Quiénes somos

Una revista diferente:

Filosofía

Contacto

c/Velázquez 105, 4ª planta
28006 Madrid
Tel.: 911 123 615 - Fax: 902 93 32 41


Así se fraguó el desastre económico español

La economía española comenzó bien el siglo, pero su rumbo se torció en la mitad de estos quince años. La crisis global y la mala gestión del Gobierno de Zapatero tuvieron la culpa. Aún estamos intentando recuperarnos.


Share   

Por

La ambición por entrar en la unión monetaria marcó el principio del año 2000. El presidente del Gobierno, José María Aznar, puso al frente de la Oficina Económica al prestigioso Juan Barea para cumplir los objetivos exigidos por Bruselas. Y lo logró. ¿Mereció la pena? Juan Velarde estima que sí. “La mejoría ha sido evidente. Se sanearon las cuentas y aumentó el mercado”, señala el catedrático emérito de Estructura e Instituciones Económicas de la Universidad Complutense de Madrid.

España podría haber escogido no entrar en el euro. Así lo hizo Reino Unido, y el resultado para ellos ha sido óptimo. Pero nuestros gobernantes eligieron la solución contraria. El profesor Velarde afirma que fue la mejor. A pesar de ello, lamenta que el Gobierno de Aznar no terminase de consolidar el importante momento de crecimiento económico español.

Íbamos bien. La política económica diseñada por Rodrigo Rato era “la adecuada” para mantener un impresionante aumento medio anual del 3,5% del PIB, el periodo de crecimiento más alto de la economía española desde el año 1975. Pero llegó el atentado del 11M y lo que él llama como “algunos sustos colectivos generales”. Por ejemplo, el relacionado con el temor a la energía nuclear. Estos sustos generales “han hundido la buena marcha de la política económica”. Y lo que es peor, dieron paso a lo que Juan Velarde califica como “el mayor desastre en política económica desde hacía muchísimo tiempo”: el Gobierno de Zapatero.

En opinión del profesor, sus desatinos solo son equiparables a los que cometió Marcelino Domingo en el primer gobierno de la Segunda República. “Importaba trigo cuando se había producido una gran cosecha, de modo que hundía el campo, y cosas por el estilo”, explica. Reunía méritos que le hicieron pasar a la historia de España por su capacidad de hacer las cosas mal, un atributo que también acoge Zapatero en materia económica. Lo reconocen en libros sus propios colaboradores.

Su principal error ha sido el aumento de la deuda pública. “No había alcanzado ese nivel sobre el PIB desde el año 1850”, explica Juan Velarde. Lo paradójico es que el incremento del principal culpable, el gasto público, comenzó con Aznar. “La burbuja empezó a inflarse con él, no con Zapatero”, señala Pedro Fraile, catedrático de Historia Económica de la universidad Carlos III. “Pero sus porcentajes de crecimiento del gasto, del 1,5-2%, eran ridículos comparados con lo que vino después. Con Solbes se produce un incremento sin precedentes”, reconoce. Según Fraile, el gasto público subió de alrededor de 120.000 millones a 180.000 entre 2004 y 2011, periodo en el que Zapatero estuvo en el cargo.

Su ministro de Economía aumentaba cada año el presupuesto entre 7.500 y 8.000 millones. “El ritmo de crecimiento del gasto público no tiene parangón en Europa”, sostiene Fraile. Buena parte de culpa la tuvo la política monetaria expansiva de los bancos centrales. Su facilidad para poner dinero en el mercado se comprueba en el crecimiento del indicador monetario que lo refleja (M3). “Endeudarse era casi gratis por la irresponsabilidad de los bancos centrales”, añade el catedrático de la universidad Carlos III.

Zapatero llevaba en su programa una serie de medidas inaplicables porque no esperaba ganar las elecciones. Las más relevantes eran las relacionadas con las energías renovables. Las veía como el nuevo motor de la economía. Su coste, especialmente gravoso por las subvenciones, no estaba muy explicado y repercutía directamente en la expansión del gasto público. Además significaba pagar más por la electricidad.

