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La marca de coches más prestigiosa de España

Hispano Suiza le hizo la competencia a firmas como Rolls, Mercedes y Bugatti.


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Nunca un fracaso dio lugar a un éxito tan rotundo. En 1898, el comandante de artillería Emilio de la Cuadra y el ingeniero suizo Mark Birkigt se las ingeniaron para crear un autobús de propulsión eléctrica. Su sueño sólo duró unos segundos, los que tardó en recorrer unos cuantos metros antes de pararse definitivamente. A punto de tirar la toalla, Birkigt convenció a De la Cuadra de que siguiese al pie del cañón. Así, construyó dos robustos motores de gasolina, pero su coste fue tan alto que poco después se declararon en suspensión de pagos.

A pesar de todo, había nacido uno de los mejores motores del mundo. Para no desaprovechar esta oportunidad, uno de los acreedores llamado José María Castro refundó la compañía como J. Castro Soc. en Comandita, Fábrica Hispano-Suiza de Automóviles, y bautizó el modelo de coche como ‘J. Castro’, del que se llegaron a vender ¡cinco unidades en tres años!

Hispano-Suiza_1924

Para producir a gran escala, el propietario solicitó infructuosamente ampliar capital, de modo que la sociedad se sumergió de nuevo en la liquidación. Como el ave fénix, el 14 de junio de 1904, un grupo de empresarios depositó sus sueños y su dinero (250.000 pesetas) para recuperar la fantasía dando a luz a La Hispano Suiza. ¿Los visionarios? Los catalanes Martín Trías, Tomás Recolons, Francisco Seix, Salvador Andreu y Damián Mateu. Y los frutos no tardaron en llegar. Ese mismo año se firmaron 14 ventas, la primera de las cuales tuvo como destino Villade (Argentina). Pero fue durante los años veinte y treinta cuando esta fábrica consiguió su máximo esplendor. De hecho, en sólo tres años, Birkigt llegó a diseñar 23 vehículos con motores de primera calidad sobre los que se colocaron carrocerías de las mejores firmas internacionales: Labourdette (Francia), Barker (Inglaterra), Farina (Italia), Fisher (EEUU)… Razones suficientes para que fuera el automóvil predilecto de la alta sociedad (el rey Alfonso XIII adquirió varios modelos) y acaparar trofeos por encima de Rolls, Mercedes o Bugatti.

La Hispano Suiza no se dedicó sólo a los coches. En París, donde abrió una sucursal en 1911, fabricó cerca de 50.000 motores para aviones que serían decisivos en el resultado de la I Guerra Mundial. También desarrolló camiones (muy utilizados en la Guerra de África) e impulsó líneas de autobuses (La Hispano Suiza del Serpis). La Guerra Civil supuso su decadencia, ya que, concluida la contienda, un decreto del 10 de febrero de 1940 planificaba la automoción en España. Así, el Estado, a través del Instituto Nacional de Industria (INI), adquiría las fábricas y patente de Hispano Suiza.

 



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