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Revolución ‘startup’ en el mundo de la alimentación

Son empresas tecnológicas que han puesto su punto de mira en la alimentación. No solo mejoran la productividad de los campos de manera ecológica, sino que también nos ponen en contacto con el productor, sin intermediarios, e incluso son capaces de ofrecernos un ‘personal shopper’.


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(Artículo ganador de la XVII edición del Premio de Periodismo Accenture en la categoría de Economía Digital)

Se llama súper brócoli y tiene mega poderes porque está enriquecido en aquellas propiedades en las que destaca: antioxidante, antitumoral y energizante. Además, por su bajo contenido en calorías y alta cantidad de fibra es fantástico para adelgazar, combate el estreñimiento, absorbe grasas, y limpia el organismo de toxinas y residuos. “Incrementamos el valor de los alimentos siendo respetuosos con el medio ambiente, sin manipulación genética, y respetando el entorno. A la par promocionamos la salud y prevenimos enfermedades”, resalta Roberto Roselli, cofundador de Natural Functional Food (NFF).

Un trabajo de dos años en el laboratorio en los que esta compañía agrobiotecnológica ha seleccionado las mejores semillas a la vez que ha tratado el suelo con nutrientes. “El brócoli es la punta del iceberg. Luego vendrán otros productos como el tomate”, acota Cristóbal Aguilar, el otro socio. Teniendo en cuenta que solo cuatro países (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Alemania) copan el 50% del consumo mundial de este producto, su prioridad se centrará en los dos últimos, donde llegará a las tiendas este mismo año. Sin olvidar el mercado nacional.

Cubenube

NFF no es una gota en medio del océano, sino que forma parte de una serie de compañías, denominadas food startup, que están transformando el sector de la alimentación. ¿Cómo? Rediseñando el cultivo de los alimentos, lo que comemos, cómo lo ingerimos e, incluso, ayudándonos a elegir dónde y qué compramos. Una auténtica food revolution que afecta tanto al campo (con sensores que facilitan información sobre el clima o el terreno, por ejemplo), a la industria (diseñando nuevos alimentos más sanos), a la ciudad (que se llena de huertos urbanos), y al propio hogar (facilitando la compra y preparación de los alimentos). “La población sigue creciendo y los recursos son cada vez más escasos. Hay necesidad de conseguir optimizar la producción y la creación de nuevos alimentos. Ahí hay todo un potencial”, asegura David Lacasa, socio de la consultora de innovación Lantern.

‘Big data’ rural. Drones que sobrevuelan los campos para detectar posibles enfermedades de los cultivos o aplicaciones que facilitan el abono y el uso de herbicidas. Los agricultores están cambiando el azadón por la tablet. Por ejemplo, FruitBull es una aplicación online made in Spain que facilita conocer cuál es el precio de venta al público de frutas y verduras en tiempo real. Gracias a ello, sus usuarios saben de primera mano cuál es el momento ideal de recolección y compraventa, porque se dirige tanto a productores como a distribuidores. Otro caso es el de Bynse, cuyos sensores no paran de subir datos a la nube: temperatura, humedad, horas de sol, acidez del agua… ¡Incluso son capaces de tuitear cuándo las plantas deben ser recogidas! ¿Resultado? La producción aumenta en un tercio y el número de plagas se reduce. “Somos agricultura de precisión basada en datos. Gracias a ellos recomendamos cuándo y cómo regar, si hay un riesgo de enfermedad cómo solucionarlo, y cómo desarrollar la producción”, manifiesta Gonzalo Martín, su CEO. Dirigidos a medianas y grandes empresas, ya están presentes en cultivos de España, Portugal, Túnez, Marruecos y Costa Rica. Mientras que Symborg pone sus cinco sentidos en que la naturaleza trabaje a favor del ser humano. ¿Cómo? Usando biofertilizantes que dan de lado a los químicos. “Hemos descubierto un hongo que en simbiosis con las raíces de las plantas mejora su producción entre un 10% y un 30%”, indica Jesús Juárez, uno de los fundadores. Una innovación que mejora la eficiencia de absorción de agua y nutrientes, y que permite a las plantas (melones, maíz, lechuga, pimientos…) mejores rendimientos en condiciones más duras y con menos agua. De momento, ya están presentes en 19 países, y su plan de expansión apunta a la treintena a finales de 2017.

