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Estudiar o trabajar en las antípodas

La emprendedora gallega Noa Veiga ha desarrollado en Nueva Zelanda una plataforma para ayudar a aquellos españoles que quieran trasladarse allá.


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Dos años. Es el tiempo que pasó desde que Noa Veiga aterrizó en el país ‘kiwi’ hasta que encontró al primer compatriota. Entonces se preguntó: “¿Por qué no hay españoles en Nueva Zelanda?”. Su respuesta fue clara: “¡Por desinformación!”. Ese fue el origen de Fainders, una plataforma que adoptó ese nombre en noviembre de 2015, aunque desde 2014 ya se dedicaba a apoyar, asesorar y acompañar a aquellos interesados en dar el salto al otro lado del planeta. “Quería un proyecto que uniese a mis dos países a través del cual pudiese ayudar a otros a cumplir sus sueños, a salir de su zona de confort y reinvertarse”, señala la fundadora.

La inversión inicial fue de unos 5.000 euros y la plantilla está conformada por 12 personas (todas made in Spain), además de una red de colaboradores en diferentes países. “La burocracia no es una piedra en el camino en Nueva Zelanda ya que es un país que facilita la vida a los emprendedores desde el punto de vista de inversión y burocrático”, recalca Noa Veiga. ¿Lo más difícil? Hacer todo sin recursos monetarios. “Esto hizo que utilizásemos nuestra creatividad: muchas llamadas de teléfono, colaboraciónes y, sobre todo, poner el corazón en algo en lo que creíamos”, subraya.

El coste para quien solicita los servicios es cero, ya que sus ingresos proceden de una veintena de instituciones educativas a las que representan: escuelas de inglés, politécnicos y universidades en las siete principales ciudades (Auckland, Taupo, Napier, Tauranga, Wellington, Queenstown y Christchurch). “El hecho de que esté en las antípodas es visto por muchos españoles como una oportunidad para volver a empezar o redescubrirse. Pero lo que más atrae a los extranjeros es la calidad de vida y la posibilidad de aprender inglés y trabajar”, acota Veiga. Además, la tasa de paro es solo del 5,4%. Eso sí, para poder acceder a puestos de trabajo cualificados es necesario poder desenvolverse perfectamente en inglés. Esa es la razón por la que quienes se trasladan al país lo hagan en un principio con una visado de estudiante que, además de servir para mejorar el idioma, permite trabajar hasta 20 horas semanales.

¿Cuál es el modus operandi? Una vez que la persona se registra en la web, se producen las primeras reuniones, bien via skype, bien por teléfono. Después se envía la información al interesado por correo electrónico para que vaya tomando las decisiones oportunas. Dado el paso, todo el papeleo burocrático comienza a rellenarse. “Incluso contamos con un asesor de inmigración”, relata la fundadora. Una vez producido el aterrizaje, se le asigna un ambassador en función de la ciudad que haya elegido, un expert@ de la zona que le ayudará a conocer gente, buscar alojamiento, abrir una cuenta bancaria o tramitar el IRD, que es necesario para poder trabajar, entre otras cuestiones. “Muchos de nuestros embajadores son antiguos estudiantes que vinieron al país con nosotros”, indica Veiga. Su facturación es de 80.000 dólares neozelandeses y, de cara al futuro, tienen en mente una nueva gama de servicios.



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