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Monedas que casi nadie usa: 1 y 2 céntimos


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Son más caras de producir y de distribuir de lo que realmente valen, y la mayoría se pierden. Parecería mentira que a un producto que reuniese estas características tan negras le quedase mucho tiempo de vida…sin embargo, todos estamos familiarizados con uno que este 1 de enero cumple 13 años. Las monedas de uno y dos céntimos están siendo motivo de debate en los últimos días precisamente por la lucha entre su coste de producción y su bajo valor. El precio del cobre con el que se fabrican, la manipulación de las piezas y la seguridad que requiere el transporte del dinero son los ingredientes que llevan a que los costes superen en un 50% el valor real de las monedas.

Ya en su nacimiento en 2002 su utilidad causó polémica en países como Bélgica o Austria, por entonces, los comerciantes austriacos se rebelaron por las dificultades que causarían a la hora de facilitar el cambio a los clientes. Finalmente, Finlandia, Holanda, Irlanda o Bélgica han optado por suprimir su circulación.

Otro dato significativo que empuja a su supresión es que las monedas habrían supuesto unas pérdidas de 1.400 millones de euros a la Comunidad Europea debido al incremento del precio del cobre. Gracias a esta información se intentaron tomar dos medidas: dejar de acuñarlas o fabricarlas con otros materiales más baratos. Ante esta última medida que podría parecer razonable, la Comisión Europea incide en que es cierto que se abaratarían los precios de producción, pero los de distribución seguirían siendo muy superiores a su valor.

Con todas estas afirmaciones negativas parece raro que no se tomen medidas, pero el motivos principal por el que no se toman es el miedo de las autoridades ante las quejas que se darían por las subidas repentinas de los precios del mercado debido al redondeo obligado.  A esto Bruselas encuentra otra respuesta, según ellos al redondear el precio final de las facturas, y no el precio individual de los productos, el resultado no es lo suficientemente gravoso como para no suprimirlas.

 

Foto: shutterstock



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