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El calzado español pisa fuerte en el mundo

El mercado internacional rescata a nuestros zapatos. La apuesta por la calidad triunfa en países como Francia o Alemania y se impone como vía de rentabilidad frente a los productos de precios bajos.


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Quién le iba a decir a El Dantés que desde Elche iba a vender sus zapatos de mujer a más de cuarenta países. O a El Ganso que comercializaría sus productos masculinos en México, Berlín o el londinense barrio de Chelsea. Y qué comentar de Pablosky, que triunfa en Chipre con su calzado infantil y juvenil, se extiende en Oriente Medio y abre mercado en Turquía, entre otros sitios.
La industria española del zapato crece gracias a su internacionalización. “Nuestro sector es atípico. En la peor época de la crisis, hemos crecido por encima de la media nacional”, señala Javier García Lillo, secretario general de la Federación de Industrias del Calzado Español –FICE-. “Si seguimos en la línea del primer semestre, esperamos cerrar el año con un incremento del 8-10% en valor -mercado en millones de euros- y del 5-6% en volumen -pares de zapatos-”, señala. Un informe de Hays ratificó ayer el buen momento de este sector.
La clave de este logro está en la apuesta por la calidad. “Frente a la estrategia en precio hemos optado por otra basada en innovación, diseño y moda. Competir en precio con los países del sudeste asiático o de África es inviable”, añade el representante de esta asociación, que aglutina el 90% de la producción, distribución y exportación en España.
Efectivamente, si se ven los números, se comprueba que la táctica está funcionando. La facturación de la industria en el exterior supera ya a la de 2002, su año más exitoso, y no ha parado de crecer en los últimos cuatro años. Y lo que es mejor: vendemos más caro. Frente a un precio medio de venta de 7,71 euros por par de zapatos en 1985 fuera de nuestras fronteras, en la actualidad se llega a los 17,37 euros.
Europa nos quiere. Aunque Francia, Italia y Alemania siguen siendo nuestros tres principales mercados, hay otros que destacan por su crecimiento y por su alto precio medio de venta. Estados Unidos es el primero en nuestro ranking de fuera de la UE. Allí el precio medio es de 35,14 euros el par, frente a los 18,39 euros de Alemania. China también crece, y  allí se compra a un precio medio de 38,23 euros.
La amplia gama de producto es la que permite a la industria española encontrar clientes en todo el mundo. Aquí se fabrican zapatos de tacón, de fiesta, de andar por casa, urbanos, para mujeres, hombres y niños… “Estamos intentando ampliar nuestra posición en mercados a los que no llegamos”, señala García Lillo. “Pero hay que tener en cuenta que somos pymes. Vamos a ferias internacionales, pero no podemos ir a todas. Los recortes no nos permiten ir a zonas donde podríamos tener éxito en dos o tres años”, añade el secretario general de FICE.
Frente a estos problemas en la falta de inversión, las empresas españolas cuentan con la ventaja de poseer una amplia red de distribución. Cuentan con cuatrocientos puntos de venta en veinticuatro países, ya sean de marcas españolas o en colaboración con socios locales. Ahora gran parte de los objetivos pasa por tener una presencia importante en zonas como los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y el sudeste asiático. Para ello esperan encontrar socios que puedan abrir tiendas multimarca.
A China le gustamos. Lo que está claro es que hay interés. “Ahora hay dos empresas que están negociando el posicionamiento de sus marcas con empresarios chinos. Uno de los dos proyectos se lleva desde la Federación. Un grupo de empresarios de allí, propietario de catorce centros comerciales, está interesado en la cosmética y la moda española, que incluye calzado, confección y marroquinería. Va a afectar mucho a las empresas españolas. Pueden posicionar sus marcas. Pero son procesos lentos. Requieren inversión”, dice García Lillo.
Mientras se avanza en esta expansión, la industria española sigue a lo suyo, que es trabajar bien. “Por eso las distribuidoras americanas llevan tantos años en Elda, en Alicante”, señala Pere Martínez, profesor de la Escuela de Organización Industrial -EOI-. La Comunidad Valenciana sigue siendo un punto de referencia mundial en el diseño del calzado, y eso se nota en los números. Más de la mitad de las exportaciones sale de esta región, que aglutina más del 60% de las empresas y empleados que se dedican a este sector en España.
Entre las compañías que se ubican allí está Tempe, la división de calzado del grupo Inditex. Situada en Elche desde el año 1989, ha tenido un desarrollo espectacular. Los 161 millones que facturaba en 2001 se han convertido en 901 millones en 2013; los 351 empleados de 2001, han ascendido a 1.442 en 2013; los 5 millones de pares distribuidos en 2001, se habían multiplicado por más de diez en 2013, hasta los 57 millones… Desde luego, las más de 6.300 tiendas en 88 países que posee su grupo matriz son un buen escaparate para vender.
El buen hacer de estos hermanos de Zara se contagia en la región. “Parece una bobada, pero hay que saber trabajar la piel, coser, hacer patrones, poner las hormas… Y en eso somos de los mejores a nivel internacional. Podemos compararnos perfectamente con los italianos”, destaca Pere Martínez.
Además, la innovación cobra una importancia cada vez mayor. Por ejemplo, fruto de ella ha sido el despegue que en los últimos años ha protagonizado el material textil. “El zapato raso de fiesta está muy de moda ahora. Tanto, que se ha convertido en la segunda partida más exportadora”, apunta Martínez. No es la única tendencia que destaca. “La sandalia de yute ha tenido un gran desarrollo, y ha despertado interés en Alemania, Francia y Japón”, señala Javier García Lillo. “El zapato de tacón ya no está tan en primera línea de salida como antes. Se sustituye por el urbano, para gente joven. Los fabricantes de punta fina, de tacón, han sabido adaptarse”, añade.
La innovación se aplica en la medida en que se investiga en nuevos materiales para que los zapatos resistan más, se adapten mejor al pie, absorban la sudoración… Conseguir estos logros depende de la colaboración que las empresas mantienen con el Instituto Español de Calzado y Conexas -Inescop- y el Instituto Tecnológico Textil AITEX.
La innovación es clave, pues de ella depende la aparición de productos nuevos que conquisten al comprador. Y aquí se la juegan las marcas. “El 35-40% de la facturación anual viene de las novedades”, señala Martínez.
En los talones de los italianos. Por eso hay que innovar, y conseguir que se conozca el producto, porque si no, no sirve de nada. En esta línea van también muchos de los esfuerzos de la industria española. Un ejemplo es la feria Micam, que organizan los fabricantes italianos de calzado. Desde hace dos años tiene lugar en China. “Y ahí vamos los españoles. Conscientes de la necesidad de saber vender, ser más agresivo y de que el cliente manda. Quizá los italianos vayan algo por delante, pero estamos a la par”, señala Pere Martínez.
Este experto destaca que seguimos siendo la segunda industria más importante del sector a nivel europeo. Y la importancia que tiene este negocio en la Comunidad Valenciana, donde las ventas en el exterior se han incrementado en un 21,5% en el primer semestre, y uno de cada cuatro euros exportados se refieren a él. Lo cual no quiere decir que el éxito internacional vaya a ser un camino de rosas. “Las ventas en Rusia han subido un 10% en el primer semestre, pero estoy seguro de que el veto afectará en los próximos meses”, señala Martínez. Un contratiempo que habrá que solucionar. Pero esperemos que no haya ningún problema porque, por fortuna, ya son muchos los países en los que el calzado español está pisando fuerte.



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