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La dura vida del pequeño empresario

Las pymes suponen más del 90% del tejido productivo de nuestro país y crean el 75% del empleo. Sin embargo, lejos de facilitarles la vida, se les dificulta. ¿Podemos ir así a alguna parte?


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Gregorio es un pequeño empresario de Segovia que hace lo que puede para salir adelante. A las dificultades propias de su condición (“la soledad: no hay foros de ideas, orientación; hay que llevar todo a la vez: financiación, producción, administración…), se unen las que no tienen nada que ver con él: “El Estado te pasa por encima como un depredador. La administración superflua cae sobre nosotros. Hay una presión fiscal brutal. Esto es un suicidio financiero”.

Parece increíble que las personas que crean el 75% del empleo en España tengan que soportar esto. Pero así es. “Entre el impuesto de sociedades, las cuotas sociales, los impuestos locales, regionales, verdes, etc., muchas pymes pagan entre el 40% y el 43% de sus ingresos en impuestos”, lamenta el economista Daniel Lacalle, que ha estudiado a fondo el fenómeno en su libro Acabemos con el paro. Menudo escándalo.

“El entramado legislativo español es de una densidad y complejidad muy altas”, admiten en Cepyme. Eso origina “distorsiones en el mercado y crea un elevado nivel de cargas administrativas. Todo ello tiene un impacto directo sobre nuestra capacidad de crecimiento económico”, añaden. “Nuestras empresas dedican parte de su tiempo y sus esfuerzos a tareas administrativas que conllevan un coste, en algunos casos injustificado”, concluyen.

En opinión de Lacalle, gran parte del problema está en que el Parlamento está dominado por los funcionarios. “Lo ven todo desde un punto de vista recaudatorio. Prima la visión del burócrata”, dice. Por eso las trabas legislativas se ven como algo menor: hay que reducirlas, pero eso no es lo importante. “Se han llegado a escuchar frases como qué problema hay en que los autónomos paguen una cuota de 350 euros al mes. Se justifica diciendo que cómo vamos a financiar si no la educación y la sanidad, cuando no tiene nada que ver”, lamenta Lacalle.

La realidad es que las normas y las leyes emanan como setas desde ayuntamientos, comunidades autónomas o el propio Estado para hacer la vida prácticamente imposible a muchos de los que quieren montar una empresa. “Contamos con una legislación más lenta y enmarañada que la de cualquier país de nuestro entorno. Por ejemplo, que la de Portugal”, explica Lacalle. Por eso no es de extrañar que España ocupe uno de los puestos más bajos en el informe Doing Business de facilidad para hacer negocios, elaborado por el Banco Mundial. Los autónomos, por ejemplo, soportan un auténtico vía crucis. No solo han de pagar cuotas e impuestos antes de facturar. Sus cuotas son mucho más altas que las de cualquier país de nuestro alrededor.

Aquí parece que nadie hace nada para resolverlo. “La legislación mercantil y laboral está monopolizada por los sindicatos y la CEOE”, lamenta Lacalle. Como bien saben, los sindicatos no están en empresas menores de cincuenta empleados. Y el 90% de las empresas españolas tiene menos de diez empleados. Luego las pymes no son una prioridad para los sindicatos. Y en cuanto a la CEOE, su objeto son las grandes empresas. Solo su “filial” Cepyme alza la voz cuando hace falta. “Se ha de limitar la proliferación de normas; establecer una programación, lo más cierta posible, para la promulgación de nuevas leyes, y evitar la profusión y dispersión legislativa que fragmentan la unidad del mercado nacional y afectan al normal desarrollo de la actividad económica”, apuntan.

Cambiemos de chip. Lacalle estima que solo una profunda evolución cultural en la sociedad civil puede sanear la situación. “Si no nos damos cuenta de que las pymes y los autónomos son los que sostienen este país, vamos a tener un problema siempre”, lamenta Lacalle. “Se sigue demonizando al emprendedor, al empresariado, y se sigue creyendo en los Reyes Magos, en que el Gobierno va a solucionarlo todo gastando el dinero que recauda de entorpecer la actividad de todas estas empresas”, añade.

El apoyo de la sociedad civil consigue que en partidos políticos como los del Reino Unido no haya nadie a quien se le ocurra decir que va a gastar más o subir los impuestos. Pero la clase empresarial española aún ha de superar obstáculos incluso dentro de ella. En una encuesta entre jóvenes empresarios andaluces, se les preguntaba qué preferían: subvenciones o reducción de impuestos. Respondieron que lo primero. “Partes de algo que te lleva al fracaso”, deplora Lacalle.

Mientras tanto, países como Alemania o Reino Unido están a años luz de nuestro sistema. En el Reino Unido se puede crear una empresa online en menos de doce horas y por un precio menor al de un McMenú (unos 5 euros). “Allí se enfadan si vas a la oficina”, asegura Lacalle. Todo lo contrario que aquí, donde hay que ir innumerables veces a la Administración para llevar papeles.

La burocracia es un gran obstáculo para la pyme, pero no es el único. Uno grande es el tamaño. Las pymes españolas son las más pequeñas de toda Europa. Tienen una media de 4,7 empleados. Su dimensión les dificulta ganar presencia en el extranjero o conseguir financiación. “Los problemas para acceder al crédito son inaceptables. Están lastrando la creación de empleo”, señala José Rolando Álvarez, presidente de la Confederación Española de Sociedades de Garantía (CESGAR).

Según esta entidad, unas 150.000 pymes buscan dinero para su gestión diaria (circulante) o para proyectos de inversión o expansión. Si lo encuentran, se crearán 450.000 empleos, además de los 404.000 que se mantendrán, estima CESGAR.

Las sociedades de garantía recíproca tienen como objetivo avalar a las pymes para conseguir esos créditos. Pero no lo tienen fácil. “El BCE ha subido los requerimientos de solvencia a los bancos”, señala Álvarez. Como consecuencia, “hay millones de pymes europeas sin financiación”, añade.

Aún así, según sus datos, el 83,9% de las pymes que ha pedido dinero, lo ha obtenido. El resto no lo ha logrado a ningún precio. “La financiación está al triple de coste del que tienen las rivales europeas”, señala Álvarez. No obstante, el acceso al crédito ha mejorado. Otros modos de financiación, como el crédito de proveedores, han sido las más utilizadas en los seis últimos meses, según CESGAR.

La internacionalización es otro de los grandes retos. Las pymes españolas tienen mucho potencial para vender fuera. De hecho, el porcentaje de negocio en el exterior ha crecido considerablemente en los últimos años.

Pese a muchos de estos datos, hay un buen porcentaje de pequeños empresarios optimistas de cara al futuro. Según el II Informe sobre la Financiación de la Pyme en España de CESGAR, un 46,4% de ellos espera que su facturación aumente en los próximos doce meses. Entre ellos, un 8,3% confía en que lo haga de manera importante.

Un brote verde que podría convertirse en un bosque si los políticos burócratas no se empeñaran en hacer tan injusta y dura la vida de los pequeños empresarios.



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