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Manuel Pimentel: “No se puede decir que vas a bajar los impuestos y subirlos”

Este ex miembro del primer Gobierno de Aznar mira con interés la política, aunque no piensa volver a ella. La reforma laboral le parece positiva, pero la carga fiscal le resulta demasiado dura.


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En vivo tiene la misma imagen que transmite a través de la televisión. Un hombre tranquilo, abierto a escuchar y a dar su opinión respetando otros puntos de vista. Estas cualidades son perfectas para un mediador de conflictos, tarea a la que se dedica en la actualidad. Entre otros, ha trabajado en los ERES de Coca-Cola y Aena. Junto a este empleo desempeña su labor como presidente de la Asociación Española de Consultoría, un sector que emplea a 140.000 personas, y dirige la Editorial Almuzara. Su retirada de la política le permite dar su visión desde fuera y con la autoridad de quien ha estado en primera línea de la vida pública.

El paro es el problema que más preocupa a los españoles. La tasa de desempleo baja muy lentamente, y aún estamos por encima del 20%. En los años 2006-2007 descendimos al 8%-9%. ¿Podemos volver a esas cifras?
Dependerá de las circunstancias internacionales y de nuestro propio buen o mal hacer. Si seguimos con una política de reformas, abriéndonos, sería posible. Este año se van a crear unos 600.000 puestos de trabajo. Si estuviéramos tres o cuatro años con una intensa creación de empleo, podríamos volver a ponernos en unas tasas muy razonables. Si damos marcha atrás en las reformas, si hacemos los mercados más rígidos, el desempleo, lógicamente, va a aumentar.

De momento parece que solo hemos visto la cara amarga de la reforma laboral. Se despide con mayor facilidad y los salarios son más bajos.
La reforma laboral ha sido claramente positiva. Antes de que existiera, como no había flexibilidad, las empresas despedían. Ahora tienen ertes (expedientes de regulación de empleo temporales), se pueden modificar convenios, condiciones… Gracias a ella se han salvado 300.000 puestos de trabajo. Eso no se ve, pero es muy importante. Además, ha disminuido la cantidad de crecimiento económico necesaria para crear empleo. El año pasado surgieron 300.000 con un aumento del 1,4% del PIB. El problema es que dos de los cuatro millones de parados no tiene ninguna cualificación. Las políticas activas (formación, orientación, intermediación) son importantes para casar oferta y demanda. Ahí somos poco eficientes y hay un campo tremendo.

¿Cree, como dicen algunas personas e instituciones, que hay que profundizar más en la reforma?
El mundo laboral siempre va a tener que ir adaptándose. Más allá de los despidos, que es el tema del que siempre se habla, los nuevos debates van a ser distintos. La economía se está haciendo digital. Hay subcontrataciones o equipos multidisciplinares trabajando simultáneamente en varios países. El derecho laboral tiene que ir acostumbrándose. El obrero tradicional industrial no tiene nada que ver con el trabajador que requiere la economía digital. Supongo que el marco laboral va a seguir avanzando.

Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, dijo que derogaría la reforma laboral si llegara a ser presidente del Gobierno.
No se puede derogar una reforma laboral. En todo caso, él haría otra. No sé lo que llevará a cabo. Sí sé lo que hicieron Felipe González y Zapatero. Todas las reformas laborales, incluidas las socialistas, han ido acercándonos a la media europea. Estoy seguro de que el señor Sánchez no querrá alejarnos. No querrá que seamos Grecia. Supongo que preferirá que seamos Suecia o Alemania. Si volvemos a un sistema griego, de rigidez extrema, no se va a crear empleo. Se destruirá. De todos modos, de lo que han dicho a lo que harán…

¿Cómo ve la situación en Grecia?
Su salida habría sido dramática si se hubiera producido cuando estábamos en plena crisis de los países periféricos. Ahora simplemente sería un problema más. No creo que sea ya determinante. Hay otra gran incógnita: qué pasa con el circulante que los bancos centrales (BCE, FED, etc.) han puesto en el mercado. Hay que ver cómo se gestiona. Por lo que se refiere a España, aunque vamos mejor, seguimos cabalgando sobre un déficit inasumible, por encima de lo que tenemos pactado. Solo hay un país (Chipre) que está por encima. Y tenemos el problema de nuestra deuda. Hay riesgos. Yendo bien, hay que ser prudentes.

¿Qué ocurrirá con los salarios?
Este año va a haber un ascenso moderado. Los sueldos de convenio se han mantenido, pero los de entrada en el mercado laboral han descendido, y los autónomos han perdido poder adquisitivo de un modo muy notable. ¿Son buenos para España los salarios bajos? No. Es normal tener unas nóminas moderadas durante un tiempo, pero deben mejorar al ritmo de la economía. No podemos ser un país de salarios bajos. Nuestra competitividad no tiene que venir por ahí. Los que somos empresa tenemos que aprender que nuestra competitividad está en el valor que obtengamos. Los sindicatos han de vincular parte de esa subida salarial a la productividad. Tenemos que hacer un esfuerzo entre todos.

