Quiénes somos

Una revista diferente:

Filosofía

Contacto

c/Velázquez 105, 4ª planta
28006 Madrid
Tel.: 911 123 615 - Fax: 902 93 32 41


Cataluña y España: mejor juntos que separados

La región, según algunos expertos, se ha visto favorecida por los gobiernos nacionales a lo largo de la historia. Pero la falta de mano izquierda del poder central ha ido alimentando el sentimiento independentista. Encontrar una buena solución se ha puesto muy difícil. Pero no hay nada imposible.


Share   

Por

Basta repasar la historia de España para comprobar que el sentimiento separatista de Cataluña viene de lejos. La Corona de Aragón, en la que se incluía esta comunidad, formaba parte de la monarquía, como cualquier otro reino. “Las relaciones de los reyes con los catalanes entraban dentro de lo normal. Había algunas rencillas, algunas peleas, como en todas partes”, señala Agustín González Enciso, catedrático y director del Departamento de Historia de la Facultad de Historia de la Universidad de Navarra. Hasta que la situación se torció. Fernando el Católico se fue a Castilla para gobernar desde allí. “Desde entonces, siempre han tenido esa sensación de que el Rey se marchó. Ahí pudo empezar una frustración que ha ido creciendo”, sostiene González Enciso.
A partir de ahí, el trato de Cataluña con la monarquía fue normal. “El Rey queriendo cada vez más poder y los poderes locales -Aragón, Andalucía, Castilla- resistiéndose. No hay ninguna situación diferencial”, apunta el catedrático de la Universidad de Navarra. En 1640 llegó la primera gran crisis. “Algún sector de la sociedad catalana pensó que iban a estar mejor con Francia. Pero no querían la independencia absoluta. Buscaban formar parte de la corona francesa porque pensaban que quizá defendería mejor sus fueros. Una independencia en aquel momento era en cierto modo impensable”, agrega Enciso.
Aquello pasó. Fue una coyuntura relativemente rápida. Cataluña continuó integrada en la monarquía sin ningún problema. Hasta que en 1714 llegó un punto bisagra importante. El Rey Carlos II muere en 1700 y se abre una disputa por la corona entre Felipe de Borbón y el archiduque Carlos, nieto del emperador de Austria. El Rey da testamento a favor de Felipe de Borbón, que jura las Cortes en Castilla y Aragón. La Guerra de Sucesión empieza en 1702, y en 1705 los catalanes deciden que Carlos es su candidato. “Parte de la Corona de Aragón se levanta en armas. Es una guerra civil por un candidato, pero los dos luchan por España. De hecho, el Austria, Carlos, fue proclamado Rey de España como Carlos III en Barcelona. Cuando se dice que España invadió Cataluña, no es verdad”, añade Enciso.
Los Borbones se volcaron. Al vencer Felipe de Borbón, comete lo que muchos consideran un error: suprime buena parte de los fueros y libertades catalanes para intentar una unificación jurídica y legal en España. “Ahí sí tienen los catalanes un agravio, porque sus fueros tradicionales desaparecen”, dice Enciso. Pero “los fueros y tradiciones locales han ido desapareciendo en todos los reinos. Solo permanecieron en Navarra hasta el siglo XIX, y un poco en las provincias vascas. Tampoco la desaparición de los fueros fue absoluta en la Corona de Aragón. Y tampoco es algo que afecte solo a los catalanes. En la Corona de Aragón están Cataluña, Aragón, Valencia, Mallorca… Además, los catalanes habían sido súbditos rebeldes. Habían votado al Rey en Cortes y luego lo traicionaron, y se fueron con el otro candidato”, añade Enciso. Lejos de que estos hechos se tradujeran en una venganza, “la monarquía se volcó con Cataluña después de 1714”, apunta Enciso. Como consecuencia, la región tuvo un crecimiento espectacular desde un punto de vista económico y urbanístico. “Barcelona se convirtió en una gran urbe industrial en el siglo XVIII”, señala Enciso. Algo que antes no había sido así. “Cataluña no fue una zona especialmente desarrollada hasta que la impulsaron los Borbones. Antes, el centro económico pivotaba más bien hacia el sur. Hacia Andalucía”, señala Clemente Polo, catedrático de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Autónoma de Barcelona.
La nueva monarquía racionalizó las estructuras comerciales y fiscales y propició el despegue de la economía catalana, que se convirtió en una pequeña potencia dentro del reino. “Su desarrollo ha dependido enormemente del mercado nacional. El comercio entre Estados era escaso, ya que estaban muy protegidos”, añade Polo. El apogeo de Cataluña llegó a finales del siglo XIX. Los propios historiadores catalanes llamaban a su región La fábrica de España. Excepto el carbón y la siderurgia, allí se trabajaba con todo. El 80% de la producción textil salía de la zona. “Pero plantearse la independencia era absurdo. Cualquier persona sensata sabía que vivían de España”, dice Polo.
La situación continúa igual hasta la llegada del Mercado Común Europeo. Estados muy cerrados, poco comercio internacional y cada país produciendo para su territorio. Cataluña se recupera muy bien después de la Guerra Civil y sigue siendo la fábrica de España. Entra en nuevas áreas, como el sector automovilístico moderno, la petroquímica o la farmacéutica. “Todo esto es gracias a España. Sin ella, Cataluña no habría sido lo que es: una de las regiones europeas más prósperas”, dice Polo.
