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El nuevo tiempo que reclama España


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Es hora de instaurar un nuevo tiempo en España. Urge un cambio de rumbo, desde la democracia y desde la normalidad. Y la respuesta pasa por una reforma constitucional que avance hacia el modelo federal.

Para ofrecer la respuesta que demandan los ciudadanos, esa reforma constitucional, necesitamos valentía y altura de miras. Hay que volver a vertebrar España, regenerarla, reindustrializarla de cara al futuro. Porque tenemos una nación con potencialidades, tanto de capital humano como de infraestructuras. Porque somos un país en el que merece la pena vivir y, por eso, no podemos condenar a las generaciones más preparadas a emigrar por falta de oportunidades.

Ahora que parece haber coincidencia en que lo peor de la crisis podría haber pasado, es hora de plantearse qué modelo de país queremos y necesitamos. Para elaborar ese proyecto de país atractivo, en el que todos tengamos cabida y sea capaz de brindar oportunidades, debemos tener claro cuál es el punto de partida.

La Constitución debe seguir siendo útil, debe cumplir su función de base, de pilar. De él parten todas nuestras políticas y nuestro modelo de convivencia. Los españoles necesitan reconocerse en su Carta Magna, por eso es urgente su reforma.

España es hoy muy diferente a aquel país del 78. Las comunidades autónomas, por ejemplo, tienen otras necesidades, otros retos y otras responsabilidades. El Título VIII que hace referencia a la organización territorial ha quedado desfasado. Fijar las competencias del Estado y las comunidades evitaría muchos de los litigios que se suceden entre autonomías y el Gobierno central. Está sobre la mesa articular también un modelo de financiación adecuado para tener los recursos necesarios para hacer factible desde las comunidades autónomas el principio de igualdad de derechos de todos los ciudadanos, vivan donde vivan. Debemos ser capaces de blindar la educación y la sanidad pública. La reforma de la Constitución debe servir como garante del Estado del Bienestar.

Una vez que fijemos de nuevo los cimientos de este país también debemos avanzar en una política económica capaz de impulsar nuestras fortalezas para salir de la crisis en las mejores condiciones.

Sin políticas de estímulo económico, sin planes de choque con que atajar la sangría del paro, sin lucha a fondo contra el fraude fiscal, sin que fluya el crédito a las empresas y sin una reindustrialización de nuestro tejido productivo no hay economía que se levante. Llevamos más de dos años instalados en una dinámica involucionista y letal para la ciudadanía. Por eso considero fundamental un cambio de rumbo, también en lo económico.

Cuando accedí a la Presidencia de la Junta de Andalucía, lo primero que hice fue ponerme a disposición de los que crean empleo. En este poco más de un año de gobierno, hemos reducido trabas burocráticas, incentivado a nuestras pymes industriales, firmado importantes convenios con las principales empresas que operan en el país y movilizado más de 900 millones de euros en planes para frenar la lacra del desempleo. Todo lo cual, unido a las próximas convocatorias de empleo público (3.000 plazas en sanidad, educación y en la propia Administración andaluza), constituyen algunos de los estímulos con que estamos encarando la coyuntura de forma activa y comprometida.

Pero a la vez que tratamos de dar respuesta a lo urgente, estamos trazando esa hoja de ruta que nos permita alumbrar una Andalucía de progreso. Me refiero a nuestra apuesta por un modelo productivo ajustado a las demandas de un mercado globalizado y altamente competitivo.

Conocimiento, innovación, emprendimiento, ayudas a la internacionalización, apuesta por la excelencia de nuestra agroindustria, por las energías renovables, la industria aeroespacial, el turismo, la construcción sostenible, las TIC… Estos son los ejes sobre los que estamos cimentando nuestra economía y la razón por la que hemos revolucionado la Formación Profesional para adaptarla a las necesidades de hoy.

Insisto. Toca repensar España en general y replantear nuestra estrategia económica en particular. No podemos malgastar ni malograr más talento, ideas y proyectos. Tenemos que levantar este país entre todos. Toca abrir un nuevo tiempo de confianza empresarial, de estímulos, crédito y oportunidades. Hay alternativa. Hagámosla posible.



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