Hablemos de política. Hay que ver cómo está el PP, al que usted perteneció: corrupción, divisiones, pérdida de popularidad…
De temas internos no puedo hablar con propiedad, porque no estoy dentro. A Rajoy le critican mucho, pero le ha tocado ser presidente del Gobierno en el momento más duro de la historia de España. Una crisis de caballo, todo el mundo pidiendo ser intervenido, la cuestión catalana como una amenaza permanente… Es una legislatura de una complejidad brutal. Hay que reconocer que ha aguantado el tirón.

¿Ha fallado en comunicación?
Puede ser. Rajoy no es nada populista.

¿Eran mejores los políticos en sus tiempos?
No creo que cualquier tiempo pasado fuera mejor. Los de ahora tienen otros condicionantes. Ser político es muy duro. Ahora están muy denostados. Todo el mundo les pega. Pero es un trabajo muy exigente, en la dedicación de tiempo que requiere, tiene una tensión brutal… Se ha convertido en una profesión de riesgo. Por acción o por omisión puedes haberte metido en un lío sin comerlo ni beberlo. Como cualquier institución, los políticos han sufrido un deterioro en estos años de crisis. También le ha ocurrido a los sindicatos, que tendrán que evolucionar. Les deseo fortuna. Tienen un papel muy importante en una economía abierta y occidental. Pero si no evolucionan, van a sufrir.

¿Qué le ha gustado y qué no de esta época?
En el plano positivo está que no nos han intervenido. No nos damos cuenta de lo que ha pasado en Portugal. Ha sido muy distinto. Hay que mirar las cosas con distancia. Rajoy ha sido la persona adecuada para este periodo. Vete a saber cómo hubiéramos estado y qué hubiera pasado con cualquier otro. Con Zapatero hubiéramos tenido lío. Nos habrían intervenido. Lo que menos me ha gustado ha sido el tema fiscal. Se ha puesto duro. Tampoco la corrupción. Sale continuamente y objetivamente ha afectado al Partido Popular.

¿Le sorprendió lo ocurrido con Rodrigo Rato?
No puedo hablar de las actuaciones que ha desarrollado después de haber trabajado juntos en el Gobierno. Aplico el principio de presunción de inocencia, como a cualquier ciudadano. No tengo nada que decir. No es bonito lo que vemos. El tiempo que trabajé con él fue un gran ministro. Supo negociar cuando había que negociar. Desarrolló una gran tarea. Por ejemplo, en nuestra época hubo una buena sintonía entre los ministerios de Trabajo y de Economía, cuando normalmente había sido conflictiva. Rato nos priorizaba mucho. Creo que más que otros ministerios.

¿Se ha sobreexcedido este Gobierno en la cuestión fiscal?
Si has llegado al poder diciendo que vas a bajar los impuestos, tienes que explicar a tus votantes no solo que los has subido, sino que has llegado a un nivel histórico. No puedes decir que vas a bajar impuestos y que luego sean prácticamente los más altos de Europa. Hay una contradicción. Podemos dijo que iba a subir los impuestos si gana. El que vota, ya lo sabe. El que no quiere que suban, no les votará.

Las elecciones se presentan muy reñidas.
Hay incertidumbre política, pero menos que hace unos meses. Después de las elecciones andaluzas sacamos la conclusión de que España no sería Grecia. Aquí no habría un Syriza que gobernara. Podemos se convierte en un agente más. Muy digno, muy respetable, del espectro de izquierdas, pero uno más. No va a ser la avalancha que parecía. Por otro lado, es normal que haya mucha molestia, irritación o desencanto por los casos de corrupción que aparecen todos los días. Es lógico que haya una resaca dura y que algún partido recoja ese malestar. Las encuestas no dan mayoría absoluta a nadie. Tendrán que pactar. En una democracia normal, no pasa nada. Así están todos los países europeos. A veces optan por grandes coaliciones, como ha ocurrido en Alemania, y a veces no. ¿Que nuestro grado ideológico y pasional es superior? Ya veremos qué ocurre. Los partidos políticos deben tener un programa, pero también han de gobernar un país. Si tienen que pactar, que lo hagan.

¿Lo ve posible contemplando, por ejemplo, el grado de crispación de los contendientes en las tertulias televisivas?
La política española ha sido tradicionalmente dura, áspera. Es así desde el siglo XIX. Las posiciones se expresan con dureza. No es una política amable, vaticana. Es dura, de tensión. Encerramos una dificultad muy llamativa para los grandes pactos. No pasa en otros países de Europa. El español es más idealista. Nos reflejamos más en ese plano que en el práctico. Muchos votantes prefieren los principios del partido, que el otro no se beneficie o posturas tácticas partidistas antes que el pragmatismo de aprobar una ley o un Gobierno estable que venga bien a todos. Tengo dudas. No sé si al final va a predominar el factor táctico-idealista o el práctico-recuperación. Con nuestro presente histórico, puede pasar cualquier cosa. El sentido común puede no ser el imperante. Ya veremos. De todos modos, en general, llevamos años acertando en las grandes cuestiones. La Transición fue un éxito. También la incorporación a Europa, en el bloque occidental, y a la OTAN, y estar en el batallón de salida de la Unión Europea y haber cumplido.