Este catedrático duda de que a Cataluña le hubiera ido mejor con Francia. “Si se ve la renta per cápita de las regiones del mediterráneo francés, se puede comprobar que la catalana es mucho más alta”, dice. Aunque ha bajado en relación con la del resto de España. “En la época del máximo auge fue un 50-60% superior. En la actualidad está un 25% por encima”, dice Polo.
Lo que no ha cambiado ha sido la dependencia del mercado nacional. “Los últimos datos fiables son los elaborados por el Instituto de Estadística de Cataluña, que se refieren a 2005”, señala Polo. Según estas cifras, las exportaciones de la región al resto del territorio nacional son por valor de 62.000 millones. Su segundo mercado, ya con datos de 2013, es Francia, y está cerca de los 10.000 millones. Es decir: la región sigue dependiendo mucho de España. ¿Qué pasaría si no estuviera dentro de ella? Es una incógnita. El ejemplo de otros países independizados podría servir de referencia. “Mirando a la desintegración centroeuropea, se comprueba que los flujos comerciales de los Estados independientes han bajado entre un 30% y un 70% -frente a cuando estaban dentro de otro Estado-”, señala Polo.
¿Pasaría esto en Cataluña? No se sabe. ¿Qué ocurriría si la región saliera de Europa? Como recuerda Polo, el economista Xavier Sala i Martín ya dijo que España sería la principal interesada en que se quedara, porque si no les pueden bloquear las fronteras. “No tener un corredor central ha sido un fallo estratégico de todos los gobiernos españoles”, admite el catedrático de la Autónoma. Entre otras cosas, porque si se produjera la independencia catalana, luego vendría la vasca. Aunque España y la Unión Europea también tendrán algo que decir en todo esto. “Ni Merkel ni ningún representante de la Unión Europea quiere que las regiones ricas de cada país digan que les interesa ser independiente. Si das el paso y ven que se puede hacer, que es democrático, al día siguiente cualquiera lo pide”, añade Polo. Habría que ver también cómo se gestiona la presencia de las empresas. Entidades como La Caixa tienen el 70% del negocio fuera de Cataluña -ingresos de impuestos que se quedaría España- y las multinacionales quizá no estarían interesadas en trabajar en una región que estuviera fuera del mercado europeo.
Los partidarios de la independencia confían en que la separación les daría recursos suficientes para gestionar su territorio. Tener un 25% más de renta per cápita les obliga a pagar más impuestos. Esos ingresos se los quedarían si estuvieran fuera. El problema es qué pasa con cuestiones como la deuda. “En la actualidad es de 60.000 millones. Con el reparto de la española, ascendería a 200.000”, señala Polo. Un problemón, teniendo en cuenta que la Generalitat no ha podido refinanciarla en todos los años del Gobierno de Artur Mas. Ha necesitado la inyección de dinero del Gobierno central para pagar los intereses y devolver el principal de la deuda patriótica. “Ningún inversor va a estar dispuesto a cambiar deuda española por la de un Estado que no tiene constitución, leyes, sistema fiscal, agencia tributaria, banco central ni supervisor financiero”, afirma Polo. Necesitan garantías.
No todos lo ven tan claro. Por supuesto, no ocurre así con los independentistas. Pero no son los únicos. “No acabo de ver el argumento económico. Dudo de que las consecuencias económicas en el corto plazo fueran negativas. Es una región rica, con actividad económica. Tendría sus clientes”, afirma Agustín González Enciso. “Como es un fenómeno puramente sentimental, se pondrían todos a trabajar y a apoyar, y saldrían adelante”, añade.
La visión de los pesimistas podría acentuarse si, como anuncian todas las encuestas, sube al poder ERC, al que muchos ven como el causante de la deuda de Cataluña. *“Del 9 de noviembre en adelante puede pasar de todo. Pueden adelantarse las elecciones plebiscitarias. Pero el gran reto de ERC está en las elecciones municipales de 2015. Si consigue 650 de las 940 alcaldías, podría declarar unilateralmente la independencia. A partir de ahí la desobediencia civil, el lío, el conflicto, y la tensión iría en aumento”, asegura Josep Ramón Bosch, presidente de Societat Civil Catalana. Si eso ocurre, este catalán-español se irá. “El sentimiento independentista ha crecido mucho en los tres últimos años. El gran culpable es el Gobierno de España. Ellos han hecho muy bien su trabajo ante la inoperancia de este y de muchos gobiernos”, añade Bosch. “Los que nos sentimos españoles en Cataluña hemos sido abandonados. Ha habido una pérdida de ilusión en el proyecto común español, y no se ha reaccionado”, señala. Resolver el problema ahora “es misión imposible”, y no se haría “ni en uno ni en cinco años”. Solo una propaganda alternativa, que ayude a volver a creer en el concepto de España, alguna mejora en la financiación y reformar la Constitución podrían, en su opinión, ir contribuyendo a la reconciliación. Algo que sería muy positivo porque, como se ha visto a lo largo de la historia, nos ha ido mucho mejor estando juntos que separados.