Mientras la economía marchaba bien y la recaudación fiscal se mantenía a buen nivel, no pasaba nada. Incluso había algún año de superávit en las cuentas del Estado. Los problemas llegaron cuando se hundió el sector inmobiliario y se declaró la crisis global que arrancó en Estados Unidos. Ambas situaciones juntas fueron una bomba. “Pocos países estaban tan mal preparados como el nuestro. El déficit público creció a una velocidad de vértigo”, recuerda Pedro Fraile. La deuda de las familias ya había subido entonces de un modo espectacular. Según recogía un estudio de La Caixa elaborado en 2012, entre 2001 y 2007 había ascendido en un 168%, frente al 80% de Estados Unidos o el 87% de Reino Unido. La cifra se dobló en los países anglosajones y se triplicó en España.

La situación obligó a tomar unas medidas financieras de gran calado para recuperar la recaudación fiscal. “La crisis podría haber sido menos profunda si se hubiera sido más responsable en la expansión del gasto público. La irresponsabilidad de José Luis Rodríguez Zapatero fue grande”, afirma Pedro Fraile. Tampoco ayudó que se tardara tanto tiempo en reconocer que hubiera crisis. Hasta 2011 se negaba su existencia o se decía que era culpa de otros. Más tiempo perdido para gestionar la delicada situación económica en la que aún estamos inmersos. Medidas postreras como el Plan E o los 400 euros no tuvieron mucha eficacia por estar centradas en el corto plazo. Solucionaban problemas del momento, pero no servían para el largo plazo.

Posteriormente, la deuda ha seguido aumentando. Ya es del doble que antes de la crisis. Liquidarla va a ser un proceso lento. “Requiere de crecimientos estables y de recaudaciones fiscales decentes. La solución no va a llegar en un periodo de menos de diez o quince años”, sostiene Fraile. Pagar los intereses de la deuda se lleva una parte importante de los Presupuestos. En concreto, el 10,2% este año (35.490 millones de euros, más del doble que en 2008). “Muchas becas dejan de darse por culpa de este tema. Si los tipos de interés son bajos, el pago de la deuda no será asfixiante. Pero tendrá que seguir el crecimiento de la economía”, señala Pedro Fraile.

La crisis ha dañado ostensiblemente la imagen de algunas instituciones importantes. Por ejemplo, del Banco de España. “Tras la entrada en el euro, su misión pasaba por tener un buen servicio de estudios, que reflejara cómo están las cosas, y ejercer de modo implacable la vigilancia del sistema crediticio. Lo primero lo ha hecho bien. En lo segundo se encogió de hombros ante la alegría general en la concesión de los créditos”, señala Juan Velarde.

El endeudamiento público y privado y la inoperancia ante la crisis propició la llegada del Gobierno de Mariano Rajoy. Con él aparecieron medidas duras encaminadas a flexibilizar el mercado de trabajo, poner orden en las cajas de ahorros, frenar el avance impetuoso de la deuda pública y eliminar barreras creadas por la existencia de empresas públicas.

Para Juan Velarde, estas decisiones del Gobierno son serias, están bien hechas y han producido unos resultados aceptables. Lo reflejan las estadísticas internacionales en referencia a nuestro PIB, empleo y mercados exteriores. Pero hace falta más: “Hay que liquidar barreras económico- administrativas que son diferentes en cada comunidad autónoma, y mejorar nuestra situación tecnológica lo más rápidamente posible”, dice. “Las autonomías son un complemento tremendo al sector público. El porcentaje de las que están cumpliendo y aliviando el peso del Estado es reducidísimo. No piensan más allá de que tal maravilla se lleve a cabo aquí, con el consiguiente endeudamiento. Además se producen corrupciones intolerables, como la del carbón en Asturias o los ere en Andalucía”, añade. Por eso la Ley de Unidad de Mercado ha sido uno de los grandes objetivos del Gobierno actual.

Pedro Fraile afirma que habría desarrollado las reformas de otra forma: “De un modo más liberal. Con un recorte más decidido del gasto público. Montoro no es liberal. Su estrategia ha sido subir impuestos de modo progresivo, y cortar poco el gasto público en comparación con lo que se había inflado. Tiene sentimientos socialdemócratas. Ve el Estado del Bienestar como parte fundamental de la red de derechos de los ciudadanos y ha conseguido tocarlo lo menos posible”.

