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El coche que cambió el destino de BMW

El BMW 1500 reflotó las cuentas de la marca, casi en quiebra, e inspiró líneas posteriores.


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Calidad, seguridad, tecnología e innovación. Un fantástico póquer de ases que ha definido a la Fábrica Bávara de Motores (en alemán, Bayerische Motoren Werke, es decir, BMW) desde su fundación en 1916. Por aquel entonces, los ruidos que sonaban en sus talleres no eran de motores de coches, sino de aviones, para la también legendaria marca Fokker. Pero no fue hasta 1928 cuando BMW dio los primeros pasos en el mundo de las cuatro ruedas. Y lo hizo con el popularmente conocido como Dixi, que ya presentaba una tecnología innovadora. Una constante que no decayó a lo largo de su historia. ¿Adivinan quién lanzó el primer motor de seis cilindros? Fue BMW en 1933.

BMW_1500_sedan

Pero durante la II Guerra Mundial, los aliados no tuvieron compasión con la fábrica de Múnich, que había suministrado material al Ejército alemán, y la destruyeron. Un duro golpe del que no se recuperó hasta 1952, cuando retornó a su actividad productiva. Todo un calvario, porque su gama no estaba acorde con los gustos y las necesidades del momento: limusinas pasadas de moda, un roadster que no se vendía… y una competencia (Opel, Ford y Mercedes) con berlinas muy competitivas.

Al borde la bancarrota, los principales accionistas de la marca, Herber y Harald Quandt, apostaron por un automóvil familiar para la clase media. Nacía el BMW 1500. Su puesta de largo tuvo lugar en el Salón del Automóvil de Francfort de 1961, y, a pesar de su apariencia convencional, revolucionó a todo el mundo.

Su monocasco, sobriamente vestido por el estilista italiano Michelotti, atrajo tanto como su suspensión independiente a las cuatro ruedas, simple a la par que eficaz: tensores delanteros y brazos traseros semilibres MacPherson. Un motor de 80 CV, cuatro cilindros en línea, las líneas rectas de la carrocería, parrillas tipo riñón, el habitáculo alto, los pilares delgados, el capó y el baúl chatos… conformaron un estilo que pronto se convirtió en santo y seña de la marca muniquesa. Todo cuidado al detalle, sin estridencias.

El objetivo no era otro que cada accesorio, cada mando, cada equipamiento fuese práctico y sólido. Lo que unido a su elegancia, su interior refinado y confortable, y sus excelentes cualidades en carretera, hiciesen que todo aquel que lo guiara sintiera como suyo el lema de la compañía: Aus Freude am Fahren (Disfrutar conduciendo).

 



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