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El colchón del abuelo

Los mayores mantienen el 27% de los hogares y son fundamentales para que el comercio siga existiendo. A pesar de ello, la sociedad los ve como un estorbo. Un error tremendo, ya que sin ellos este país estaría en una situación mucho peor que la actual.


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Sonia Esteban lleva viviendo en Torrejón de Ardoz (Madrid) desde que nació hace 34 años. A los 27 abandonó el nido para formar una familia con su pareja. “Me compré un piso en 2007, también en Torrejón, y tuvimos un hijo”, explica. Siete años después, esta joven, junto a su ya marido y su chaval, que acaba de cumplir tres primaveras, vuelve a tener su domicilio en casa de sus padres. “Al comienzo de la crisis, perdimos nuestros empleos y, aunque hemos ido haciendo pequeñas cosas, no nos llega para mantener nuestro hogar”, añade esta antigua comercial, que sobrevive en estos tiempos gracias a que alquilaron su casa y se alojaron con sus progenitores. Sonia, como otros muchos en este país, mantiene a los suyos gracias al esfuerzo de estos nuevos ángeles de la guarda del siglo XXI: los abuelos, los mayores, los pensionistas, los viejos, o como se les quiera llamar.

Considerados un estorbo por el sistema, y algo mucho peor si se tienen en cuenta las declaraciones de cierto ministro de Finanzas japonés -pidió a los ancianos que se dieran prisa en morir para evitar que el Estado tuviera que asumir los cuidados médicos-, la realidad es que sin los que ya han cumplido 65 años este país sería un caos absoluto. Aunque pueda pensarse, esta afirmación no es para nada exagerada. Y para explicarla, nada mejor que echar mano de datos que demuestran que los pensionistas son fundamentales para las familias y para la economía.

Empecemos por los hijos y nietos que comen gracias a la paga de papá y del yayo. En este caso todos los estudios consultados convierten a los abuelos en el pilar fundamental de un buen número de familias. Así lo atestigua el INE que cifra en el 27% el porcentaje de hogares españoles, que son mantenidos por las personas mayores. Otro informe de la Fundación La Caixa cifró la cantidad de familias que sobreviven gracias a los abuelos en 300.000. En otras palabras: uno de cada cinco hogares tienen en la pensión de los jubilados su principal sustento.

Quizá por ello, en España se da el curioso caso de que el 36,5% de los jóvenes de entre 25 y 34 años sigue viviendo con sus padres (jubilados en muchos casos), mientras que en Dinamarca el porcentaje solo es del 1,3%. “Las rentas de los abuelos las que mejor han aguantado la crisis y han servido de apoyo a las familias. Pero eso ha ocurrido por la identidad española, donde la institución familiar es vista como un mecanismo de cooperación”, explica Javier Díaz-Giménez, del IESE.

Sea por el motivo que sea, los datos demuestran que los viejos tienen muy poquito de estorbo. Y para los más escépticos, un último y demoledor análisis. En este caso lo ha realizado la UDP, la patronal de los pensionistas. Según su barómetro anual, en 2014 el 60% de los mayores ayudaba a sus descendientes, mientras que en 2010, el porcentaje era de solo el 15%. “Este colectivo está siendo un sostén económico para los millones de parados que hay en España. Sin nosotros hubiera habido una crisis social importante”, asegura Luis Martín Pindado, presidente de la UDP.

Los estudios dan buena fe de que el colchón del abuelo es básico para sus descendientes. Por contra, la crisis ha originado que los mayores reciban cada vez menos ayudas. Así, el mismo informe de la UDP asegura que si en 2010 un 12,5% de veteranos recibía inyección económica por parte de algún familiar o amigo, en 2014 el porcentaje había caído hasta el 7,6%.

Además de por la aportación de dinero, los abuelos también permiten que sus descendientes vivan algo mejor por otros factores que no aparecen en los informes. ¿Ejemplo? Ejerciendo de canguros. De esa forma, los hijos no tienen que pagar guarderías a la hora de cuidar a los más pequeños. “Mis padres se encargan de criar a los niños, lo que nos ha permitido seguir buscando trabajo y hacer algunas cosas, Sin ellos sería imposible”, afirma Sonia Esteban. “Si los jubilados hiciéramos huelga el país se pararía”, corrobora Martín Pindado.

La economía de los mayores. Otros que también deben mucho a los viejos son los hoteles de la costa española, que resisten en invierno gracias a los famosos viajes a la costa de los jubilados. Y es que las pensiones también son fundamentales más allá de la ayuda familiar, ya que repercuten en la economía en general. “Las empresas saben del poder adquisitivo de los mayores y los consideran como una oportunidad de negocio. Por eso se esfuerzan en ofrecer productos y servicios para este colectivo”, añade Díaz-Giménez.