En opinión de este catedrático, el Estado de Bienestar debería acercarse más a criterios de mercado. Que los famosos copagos se adoptasen de un modo más decidido. “Pero con recortes muy tímidos, casi se ha producido una revolución. La recuperación sería más rápida si se actuara de un modo más atrevido. Al final manda la política”, sostiene.

Bajando impuestos y gasto público la situación habría mejorado antes, según este profesor. En cualquier caso, en su opinión, lo mejor es que los ajustes se han producido sin los condicionantes de una intervención. “Se puede hablar de un éxito moderado de la actual política económica, frente al desmadre que había antes”, sostiene Pedro Fraile. Aún así, se ha producido un rescate del sector financiero. Aunque no fue necesario usar todo el dinero que la Unión Europea puso a nuestra disposición, sí ha supuesto un nuevo empujón hacia arriba de nuestra deuda pública.

Lo que está claro es que queda mucho trabajo por hacer. “El descenso en la tasa de paro no va a ser rápido. Las siguientes generaciones van a heredar el alto desempleo, junto con el déficit”, mantiene Pedro Fraile. Este experto lamenta que no haya una estrategia a corto plazo para resolver problemas. “Hay fallos en el sistema educativo, en la cultura empresarial, hay desconfianza a la hora de contratar… Hay que acabar con la cultura del trabajo fijo y la dificultad del empresario a la hora de ofrecer empleo”, dice. Al mismo tiempo, sostiene que tenemos un problema con la cualificación que no se resuelve en una legislatura: “El capital humano es nuestro talón de Aquiles. No podemos tener un alto nivel de formación cuando la tasa de abandono escolar es del 20%, del 30% en algunas ocasiones”.

En cualquier caso, no todo es negativo. Ni mucho menos. Entre los aspectos más positivos está que la economía española va a salir claramente transformada después de esta dolorosa crisis. En gran parte hay que agradecérselo a la internacionalización de nuestras empresas.

Firmas españolas de todos los tamaños hacen negocio casi en cualquier parte del planeta. En buena medida era impensable hace diez años. Esta tendencia irá cada vez a más gracias a la considerable mejora de nuestra renta de situación (ventaja económica de la localización de nuestro país). La ubicación de España es perfecta para operar con todo el mundo. La conexión del tráfico marítimo del Pacífico con el Mediterráneo nos sitúa en una situación inmejorable para facilitar el comercio con China, Corea del Sur, Singapur u Holanda. Si países como Suiza han sacado partido de su localización para elevar su nivel de vida favoreciendo las situaciones económicas de Alemania, Francia, Italia o el Danubio, o Irlanda lo ha logrado gracias a su tránsito con América del Norte, su dominio del inglés y diversas facilidades, ¿por qué no va a conseguirlo España?

Es cuestión de aplicar una política económica razonable para nuestro país. En nuestras manos está elegir a quiénes pueden hacerlo. Los populistas no parecen, sin duda, los más apropiados. El problema, según Velarde, está en que los mismos que están contentos con la marcha de la economía parecen descontentos con la actuación del Gobierno en otro tipo de cuestiones. Habrá que ver qué deciden estos votantes en las próximas elecciones. En opinión del catedrático, ceder a la seducción del populismo aseguraría el cataclismo. Pero él, que tiene experiencia, también sabe que en España somos muy proclives a cometer errores y comentarlos luego. Ocurrió con Zapatero. “Veremos si somos capaces de comprender la exigencia de una política seria o no”, dice.

La sociedad civil parece aún desorientada por los pasadizos, laberintos del Estado de Derecho de un pasado volátil. Cuesta crear el marco jurídico futuro: ya no puede ser intervencionista ni ahogar el mercado global. Algo está muriendo mientras nace algo novedoso desconocido en el pasado. No es la hora de las nostalgias feudales; es momento de adelantarse al futuro inédito.



ÍNDICE




El medio de la generación multimedia

Siguenos también en: · Facebook · Twitter



Copyright © capital.es. Todos los derechos reservados | Política de privacidad y protección de datos | Aviso legal