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La banca quiere recuperar la confianza

Tras el desbordamiento sufrido a causa de la crisis económica, las aguas en la banca parece que vuelven a su cauce. Aun así, todavía hay ‘gotas frías’ que pueden complicar el desempeño normal de su actividad.


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Tras la tempestad, viene la calma. Este dicho bien podría aplicarse al sector bancario español. Tras ocho años navegando en la galerna de la crisis, la cuenta de resultados de los principales bancos (aquellos que cotizan en el Ibex 35) llega hasta los 9.816,3 millones de euros hasta finales de septiembre. Es decir, un 14% más que en el mismo periodo del año anterior. “La evolución de los balances ha sido positiva durante 2015”, destaca Paula Papp, analista de banca de AFI.

Cierto que se atisba una recuperación tras una travesía por aguas turbulentas. No menos evidente es que lo hace en una economía que comienza a reorientar su rumbo. Y que hay un entorno de bajos tipos de interés fruto de políticas monetarias expansivas, así como una regulación y una supervisión cada vez más exigentes. Al estar los tipos bajos, el negocio bancario minorista sufre. Es difícil sacarle rendimiento. “El margen básico crece más por el abaratamiento del pasivo que por el incremento de los ingresos típicos de la actividad bancaria que realmente sigue sin despegar, sin ritmo de crucero”, matiza Francisco Isidro, profesor de Finanzas de Esic.

Por eso recurren al carry trade, a invertir en financiación en deuda pública. “El entorno sigue siendo complejo, pero mejor que hace un año. Las incertidumbres se van disipando y de lo que se trata ahora es de mantener ese tono de mejora y despejar las potenciales fuentes de inseguridad”, aseguró José María Roldán, presidente de la Asociación Española de Banca (AEB) en un encuentro financiero.

Y es que la reestructuración ha sido de órdago: entre 2008 y 2014 se han llevado a cabo provisiones por 290.000 millones de euros (alrededor del 27% del PIB). “Después de los fuertes saneamientos de años atrás, se aprecia también una mejora en la cuenta de resultados por el descenso de las provisiones”, indica Francisco Isidro. Es decir, que ya no entran créditos en mora tan rápidamente, aunque sigue siendo un lastre importante.

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También se han cerrado 14.000 oficinas y se han rebajado las plantillas en un 27% durante la tempestad. “Los nuevos créditos son superiores a los dados en años anteriores, los préstamos hipotecarios están creciendo, así como el dinero dado a consumo y a empresas no inmobiliarias. Pero no alcanzan a compensar la caída de las amortizaciones en algunos segmentos”, apunta la analista de AFI. Y añade: “Aunque se ha reducido el negocio mayorista de renta fija, continuará haciéndolo. Sigue aportando mucho, pero cada vez menos”.

¿Cuál es la gran debilidad? “Está en el ROE [Rentabilidad de los Recursos Propios] que se ha reducido a la mitad desde el inicio de la crisis”, apunta el profesor de Finanzas de Esic. Por eso, y de cara al futuro, la banca deberá remar intentando mejorar el ROE, acercarse todavía más al mercado y a los clientes, y cumplimentar un balance sólido a la par que cumplir los requisitos que se les imponen. Resumiendo: el negocio tradicional mejora poco a poco, una toma de aire que no se refleja todavía de manera clara en la cuenta de resultados. A la par, cae el negocio mayorista, y el minorista es difícil que pueda tirar. Sin olvidar que uno de sus principales desafíos es recuperar la confianza de la sociedad y las denominadas cláusulas suelo tendrán un impacto importante en el margen de las entidades y en su cuenta de resultados.

Cambio de piezas. La reorganización de las cúpulas directivas ha sido otro de los hechos relevantes acaecidos durante 2015. Y por diferentes motivos. Así, por ejemplo, el Santander movió fichas con la finalidad de ser “el mejor banco comercial para nuestros equipos y clientes”, según afirmó su presidenta, Ana Botín. Simplificó su estructura, rebajando el número de divisiones (de 15 a 10), así como el de directores generales (un 25% menos). “Está acorde con el nuevo estilo de banca que quiere imponer”, señala Robert Tornabell, profesor de Finanzas y ex decano de Esade. Y Francisco Isidro, profesor de Finanzas de Esic, añade: “Se trató de un movimiento natural, lógico, casi obligado y muy esperado aunque no por ello con un tremendo calado por su mensaje de fondo dentro y fuera del banco”.

El BBVA, por su parte, no solo cambió a su consejero delegado, sino que reorganizó su estructura con el fin de ‘atacar’ el universo digital. “Su punto de mira son las plataformas digitales, la banca online y electrónica”, añade Tornabell. Sabadell también incorporó nuevos directivos para impulsar los proyectos en el exterior y para la integración del banco británico TSB, y CaixaBank cambió la disposición de algunas de sus piezas para, de esta manera, culminar la reordenación del grupo financiero y su acomodo a la aplicación de la ley de cajas.



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