¿Y si no hay acuerdo?
Se puede gobernar en minoría. Lo hicimos en nuestra primera legislatura (1996-2000), y fue buena en su conjunto. Aprobamos muchísimas leyes; muchas de ellas, con sindicatos, empresarios y con otras fuerzas políticas. Se pueden impulsar muchas cosas positivas en minoría. Hicimos una reforma laboral pactada, el fondo de reserva de pensiones…

El escenario está para que vuelva al ruedo un gran negociador como usted. ¿Se lo plantearía si se lo propusiera algún partido?
No. Yo estoy fuera definitivamente. Sigo la política con mucho interés. La respeto mucho, pero estoy fuera. Me gustó, pero, como se suele decir, fue bonito mientras duró.

A mucha gente le sorprende que el PSOE haya vuelto a ganar en Andalucía, a pesar del escándalo de los ERE. Usted que es andaluz, ¿cree que hay allí mucho voto cautivo (funcionarios, receptores del PER, etc.)?
No creo en votos cautivos. Tengo mucho respeto al voto. El ciudadano es libre. Hay un porcentaje significativo de ellos que se siente de centro izquierda y entiende que el PSOE es el que le representa, con sus cosas buenas y malas. Tienen alternativas más a la izquierda y más a la derecha y no las votan tanto. De todos modos, aunque mantiene los mismos diputados, fue muy curioso que la señora Díaz sacara menos votos que el señor Griñán. Tuvo un cierto castigo. El problema es que el PP e IU tuvieron mucho más. De todas formas, es paradójico que no se haya penalizado con intensidad una situación tan complicada, con toda la apariencia de una gran red de corrupción, como ha sido la de los ERE.

Andalucía es la comunidad autónoma con mayor número de empleados públicos. En el primer trimestre ha sido la región en donde más han aumentado. ¿Cree, como dicen algunos, que el sector privado es el que ha pagado la crisis?
Me remito a la Encuesta de Población Activa (nota de la redacción: la entrevista se hizo en junio). El sector privado ha perdido tres millones de empleos y el público está prácticamente como estaba. En la última EPA se advierte que se vuelven a crear funcionarios. En cuanto nos relajamos, el sector público crece de nuevo de forma llamativa. Ya han vuelto a llamarnos la atención desde Europa. Creo que el sector público no tiene que estar descontento. Todo lo contrario. El que ha sufrido es el privado. Los salarios públicos siguen siendo superiores.

¿Habría que repensar el modelo de las autonomías?
¿Son mantenibles? ¿Tendremos que recentralizar algunas competencias? ¿Tiene que haber duplicidades? ¿Hacen falta diecisiete permisos cada vez que cambiamos de región? ¿Dieciocho licencias? Es un debate muy sustancial que ahora mismo no está planteado por ningún partido.

¿Cree que la vida para los empresarios es fácil en España?
Van surgiendo leyes que favorecen. Pero venimos de un sistema, unas sociedades, una forma de pensar, unos hábitos de la Administración… Queda mucho por hacer. Pasan años hasta que obtienes la licencia de apertura de cualquier establecimiento. La Hacienda es dura. Las cuotas de la Seguridad Social son las segundas más altas de Europa, por detrás de Francia. En el país con menos empleo y más desempleo del mundo tenemos los segundos impuestos sobre el trabajo más elevados del continente. En estos años de crisis ha habido algunos elementos muy positivos. La internacionalización de las empresas españolas es un cambio estructural que ha llegado para quedarse. En la parte negativa, se ha sufrido mucho. Ha habido abusos, corrupción. Una parte de la población española ha ido perdiendo la confianza en la economía de mercado y en el mundo de la empresa. En las encuestas se nota cómo ha bajado su valoración por parte de los ciudadanos. España es ahora uno de los dos países del mundo con menos confianza en la economía. De cara a la competitividad, a los discursos de un mundo que evoluciona rápido, nuestra sociología va a otro ritmo.

Bonito panorama estamos dejando a los jóvenes. ¿Serán capaces de sacarlo adelante?
Son conscientes de que van a tener que luchar. Han visto a sus familias pasarlo mal estos años. Saben que, cuando todo cae, solo te sostienen tus conocimientos, experiencias o tu capacidad de aportar valor. ¿Qué puede pasar? Creo en las sociedades que respetan al individuo, en la capacidad individual, la creación de empresas. Todo ello compensado con políticas sociales para que nadie quede atrás. Pero en España no hay proporción. Hay mucha más gente corporativa, estatista, y falta gente que decida, que tenga capacidad de crear, de poner esfuerzo en la empresa donde está. Tenemos mucha tarea por hacer. Lo paradójico es que, donde hay déficit, se concentra la responsabilidad, los impuestos, se habla de más impuestos… Ciudadanos, que da una de cal y otra de arena, habla de más rigidez y más impuestos. No es lo que necesita ahora la economía española. Solo pido que nos situemos en la media europea: en la norma laboral, en los impuestos, en el despido… La sociedad española saldría ganando mucho.



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