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El coche más lujoso de la historia


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Puro lujo para bolsillos repletos. Ésa fue la apuesta de Ettore Bugatti cuando decidió crear una limusina fuera de lo común. Y eso que sus modelos era, ya de por sí, ambiciosos ¡y muy caros! Pero como el alpinista que busca nuevos retos en cumbres más elevadas, quiso rizar el rizo. De ahí que los bautizara como Royale (Real), un nombre que ya de por sí denota altivez.

¿Qué buscaba? Un automóvil que fuese tan perfecto como una obra de arte, que estuviese a la altura de su propietario –rico, por más señas- y que fuera la perfecta válvula de escape que le ayudase a salir de sus dificultades económicas. Un cóctel explosivo, incluso genial, pero que no fraguó porque su salida al mercado coincidió con la Gran Depresión de 1929. De los seis que construyó, sólo vendió tres, lo que le supuso caminar por el filo de la navaja de la ruina.

Ettore Bugatti nació en Milán en 1881, en una familia de artistas. Su padre, Carlo, era diseñador de muebles, y no precisamente tradicionales. Una constante en su trabajo fue la búsqueda de nuevas estéticas y diseños modernos. Tanto innovó, que una de sus sillas puede verse en el parisino Museo d’Orsay. Esa obsesión por la perfección la mamaron desde pequeños sus dos hijos, el ya citado Ettore, y Rembrandt, que fue quien diseñó el elefante en bronce que surca el viento sobre el radiador del vehículo. Y la plasmaron en sus obras: Ettore, en sus coches, y Rembrandt, en sus esculturas.

Bugatti_Royale_Sinsheim

Ettore estudió Bellas Artes, como no podía ser menos dada la influencia paterna, pero pronto se decantó por el runrún de los motores. Muy joven, a los 17 años, trabajó en un taller de bicicletas. Pero pronto lo dejó para diseñar su primer automóvil en 1901. Asociado con el barón Dietrich, juntos lanzaron al mercado los modelos Tipo 2, 3 y 4 (bajo la marca Dietrich-Bugatti). Cinco años después, decidió trabajar por su cuenta, y construyó su primer Bugatti, el Tipo 13, un deportivo de 1.327 centímetros cúbicos, con doble árbol de levas. Un auténtico pura sangre de carreras que le permitió forjarse un nombre en las competiciones de coches.

Ganar carreras estaba bien. Pero Ettore quería más. Deslumbrado por los Rolls Royce y los Hispano Suiza, decidió fabricar modelos que superaran en prestigio y lujo a los fabricados por estas dos marcas. Así vio la luz la saga Royale. De proporciones colosales, el Type 41 destacaba por la fabricación minuciosa, laboriosa y escrupulosa de cada una de sus piezas. Y todo unido formaba un conjunto colosal: medía seis metros de largo, pesaba más de tres toneladas, y tenía una cilindrada de 15 litros. Un enorme ocho cilindros en línea con una potencia exorbitante para la época: ¡entre 200 y 300 CV a sólo 1.700 revoluciones por minuto! La caja de cambios disponía de tres velocidades, aunque la primera sólo servía para ayudar a mover el coche en cuesta. Otras condiciones admirables del Type 41 eran sus aceleraciones rabiosas y su alto regímenes estridentes, lo que no era sinónimo de ruido, ya que se movía en un silencio considerable.

E igual de considerable, y cuantioso, era su precio. Sólo el motor y el chasis desnudo costaban la friolera de 500.000 francos, 25 veces más que uno de los clásicos de la época, el Peugeot 201. Poco dinero si nos atenemos al lema de la compañía: ‘Nada puede ser demasiado hermoso. Nada puede ser demasiado costoso’.



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