De nuevo los datos son la mejor prueba de la importancia de los abuelos en los números globales del país. Según un estudio de la UDP del mes de julio, el 40% de los comercios asegura que aguanta mejor la crisis, llegando incluso a aumentar sus ingresos gracias al incremento del consumo de los mayores de la sociedad. En este sentido, destacan los negocios de alimentación, bebidas y tabaco donde el 51% de sus responsables consideran que venden más por este colectivo. El motivo no es otro que las abuelas y abuelos tirando de sus ahorros para hacerles la compra a sus familias. Por sectores, la hostelería, el sector financiero y los seguros es donde más se percibe la contribución de los jubilados a su facturación.

A pesar de los informes que ahondan en lo contrario, a día de hoy para la mayoría, y más para los políticos, los jubilados suponen un lastre. “Se equivocan. No somos para nada un gasto ni una rémora, sino una inversión. Nuestras pensiones sirven para que la economía española siga funcionando. Y si se apostara por cubrir nuestras necesidades se obtendrían beneficios económicos globales. Un ejemplo lo tenemos en la Ley de Dependencia. Si se hubiera hecho en serio, se habrían generado 300.000 puestos de trabajo que servirían ahora para reducir las cifras del paro. Pero como se ha dejado en el olvido pues no ha valido para casi nada”, añade Martín Pindado.

Los jubilados también se quejan de que el mercado se olvida de ellos. Y eso que, como decíamos, estamos ante un colectivo que mantiene las tiendas abiertas. Algo que seguirá ocurriendo en el futuro, ya que la mayor longevidad y la mejor calidad de vida y salud, permite llevar una vida activa aún en franjas de edad de entre 70 y 80 años. Estas personas viajan al exterior, cenan en restaurantes y gastan una mayor proporción de sus ingresos en comida y bebida. Pues bien, un reciente estudio de la consultora AT Kearney afirma que la mayoría de los abuelos consideran que los fabricantes o los profesionales del marketing no les prestan demasiada atención. Sus protestas se encaminan a productos específicos, que presentan dificultades tales como envoltorios complicados de abrir o etiquetas con un tamaño de letra tan pequeño que dificulta la lectura. Los mayores también sufren ante el reducido número de empleados que hay en las tiendas, así como en su preparación para ayudarles. Y qué decir de la colocación de los productos en los lineales. La mayoría a una altura a la que les resulta imposible llegar sin ayuda.

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Estas dificultades no han impedido que los viejos siguen siendo parte fundamental del consumo de calidad. Y por si fuera poco, AT Kearney asegura que se trata de los clientes más fieles a las marcas y los que menos se dejan llevar por las ofertas del momento. Es decir: los más rentables para cualquier empresario.

Estas conclusiones deberían hacer reflexionar a más de uno y llegar al convencimiento de que no es conveniente disparar a la línea de flotación de los veteranos, ya que su colchón es beneficioso para todos. Por desgracia, y como cabía esperar por otra parte, la crisis también ha atacado a las pensiones. Aunque siempre decían que esa línea roja nunca se atravesaría, primero, José Luis Rodríguez Zapatero, y luego, Mariano Rajoy también han sacado el hacha en este punto, reduciendo el poder adquisitivo de los jubilados un 2% en los últimos tres años, según la información ofrecida por el ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas.

¿Qué hacer con las pensiones? Esta circunstancia no ha impedido que el actual gobierno del PP haya vendido a bombo y platillo que en 2014 se ha alcanzado el cenit de la paga a los jubilados, llegando a los 1.000 euros de media. Una cifra que es engañosa y que, desde luego, no se ha debido a ningún incremento vía Boletín Oficial del Estado, sino a que en esta década han entrado en el sistema de la Seguridad Social aquellas generaciones que han cobrado más durante su vida laboral.

Publicidad institucional aparte, que además se olvida de las más de dos millones de viudas que no alcanzan ni de lejos los 600 euros de ingresos mensuales, la realidad es que los recortes han afectado al 17% de la sociedad española. Pero, ¿qué pasará en 2050, cuando el 32% de la población ya no esté en edad de trabajar? Pocos se atreven a pronosticar el futuro de las pensiones. En la actualidad, cada mes se destinan unos 7.000 millones de euros para pagar a los jubilados. Una cifra estratosférica que se sostiene a duras penas, gracias a las aportaciones de los cotizantes. Pero este sistema tiene que cambiar, ya que, como se ha comentado antes, en el futuro habrá demasiados mayores y pocos jóvenes en edad de trabajar.

Ante este problema urgen tomar soluciones. Desde la UDP se apunta a una que es la utilizada por los Países Nórdicos. Allí los cotizantes no pagan en exclusiva a los viejos sino que trabajan en un sistema mixto. Parte sale de los sueldos de los trabajadores en activo y lo que falta se obtiene vía Presupuestos del Estado. Esta cantidad extra se consigue a través de impuestos indirectos. “Es un método que permite que el estado de bienestar europeo se pueda sostener. Eso es mucho mejor que recortar nuestro poder adquisitivo, ya que éste acaba regresando al sistema a base de consumo”, asegura Marín Pindado. Así parece ser. En este reportaje hemos visto que los abuelos sostienen a las familias y ayudan a la recuperación económica del país. Suponen un pilar que es importante conservar. ¿Pensarán lo mismo nuestros dirigentes políticos futuros?

 

Foto: Shutterstock



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