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Análisis: Acuerdo sobre el Clima de París


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Debemos estar contentos de que se haya alcanzado este Acuerdo Global sobre el Clima, a pesar de las muchas limitaciones que el mismo contiene. Había una necesidad reconocida para llegar al mismo, lo que ha sido un factor determinante para su éxito; pero no ha estado exento de dificultades hasta el último momento: una sola fundamental palabra estuvo a punto de dar al traste con el mismo. Pero todavía debe pasar el examen de ratificación que debe ser en Abril del 2016, con al menos 55 países que representen por lo menos el 55% de las emisiones, igual que el Protocolo de Kioto. Entraría en vigor en el 2020.

Los planes específicos de reducción de emisiones dependen de cada estado. Al no ser legalmente vinculantes ha permitido la implicación de Estados Unidos y la participación de China, cuyas emisiones conjuntas actuales representan más del 40% del total. No hay objetivos cuantitativos ni indicación de un precio para el carbono. Hay el compromiso de presentar planes de reducción de emisiones y de revisarlos cada cinco años en un marco de transparencia.

El acuerdo representa un enorme paso en la lucha contra el calentamiento global. Un mensaje a nivel planetario que nos dice que comienzan a soplar vientos de cambio después de más de veinte años de negociaciones infructuosas (las 21 reuniones de las partes del UNFCCC) y fracasos estrepitosos (Protocolo de Kioto y Copenhague) que indican claramente las enormes dificultades de caminar hacia una gobernanza mundial.

Desde el ámbito científico se ve insuficiente e incoherente. La eliminación de una referencia a la necesidad de un drástico recorte cuantificado de las emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2050 al objeto de conseguir limitar el aumento de la temperatura media del planeta en 2°C. Lo que es un ejercicio de voluntarismo por decirlo suavemente, la temperatura ya es 1°C superior a la era preindustrial. Dado que las cantidades ya emitidas mantendrán su capacidad de calentamiento durante años debido a su alta vida media de residencia atmosférica, y el próximo año se superaran las 400 ppm de CO2 en la atmósfera.

Muchas personas consideran que 2°C no es un valor relevante, que durante un día los cambios de temperatura son muy superiores. Ello es incurrir en un grave error, pues significa confundir y poner en el mismo recipiente el tiempo y el clima. Un solo dato aclaratorio: en el Ártico, que es la zona del planeta que está ya sufriendo un calentamiento, hay una disminución del hielo contrastada por medidas desde satélites, tanto en extensión como espesor. Una pérdida que ya está afectando a las principales corrientes atmosféricas que determinan el tiempo en Europa.

Las responsabilidades en la preservación del clima son «comunes pero diferenciadas». El principio de diferenciación ha estado hasta el final en las negociaciones. Los países en vías de desarrollo exigían a los desarrollados su responsabilidad histórica. Finalmente, el compromiso alcanzado fija el principio de responsabilidades y capacidades diversas de los distintos Estados según sus “circunstancias nacionales diferentes”. El texto señala «la importancia de prevenir, minimizar y abordar las pérdidas y los daños asociados a los efectos negativos del cambio climático, incluyendo los eventos extremos (inundación, ciclones, etc.) y los eventos de lenta evolución (la subida del nivel del mar). Tampoco contempla las emisiones generadas por el transporte aéreo y marítimo.

Lo que no define pero si orienta el acuerdo es el camino hacia la descarbonización de la economía y poner fin a los combustibles fósiles como algo inevitable a conseguir en este siglo XXI. Es más un problema económico que tecnológico. Afecta a cerca de 55 billones de dólares en que se valora la actual infraestructura energética mundial y a 28 billones del valor nominal de las reservas actuales de combustibles fósiles. Influyendo en las cuentas de las compañías energéticas, pero también en las balanzas comerciales de los países exportadores. La reducción de las emisiones implica una compleja combinación de decisiones orientadas esencialmente a cambiar el actual modelo energético.

El éxito del Acuerdo sobre el Clima de París acordado depende no de las múltiples declaraciones voluntaristas que el mismo contiene, sino de que apliquemos lo que tiene que hacerse para que este se alcance.



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