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Se acabó la piratería musical


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La industria de la música acaba de presentar sus cifras anuales de ventas y… ¡sorpresa! Resulta que empiezan a crecer, tras más de una década en caída libre. Promusicae, la patronal del sector asegura que el sector ingresó en 2014 150 millones de euros, con un incremento del 21% con respecto al año anterior. Un buen dato si se tiene en cuenta que se llevaban 12 años seguidos de caídas salvajes. Pero lo más interesante de todo es que crecen tanto las ventas de cds, como los ingresos por descargas y escuchas en formato digital. En otras palabras: parece que se acaba la piratería musical.

¿Ha terminado realmente? La respuesta es que no. Lo que ha ocurrido es que al final resulta que en Internet estaba la solución a los males de una industria que ha vivido de espaldas a la realidad social. El sector se ha pasado dos décadas luchando para acabar con el avance tecnológico cuando lo que tenían que haber hecho era tan simple como aprovecharse del mismo. Esto se aprecia en los datos. Según Promusicae en 2014 las descargas y el streaming han generado 63 millones de euros, el 42% del total del sector. Si profundizamos un poco más en los datos encontramos que lo que la gente prefiere es escuchar las canciones en vez de tenerlas ocupando espacio en los móviles y los ordenadores. Así, las suscripciones y la utilización de servicios como Spotify ya suponen más de 47 millones de euros que engrosan las arcas de las discográficas. En cuanto a las descargas legales (vía iTunes o similar) la cifra se queda en 14 millones. “Estamos encantados con el modelo digital actual y pensamos que en el futuro será cada vez más importante”, afirma Antonio Guissasola, presidente de la patronal.

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David Bisbal en una actuación

Esta afirmación llama la atención ya que hasta hace bien poco era muy difícil escuchar a algún representante de la industria ensalzar cualquier producto que viniera de la Red. Pero las cosas cambian. El demonio se ha convertido en mirlo blanco y las esperanzas del sector se han vuelto digitales. De todas formas, las cosas todavía no están tan claras en el entorno digital. Algunos artistas, el último caso ha sido el de Taylor Swift, no han dudado en retirar algunos discos o toda su discografía porque no le satisfacen los ingresos que provienen de plataformas de streaming como Spotify. Y algo de razón tienen. Este tipo de servicios viene bien para mantener el interés por un trabajo musical a largo plazo. Pero, es lógico pensar que reduce las ventas de un lanzamiento durante sus primeros meses.

Sea como sea, resulta evidente que este cambio de tendencia en el que ya no se critica tanto lo que viene de la Red, también ha venido acompañado de un alza en las ventas de Cds (el formato físico por antonomasia) del 22% con respecto a 2013 hasta superar los 11,5 millones de unidades. Pero, ¿la historia no era que todo el mundo pirateaba?

Pues parece ser que no es así. El problema era que la música, curiosamente, no ha sabido escuchar a a su público y no ha sabido responder a la demanda. Algo similar le ocurrió al cine español durante muchos años. La sociedad quería producto nacional comercial que se pareciera al cine americano y no otro recuerdo en celuloide de la Guerra Civil, ni cine patrio de arte y ensayo. Una nueva generación de cineastas lo tuvo claro desde el principio. Dio al público lo que éste quería ver y por eso las cifras de la industria del séptimo arte celebra su mejor año de la historia. En la música grabada está pasando algo parecido. Al consumidor español le gusta la música española. Y cuando se le da responde. No lo hace bajándose por un cliente torrent sino comprando el CD en las tiendas. Los álbunes más vendidos de este año son un fiel reflejo de esta tendencia.

La clasificación la lidera el cantautor malagueño Pablo Alborán con más de 150.000 copias vendidas de su disco Terral. Le sigue David Bisbal, con 125.000 de Tú y yo. Tras ellos, El Barrio y Fito & Fitipaldis, con más de 90.000 de su último trabajo. La presencia de música extranjera en el Top 10 es nula y solo bajando unos cuantos puestos más se da con One Direction (12), Cold Play (17) y AC/DC (19). “En los últimos años se ha impuesto la música nacional sobre la foránea. Parece que se ha dado con la tecla. Se ha evolucionado mucho y los artistas nacionales ya no presentan el mismo tipo de canción que hace una década”, añade Antonio Guissasola

Vuelve el coleccionismo.

Vuelve el coleccionismo.

La conclusión no puede ser más obvia. El público quiere un producto nacional bien promocionado y menos artista foráneo. Solo así son capaces de dejarse sus buenos euros en las tiendas de discos. ¿Aprenderá la industria de una vez la lección? Quizá esta vez sí que lo haga.

El informe del año es un claro ejemplo de pistas a seguir. Además de la promoción del artista nacional, del apoyo en el formato digital, las cifras dejan otras dos estrategias a seguir. La primera: el público que compra CDS no tiene nada que ver con el que escucha música en streaming. Este último suele buscar canciones más de discoteca, mientras que el que compra discos es más melódico y roquero. “En la escucha digital se busca más la canción del momento. Es un modelo de consumo diferente”, explica Guissasola.

La segunda lección es la del coleccionismo. Los melómanos siguen comprando vinilos siempre que las reediciones merezcan la pena. Este cliente ha provocado que en 2014 se hayan despachado más de 260.000 unidades de un formato que se decía que estaba muerto. El incremento ha sido del 85% con respecto a 2013. Si la industria sigue escuchando a su gente puede ser que la música vuelva a sonar y que Internet deje de ser ese demonio con cuernos y tridente que nos querían hacer ver.



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