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Sánchez-Ortega (Abengoa): “En España ha faltado visión sobre las renovables”


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Abengoa ha nombrado como nuevo consejero delegado de la compañía a Santiago Seage tras el adiós de Manuel Sánchez Ortega en el último consejo de administración celebrado ayer. Precisamente el hasta ahora CEO es el ejecutivo que protagoniza la portada de nuestro número de mayo de Capital, en el que nos explicaba que “Abengoa ha terminado su transformación” y que ahora se prepara para una etapa de desarrollo de su negocio.

Aquí os dejamos un extracto de las palabras de Manuel Sánchez-Ortega, y recuerda que encontrarás más en tu quiosco.

La liquidez de Abengoa ronda los 3.000 millones de euros, ¿están pensando en salir de compras?
No. Nuestra época de grandes operaciones corporativas ha quedado atrás. Hemos terminado nuestra transformación. Llevamos cuatro años adecuando la estructura empresarial y financiera a la nueva realidad del mercado. Ahora vienen épocas ‘más aburridas’. Hablaremos del negocio, de la actividad, del crecimiento, la tecnología y menos de la estructura financiera.

Será una buena noticia para los analistas. Hay muchos que les acusan de llevar mucho tiempo centrados en reducir la deuda y descuidando el negocio.
El problema es que hay gente que no ha entendido el cambio que hemos hecho. Abengoa es una compañía que, tradicionalmente, hace desarrollo de proyectos de infraestructuras. Hace unos años empezamos a construir y operar. ¿Por qué? Pues porque es el camino que sigue el mundo. Las administraciones públicas requieren cofinanciar sus infraestructuras para desarrollarlas y compatibilizarla con las tensiones presupuestarias. Necesitan financiarse a largo plazo con ingresos regulares para, por ejemplo, garantizar las pensiones.

¿Qué hemos hecho? Con un balance propio de una gran compañía de ingeniería y construcción, nos hemos transformado para que el crecimiento no se convirtiera en un cuello de botella. Habíamos aumentado el número de concesiones, pero el balance seguía sin reformarse. Nos hemos adaptado al nuevo modelo de negocio, que conlleva operar concesiones a 25 años vista. ¿Cómo? Con la creación de Abengoa Yield (que ha sido un éxito, aunque al principio nadie lo entendía) y ahora, como acabamos de anunciar, Abengoa Project Warehouse. Tenemos una unidad muy potente en el desarrollo de proyectos y otra en la operación. Esas dos entidades nos ayudan a crecer sin tensionar el balance.

Los inversores parecen haber dado el visto bueno a esa estrategia. La acción se ha revalorizado más del 250% en el último año. Actualmente está en los 2,90 euros (a cierre de esta edición). Sin embargo, está sometida a una gran volatilidad. ¿Cuál sería el valor adecuado?

Es una acción que se corresponde con el de una empresa en transformación. Antes ha habido ejemplos cosas parecidas. Hay quien entiende antes el proyecto, quien lo entiende después y quien, directamente, no lo hace y no apuesta por él. Eso es lo que provoca la volatilidad. Pero poco a poco los inversores confían en nuestro plan de negocio y lo están reconociendo. Creo que un precio adecuado sería entre los seis y los ocho euros.
En su transformación han buscado, obviamente, la salida al exterior. ¿Qué mercados les están dando más alegrías?
Estados Unidos y Latinoamérica. Sin ninguna duda. Crecemos fuerte en esas dos geografías. (ver cuadro adjunto). En África estamos muy ilusionados. Tiene unas necesidades de infraestructuras esenciales. Va a crecer muchísimo en los próximos 20 años. Además va a ocurrir como ha pasado con la telefonía móvil, que en gestión de agua y energía se saltarán fases por las que han pasado las economías avanzadas.

¿En España la energía es cara o barata?
Depende de cuál. La renovable es muy barata. Hay otras que deberían serlo y, en cambio, son caras. En general el mix energético en España es asumible. Es competitivo respecto al de nuestros vecinos. El problema de competitividad de España no es el coste energético, sino la falta de un modelo industrial serio, y de largo plazo.
Sin embargo, la patronal se queja del coste energético. Insisten una y otra vez en que lastra su productividad.
No sé quién lo hace. El problema es la ausencia de ese modelo industrial y de innovación. Cuando las empresas invierten en I+D e industria, se crea tejido industrial. Es la forma de resolver los problemas estructurales de empleo que padecemos y que no acabamos de digerir. ¡Ojalá fuera tan simple como rebajar el coste de la energía! Ése no es el problema, salvo para industrias muy demandantes como la del aluminio o el acero. No es un factor diferencial. Está muy politizado. Nuestro problema -como país- es la falta de apuesta por la investigación, la innovación, el desarrollo y la industria. Sin eso, no se puede crear empleo de calidad a largo plazo.

¿Usted invertiría en España?
En qué.

¿En renovables?
No. No tengo una confianza absoluta en el marco regulatorio español.

¿Hay inseguridad jurídica?
La ha habido. No lo digo yo. Lo dice el Gobierno de España que ha cambiado la Ley con carácter retroactivo.

¿Hacia dónde vamos en materia de renovables?
A ningún sitio. Por desgracia.

Si no hay industria, ni I+D, ni energía renovable donde estábamos llamados a ser una de las principales potencias, ¿qué nos queda?
Es que no solo en renovables estamos muertos. También en todo lo que se asocia a ellas. Que es eso que usted comenta. Me gusta poner como ejemplo a los países nórdicos. O a Alemania. Tienen un plan de desnuclearización en el sistema energético, de reducción del gas ruso y, curiosamente, hay un crecimiento tremendo de renovables del Mar del Norte. Fuente eólica offshore que alimenta al centro de Europa. El complemento ideal para eso es el sol del sur de Europa. Esa tendría que ser nuestra apuesta.

¿Y por qué no se ha hecho?
Ha faltado visión. España entró en un juego político de renovables o sistema energético. Creo que será un error garrafal que la historia juzgará. España ha perdido una oportunidad tremenda de apostar y ser el impulsor dentro de Europa de un modelo mayor de independencia energética. Con las redes de interconexión eléctrica suficientes, se dotaría al Viejo Continente de un mix energético que ahora mismo no existe, y le daría independencia. Eso pasará en el futuro. Es sentido común, pero no lo liderarán empresas españolas. Serán de otros países. O empresas españolas con intereses en otros países.



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