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La poción mágica para encontrar trabajo si tienes medio siglo, o más.


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Experiencia, buen hacer, conocimientos… quienes tienen más de 50 años llevan en sus alforjas estas y otras capacidades. Sin embargo, no parecen ser suficientes para estar incorporados al mundo laboral, ya que 1,1 millón de ellos están en las filas del paro (uno de cada cinco del total de desempleados, según las estadísticas del INE). ¿Qué les hace tan poco atractivos? Las empresas prefieren savia nueva, con salarios más bajos, y a quienes pueden amoldar mejor a sus exigencias. “Conseguir trabajo después de los 50 no es sencillo, pero no tiene por qué resultar imposible”, resalta David Monge, director general de Nexian.

¿Cuál es la poción mágica? En esta particular marmita hay que echar una serie de condimentos que se antojan imprescindibles. Para empezar, nada de caras largas. La confianza en uno mismo es fundamental. Si uno entra en la entrevista de trabajo con cara de pocos amigos, el seleccionador rápidamente escaneará nuestro estado de ánimo, y el resultado no será positivo. Hay que atravesar la puerta del despacho erguido y esperanzado, con seguridad, sin titubeos.

mayor50

Y aunque internet nos suene a chino, hay que esforzarse lo máximo para estar presente en la red. No en vano, se trata de una herramienta más que nos puede ayudar a encontrar empleo. No solo hay páginas específicas, sino que las diferentes compañías navegan a través de la misma para encontrar más información acerca del candidato. De esta forma seremos más visibles. “Hoy es impensable no tener tu currículum en Linkedin. Además, la red está llena de consejos para crear el perfil más adecuado”, subraya Monge.

Además, ser mayor de 50 es sinónimo de experiencia. Esta materia prima no la poseen otros candidatos de menor edad, por muchos estudios que tengan. Llegar, y estar al cien por cien, no es fácil para gente bisoña. Tampoco hay que encerrarse en banda y querer conseguir, sí o sí, un puesto similar al que hasta entonces se ha tenido, y en el mismo sector. El abanico es mucho amplio. Cambiar enriquece. Un simple curso puede ser el trampolín para dar el salto a otro ámbito. Y, si no ha habido suerte, recuerda que convertirte en tu propio jefe es otra solución.



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