*Nota de la redacción: la entrevista con Josep Ramón Bosch se realizó el 17 de septiembre, antes del anuncio de renuncia a la consulta de Artur Mas.

NADA QUE VER CON ESCOCIA
Para Agustín González Enciso, catedrático de Historia en la Universidad de Navarra, el caso de Escocia es muy distinto al de Cataluña: “Ellos han tenido una fuerzas de intervención persiguiéndoles durante dos siglos. Forzándoles a ser ingleses. Aquí no ha ocurrido eso”.  En opinión de este experto, la situación en Cataluña es muy diferente también a la de Irlanda del Norte o a la de los territorios pequeños del Este de Europa. “En Escocia ha habido agravios históricos, y no tienen la autonomía que posee Cataluña. Cameron puede rogarles que no se vayan y ofrecerles más. A Cataluña no. Yo no les rogaría nada. Están aquí -en España- exactamente igual que todos, tienen los mismos problemas y más ventajas”, señala. Para este catedrático, a día de hoy, el principal problema es que los dos principales partidos no están de acuerdo en lo que es España. Por otra parte, Josep Manuel Bosch, presidente de Societat Civil Catalana, cree que el resultado de las elecciones en Escocia, favorable a seguir integrada en el Reino Unido, y el caso Pujol afectará al sentimiento independentista. Está por ver si es así o no.

 



ÍNDICE



Siguenos también en: · Facebook · Twitter



Copyright © capital.es. Todos los derechos reservados | Política de privacidad y protección de datos | Aviso legal