificio de la Ciudad Financiera del Santander

Mayor productividad. Los protagonistas coinciden en que las ciudades financieras otorgan enormes beneficios a las corporaciones. Para todas ellas se trata de la primera vez en la historia en la que las oficinas centrales están concentradas en una única sede, lo que -además del ahorro en el capítulo de servicios generales- implica una mayor eficiencia en el día a día de los empleados. “Incrementar la proximidad entre directivos y colaboradores impulsa el trabajo en equipo, fomenta las labores por funciones y objetivos y, finalmente, facilita el intercambio de ideas, conocimientos y experiencias”, asegura Isidro Abad, director de Infraestructura y Tecnología de Telefónica. En otras palabras: incrementa la productividad. Para comprobarlo, basta con tener en cuenta las diferencias que existen entre estar rodeado del bullicio de los comercios en el centro de la ciudad a pasar a no haber nada más allá de la propia empresa. En estas condiciones no queda otra: hay que ponerse a trabajar sí o sí. “Desde que comenzó el proyecto de construcción de esta nueva sede, se ha querido aprovechar la oportunidad para impulsar un cambio en las formas de trabajo en consonancia con la cultura corporativa del grupo: colaboración, sencillez, transparencia y transversalidad”, resalta López, del BBVA.

Nueva sede de Vodafone

Nueva sede de Vodafone

Los cambios originados con este traslado empresarial, que ha sacado a las compañías de las ciudades para situarlas en los descampados, ha llevado a que en Estados Unidos suenen voces críticas con estas urbes corporativas, a las que han bautizado como campos de concentración del siglo XXI. Sin ir más lejos, el periódico San Francisco Chronicle se despachaba a gusto hace poco criticando a los empleados de Google, a los que comparaba con robots, que iban en autobuses privados a trabajar olvidándose del resto del mundo. El rotativo también avisaba de que estos centros actúan a modo de burbujas, aislando a sus habitantes de lo que ocurre en el exterior. Un cambio social que, según el diario, sería nefasto para la sociedad del futuro y para las ciudades cercanas a estos lugares.

La corriente negativa todavía no ha aterrizado en España. Pero es que hay que tener en cuenta que, en Estados Unidos, las ciudades corporativas existen desde que “un tal” Bill Gates decidió en 1986 aglutinar a los trabajadores de Microsoft en Redmond. El padre de Windows puso en marcha el carro del que han tirado otras multinacionales tecnológicas y de Internet, como IBM, Google, Facebook o Twitter. Todas ellas comparten con los complejos españoles la idea de unificación y un diseño moderno y vanguardista. Además de contar con todo tipo de servicios complementarios para sus empleados, que las llegan a convertir en ciudades en sí mismas. No obstante, ni Estados Unidos ni España tienen el honor de contar en su territorio con el campo de trabajo más extenso del mundo. El título se lo lleva China, donde la corporación Foxcom tiene la ciudad más grande del planeta. En total, más de 400.000 personas trabajan dentro de una fortaleza amurallada, donde se ensamblan los componentes para los productos de Apple y otras firmas tecnológicas.

Imagen de la sede del BBVA

Imagen de la sede del BBVA

Estas impresionantes dimensiones parecerían imposibles de conseguir en España. Pero no es así. Existe una empresa que, si siguiera el ejemplo de las firmas del Ibex35, podría crear un complejo más grande que el asiático. Se trata de la Administración Pública. “Estamos hablando de cerca de tres millones de metros cuadrados en el centro de la ciudad compuestos por edificios viejos, que no se reforman por falta de dinero. Todo eso debe llevarse a las afueras. Esa fue la idea de la ‘Ciudad de la justicia’, que se ha paralizado. Se debería de volver a poner en marcha para lograr unos servicios públicos más eficientes”, aseguran Basa, de JLL.

En el futuro sabremos si la caravana de funcionarios sale al final de Madrid o de otras ciudades. De momento, lo que está claro es que estamos ante una moda con pocos visos de terminar. Las ciudades corporativas suponen ahorro y mejora de la productividad de las plantillas. ¿Algún empresario necesita alguna razón más para hacer las maletas? Si la quiere, la tiene en el marketing: la imagen de la firma gana muchos enteros al relacionarla con la modernidad y la vanguardia arquitectónica.



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