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Oriol Segarra: “Hemos dejado de investigar nuevos medicamentos. No es sostenible”

El consejero delegado del Grupo Uriach dirige la compañía farmacéutica más antigua de España, con más de 175 años de historia, y la segunda de Europa. Su principal apuesta son los medicamentos sin receta y los productos naturales, sin olvidar la venta de los denominados genéricos.


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Seguro que alguna vez se ha tenido que tomar una biodramina para hacer frente a un mareo indeseado, ha usado Utabon para descongestionar esa nariz tapada que no deja respirar, o ha echado mano de Aero-Red con el fin de eliminar esos gases incómodos en el estómago que no hacen otra cosa que molestar. Lo que quizás desconozca es que esos tres productos tienen un nexo común: están en el mercado gracias al Grupo Uriach, una compañía farmacéutica fundada en 1838 en Barcelona. Su amplio catálogo incluye medicamentos sin receta, muchos de ellos conocidos por el gran público como Filvit o Fave de Fuca, además de productos naturales para la salud (complementos alimenticios), y genéricos. Al frente de la misma está Oriol Segarra (Barcelona, 1971), que pasó por las aulas de Esade, de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) y del IESE.

¿Cómo se mira desde una farmacéutica el problema del ébola?

No lo hacemos de una forma específica, sino con la misma preocupación que genera en cualquier ciudadano. Nuestro negocio está lejos del tipo de medicamento que podría acercarse a esta enfermedad. Lo que sí estamos es muy acostumbrados a trabajar con una altísima exigencia tanto en la fabricación como en el laboratorio, y nos choca que en un hospital no se sigan tan rigurosamente los protocolos.

¿Habrá pronto una solución, una vacuna, un remedio?

Ojalá lo supiera. Creo que es muy complicado. Es un virus que se conoce desde hace muchos años [fue identificado por primera vez en 1976], y ya debería haber salido algo.

Que el virus haya dado el salto a Europa y a EEUU, ¿acelerará los procedimientos, la puesta en el mercado de remedios?

Eso seguro. Por desgracia, cuando una enfermedad está muy lejos de los países situados a la vanguardia en investigación, la perciben como una cosa que no afecta. Pero cuando les toca directamente, como mínimo se refuerzan los protocolos, se siguen de una forma mucho más estricta y, con toda probaboriolsegarra2ilidad, habrá quien se ponga a encontrar soluciones más rápidas.

¿Ese retraso es cuestión de dinero? Porque solo 1 de cada 10.000 moléculas se convierte en un fármaco rentable. ¿Demasiada inversión y demasiado riesgo?

Si hablamos de productos farmacéuticos nuevos, el porcentaje todavía es más bajo. Desde luego que hay mucho riesgo, mucha inversión, y mucho tiempo lo que hace que sea muy difícil sostener esta actividad. De hecho, en Uriach hemos dejado de investigar nuevos medicamentos ya que no es sostenible para una empresa de nuestro tamaño. Además, en las últimas décadas se ha cambiado tantas veces la regulación, tanto en lo que se refiere a fiscalidad como a precios, que uno ya no sabe a qué atenerse. El hecho de que tengas que investigar tantos años para no saber exactamente cómo vas a estar cuando tengas que lanzar el producto al mercado, ni qué protección tendrás, hace que el tema se complique bastante. Por eso, la investigación como tal, los nuevos productos de verdad, se quedan en las grandes multinacionales.

¿Por qué tiene tan mala prensa el sector farmacéutico?

Decir que tiene mala prensa una industria que desde hace muchas décadas inventa medicamentos que nos hacen alargar, mejorar, e incluso, salvar la vida es un poco arriesgado. Lo que sí ha sucedido es que han surgido noticias, a veces medio leyendas, a veces medio verdades, que han deteriorado su imagen. Uno de los errores del sector es que ha sido muy parco en palabras, ha explicado poco lo que hace, tanto lo bueno como lo malo. Y cuando uno no explica, no habla, las cosas malas se magnifican o se sacan de contexto. La mayoría de las empresas son negocios honrados que intentan hacerlo muy bien.

¿Cuáles son esas leyendas que habría que desechar?

Históricamente ha habido muchas. Se dijo que se hacían ensayos clínicos con menos controles en los países menos desarrollados, que había dolencias que se exageraban para poder tener medicamentos… Si se hubiera sabido explicar que se trabaja para tratar enfermedades, no las habría habido.

Entonces, ¿qué recetas hay que redactar para cambiar esa negativa opinión?

Hay que ser mucho más transparentes y poner en valor no solamente la actividad o el producto que se fabrica, que es importantísimo en nuestra sociedad, sino también los puestos de trabajo que se crean y la investigación que se desarrolla.

Más información en la revista Capital, ya en su quiosco.



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