Luraki

Del campo a la mesa. Además de sostenibilidad, la responsabilidad forma parte del ADN de estas firmas de foodtech.  Porque su filosofía es la de mejorar el hábitat cuidando con mimo el medio ambiente, a través del comercio justo, o apoyando a productores locales. “Nuestra plataforma conecta a estos últimos con el consumidor ya sea en su entorno o bien cuando se desplaza a otros lugares”, asegura afirma Busto, cofundador de Luraki junto a Javier Sánchez. Y todo gracias a la geolocalización. Ese primer paso ha dado lugar a un segundo, con una tienda online (una especie de economato virtual) donde se pueden adquirir casi 900 artículos repartidos en 30 categorías (incluyendo ecológicos). “Hemos creado un mapa de productos que son representación de los sabores de toda la vida”, añade Busto.

Y si Luraki es un claro ejemplo de lo que podríamos denominar como consumo consciente (o responsable), Buyfresco lo es en el campo de food curation. ¿En qué consiste? En hacer una selección minuciosa, pormenorizada y personalizada de productos y marcas. “Enviamos a los clientes el género y las recetas elaboradas por nuestros chefs y nutricionistas para que sean cocinados por los clientes”, relata Andrés Areitio, su fundador. Cada semana diseñan un paquete de recetas que previamente han sido asociadas a alimentos frescos, de calidad y artesanales, incluyendo carnes y pescados. “Hablamos directamente con productores y distribuidores de primeras marcas. Y pedimos bajo demanda solo la cantidad exacta para cocinar la receta. Así el cliente no tira comida”, matiza Areitio.

Buyfresco

¿Es usted quien sigue haciendo la compra? Si en su móvil tiene la app de Radarprice podrá ahorrarse un dinero. Su funcionamiento es muy sencillo: basta con escanear el código de barras del producto y, si en una tienda cercana, u online, está más barato, le avisará. “Permitimos a los establecimientos añadir su catálogo de manera gratuita, mientras que los usuarios pueden añadir la información si encuentran un precio más barato para beneficio del resto”, especifica Daniel Rodríguez, su CEO.

¿Y si no quiere volver cargado de bolsas? Ahí entra en juego la econveniencia, plataformas de ecommerce que permiten hacer los pedidos desde casa o desde el móvil. En ocasiones a partir de un catálogo propio, como Ulabox, que cuenta con más de 12.500 referencias de casi 2.100 marcas diferentes. “Hemos negociado directamente con ellas”, señala Jaume Gomà, uno de los creadores. Además, integran en la web las denominadas tiendas de barrio, ayudando a su consolidación y, si el usuario lo autoriza, redondean el valor del carro de la compra. Esos centimillos acaban donándolos a diferentes ONG.

Symborg

Organizados.es, por su parte, se dirige directamente al productor prescindiendo de las largas cadenas de distribución y procesos industriales. “Suponen un incremento aproximado del 40% del coste de los artículos y deterioran el buen estado de los alimentos perecederos”, matiza Ramón Pavía, su director general. Mientras que delsuper.es permite al cliente ‘teletransportarse’ a la compra. ¿Cómo? Una vez seleccionada la mercancía, esta información pasa a la figura del ‘supercomprador’. “En el 90% de los casos son mujeres amas de casa, cocineros y antiguos trabajadores de supermercados que seleccionan personalmente cada producto y mantienen un contacto directo con el consumidor”, concreta Juan Rivero, uno de los fundadores. Si lo que ven no les entra por ojos, estos  personal shopper llamarán o mandarán un whatsapp al usuario para finalmente comprarlo o sustituirlo por otro. Completado el pedido, será el ‘superrepartidor’ quien lo lleve a casa en una franja horaria determinada.

Si vive en la ciudad, y añora el campo, que no le entre morriña. Growinpallet instala, mantiene y asesora a aquellos que quieren colocar un huerto urbano ecológico en su azotea. “Se trata de convertir los espacios desaprovechados de la ciudad en un paisaje sostenible y comestible”, mantiene Víctor Pascual, uno de sus creadores.  ¿Qué tienen en común todas estas tendencias?  “Generan respuestas eficientes, efectivas y sostenibles”, señala David Lacasa. Y eso es una ventaja competitiva.



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