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La maraña energética

Las eléctricas buscan paliar en el exterior los efectos de las decisiones políticas.


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Ha pasado año y medio desde que se aprobó la famosa reforma energética. ¿Balance? Pues, para ser sinceros, digamos que no ha disgustado a todo el mundo. Las grandes eléctricas, como Endesa, Iberdrola y Gas Natural, han visto como sus resultados se resentían un 11% por las medidas recaudatorias que se pusieron en vigor. Del mundo renovable, mejor no hablar. Todas las tecnologías limpias agonizan en un entorno que las condena al olvido. Y todo ello para no lograr que el famoso déficit de tarifa de 30.000 millones de euros, se reduzca. Para comprobarlo no hay más que ver el último dato hecho público por la CNMC que afirma que entre los meses de enero y junio de este año se ha vuelto a producir un desfase entre los ingresos y los costes del sistema de 3.656 millones de euros.

dentro-1Esta reforma ha sido fallida. Para atajar el déficit hay que ir a la raíz del mismo: acabar con la inclusión indiscriminada en la parte regulada de la tarifa de conceptos que nada tiene que ver con el suministro de energía (generación y distribución) y que corresponden a políticas de toda índole: medioambientales, territoriales, sociales, etc.”, afirma una fuente del sector. Y a que no se imagina quién es el que está pagando este sinsentido eléctrico. Pues usted, y toda la sociedad española, en la factura de la luz. Un recibo que es uno de los más caros de Europa, aunque los costes de generar y llevar la electricidad hasta las casas es menor que en los países vecinos. El problema reside en que el recibo es un pozo sin fondo al que se le han añadido un sinfín de partidas que no están ligadas al suministro y que representan cerca del 50% del total del importe. Así, en su factura se encontrará que la generación, distribución y transporte de la energía (lo que importa para llevar la luz a los hogares) supone el 51,5% del total. El resto se destina a impuestos 20.1%, primas (21,8%) y otros gastos (6,6%). Es decir, toda una serie de decisiones políticas (edificar centrales de ciclo combinado que están semiparadas, fomentar en exceso las renovables, primar el carbón nacional…) que han originado que los españoles paguen el doble de lo que abonaban en 2004.

Por contra, el mercado liberalizado ha calado en la sociedad, que se ha ido familiarizándo poco a poco con cambiar de compañía hasta el punto de que el 43% de los clientes del total de 27,7 millones de puntos de suministro ya no está dentro la tarifa regulada (PVPV o antigua TUR). El grueso de este trasvase se ha realizado gracias al esfuerzo de las compañías en fusionar las tarifas eléctricas y gas. Quizá la única manera de presentar a los consumidores unos precios más ventajosos que los regulados. Pero esto es el mercado doméstico. En el industrial la guerra de comercializadores es encarnizada y cuenta con mayor variedad de estrategias para captar a las empresas. “Uno de nuestros valores diferenciales es que aportamos a nuestros clientes la posibilidad de optar a diferentes alternativas de contratación de su energía, mejorando de este modo sus cuentas de resultados. Ya no hay que conformarse con contratarla una vez al año y a un precio fijo. Muchos de nuestros consumidores se benefician de contratos indexados al pool pero con la posibilidad de cerrarse a un precio fijo en cualquier momento, por todo el suministro o solo por un determinado volumen o plazo”, explica Ignacio Soneira, director general de Axpo.

dentro-2A pesar de estos pasos positivos dentro del mercado liberalizado, la realidad es que un año y medio después de la reforma las cosas siguen más o menos igual de mal que antes en un sector fundamental para la economía. Solo la parte eléctrica aporta el 1,2% del PIB español a la vez que acumula inversiones en nuestro país de 23.500 millones durante los últimos cinco años. Pero ese dinero, que ha servido para que el sistema tenga una garantía de suministro del 99,9% parece que se irá fuera de nuestas fronteras. Al menos eso es lo que han comentado a Capital las grandes empresas cuando se les ha preguntado por el destino de sus inversiones.

De viaje. Inmersas en el laberinto energético español, que nos se solucionará hasta que alguien fomente un pacto de estado del que salga una estrategia de país a largo plazo, a las compañías no les queda otra que resignarse y dedicar sus recursos económicos a proyectos en el exterior. Al menos hasta que las cosas sean más propicias en España. Así, Iberdrola, invertirá 9.600 millones de euros entre 2014 y 2016 cuyo destino será en un 41% Reino Unido, Latinoamérica (23%), Estados Unidos (17%) y España, con solo el 15%. “Gracias a esta apuesta por la internacionalización, emprendida sobre todo desde 2001, Iberdrola se ha convertido en la primera energética española por beneficios en 2013 y es hoy una de las cinco mayores eléctricas europeas por capitalización bursátil”, recuerdan desde la multinacional comandada por Ignacio Sánchez Galán. Un primer puesto del que ha desbancado a Endesa, que ha vuelto a casa tras la venta de sus activos en Latinoamérica a su dueña Enel. Ahora le toca consolidar su liderazgo en el mercado nacional y encontrar nuevas vías de crecimiento basadas en la eficiencia energética y la sostenibilidad.

dentro-3E.ON, otro de los jugadores importantes, también ha hecho las maletas pero para largarse, ante las dificultades que presenta la regulación española. Por contra, Gas Natural ha puesto sus miras en el exterior, concretamente en América Latina. “Allí destinaremos el grueso de nuestras inversiones, que en el primer semestre de 2014 han sido de 670 millones de euros, un 15% más que el año anterior. Por otro lado, tampoco nos olvidamos de España, donde también hemos reservado 116 millones de euros para invertir en distribución de gas”, añaden desde esta firma que, al contrario que ocurre con la reforma energética, ve con buenos ojos los cambios regulatorios que han acontecido en el terreno del gas. “La nueva regulación aprobada el pasado julio por el Gobierno, aporta mayor estabilidad y predictibilidad”, dicen desde Gas Natural.

Esta opinión no es del todo compartida por Enagas, que ha sido la gran perjudicada en sus cifras, con un impacto anual negativo en sus ingresos de 120 millones de euros. Aunque se lo toman con resignación. “La compañía considera que la reforma elimina de forma definitiva el déficit de tarifa de gas existente y contribuye a garantizar la estabilidad regulatoria del sector, con el objetivo fundamental de reducir el precio final de la energía en España e incrementar la competitividad de las empresas nacionales. Además garantiza un sistema económicamente sostenible en el futuro”, añaden desde Enagas, que seguirá teniendo como prioridad de sus inversiones el negocio regulado nacional, aunque también avanzará en su carrera internacional, iniciada en 2011.

En cuanto a Repsol, la multinacional presidida por Antonio Brufau sigue a la búsqueda de petróleo, partida a la que dedicará 14.700 millones de euros, según afirma su plan estratégico 2012-2016 y que tiene en Canarias uno de sus destinos preferentes. Por otro lado, la inyección de más de 5.000 millones de euros que ha recibido como compensación por la expropiación de YPF, la coloca en una situación ideal para adquirir alguna firma competidora.

En definitiva, los cambios regulatorios han dejado un poco a ciegas a un sector que todavía sigue tratando de encontrar el interruptor de la luz. El problema es que la mayoría de ellas lo está buscando fuera de España. Algo lógico si tenemos en cuenta que este país solo necesita la mitad de la capacidad que ya hay instalada.



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