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Si quieres subvenciones…


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En las últimas semanas he sido testigo en varios foros de quejas recurrentes y facilonas que abundan en el mismo tema: el Estado no ayuda a la creación de empresas.

Tal vez eso sea cierto. Dicho lo cual me atrevo a calificarlas de ‘facilonas’ porque, tras analizar cuál es el problema, o dónde se supone que el Estado podría aportar más en su afán de crear valor y empleo, lo que muchos quieren es, directamente, una subvención económica. Así, pura y dura. Euros calentitos en el bolsillo y entonces, con el estomago lleno, estarían dispuestos a hacer cosas.

No me gustan las subvenciones. Creo que en el mundo de la empresa no aportan gran cosa. Además, generan situaciones de sectores ‘zombi’ que no crean valor y que se hacen como si fuera una adicción, dependientes de la ayuda institucional para el futuro. Generalmente sirven para engordar y retrasar problemas en vez de afrontarlos y encararlos.

Del mismo modo las subvenciones de algunas Comunidades Autónomas están, a día de hoy, alterando la competencia y creando desigualdades entre empresas por el simple hecho de estar ubicadas en determinadas regiones. Esto hace que emprendedores y empresarios de ciertos puntos de nuestra geografía, donde los presupuestos son sensiblemente menores, no puedan competir o, al menos, lo tengan mucho más difícil. En determinadas comunidades sirven además para tutelar que tipo de compañías deben crearse. Hay lugares de España con grandes bonificaciones para emprender según el sector concreto por interés político o estratégico, mientras otras opciones igualmente licitas deben pasar una travesía por el desierto.

Creo que a las administraciones no se les puede pedir que rieguen de dinero público empresas y sectores completos, ya sea en aras del empleo, de la investigación o de la innovación. Lo que hay que exigirles es que creen el clima necesario para que la actividad privada pueda desarrollarse y florecer.

Ese es mi punto de vista, y muchos conocidos míos discrepan abiertamente. Consideran que las subvenciones son muy necesarias generalmente porque han ‘cazado’ alguna, cosa que me reafirma en que generan dependencia y la tentación de que lo que debiera ser extraordinario se convierta en requisito habitual.

El emprendedor en España debe ser, por definición, un gladiador. Si queremos recuperar parte de esas 500.000 empresas que se han perdido durante estos años, ese camino no admite atajos. Si deseamos un sector empresarial fuerte, éste debe estar construido sobre bases sólidas y reales, aunque tardemos más en establecerlo. Estos años se está viendo claramente como el camino rápido, el atajo de forzar a gente no preparada a emprender, dándole una pequeña ayuda o subvención inicial, no garantiza la supervivencia mínima de la actividad empresarial ni mucho menos la generación de riqueza y empleo.

Todos conocemos casos vergonzantes de mal llamados empresarios que aparecen al calor de subvenciones y de planes ministeriales. Montan chiringuitos ad hoc y aprovechan contactos personales para vivir unos años nutridos por la subvención de turno. Cuando ésta se acaba, echan el cierre en busca de la siguiente parada en el camino, generalmente también subvencionada. Esto ocurre especialmente en sectores como la biotecnología, donde tras captar ayudas de la administración para I+D las empresas no tienen como objetivo sacar un producto al mercado y comercializar sino, en ocasiones, terminar el proyecto para preparar otro con el que vivir durante otro periodo de tiempo al amparo del dinero público.

Reflexionemos si eso es lo que queremos realmente: crear sectores dependientes, facilitar a los más picaros preparando planes de ayudas indiscriminados y regando con dinero público iniciativas que, más que habitualmente, nacen solo con el fin de recaudarlo. O si por el contrario las ayudas deberían ser de otro tipo, incentivando el valor y el éxito de las empresas que crecen y contratan.

Un emprendedor que quiera montar su negocio debe exigir facilidades a las autoridades, no simplemente euros. Si lo que quiere es dinero público para hacer un producto que generalmente no funciona, en España lo tiene fácil, debe hacerse director de cine. Pero no empresario.

Las subvenciones deben servir para algo más que para crear empresas artificiales. Deben premiar el éxito cimentando compañías solidas cara el futuro. El día que algunas instituciones como ICO, comprendan y hagan suyo ese mensaje, algo de fondo cambiará al fin en nuestro panorama empresarial.



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