Quiénes somos

Una revista diferente:

Filosofía

Contacto

c/Velázquez 105, 4ª planta
28006 Madrid
Tel.: 911 123 615 - Fax: 902 93 32 41


Antonaga: casi 10.000 puntadas de hilo

Cinco maestros sastres. Experiencia a raudales. Pero, por causa de la crisis, se ven desempleados. Lejos de amilanarse, deciden dar un paso al frente y crean su propia marca: Antonaga. Trajes de hoy hechos con manos sabias.


Share   

Por

Al entrar en el Polígono La Vega de la localidad burgalesa de Briviesca  (más de 7.000 habitantes) lo primero que llama la atención es la fábrica del Grupo Siro. Más escondida, y menos vistosas, son las instalaciones de Antonaga. A simple vista, ni una (dulces), ni otra (trajes), tienen nada en común, salvo su localización. Pero, en el fondo, ambas siguen ‘vivas’ después de atravesar su particular ‘travesía del desierto’.

Si la primera acabó vendiéndose a la multinacional norteamericana Bimbo, en un primer momento, y después al grupo de alimentación Siro, la segunda vivió su particular ‘vía crucis’ en 2011. Por aquel entonces, el cierre de la empresa textil Cardenal (con 40 años de vida) dejó en la calle a casi dos centenares de trabajadores. Un durísimo golpe para muchos de ellos, que superaban el medio siglo de vida, y que desde edad muy temprana (16 años) solo habían trabajado en esta firma. “En un primer momento no nos creímos que íbamos al paro. Y la pregunta que te haces es que, con tu edad, a dónde vas. Entonces nos planteamos cogerlo nosotros ya que había producción y pensamos que era rentable con menos gente“,  recuerda José Antonio Aparicio, maestro sastre y uno de los cinco fundadores.

Socios

Dicho y hecho, el 3 abril de 2012 veía la luz Antonaga. “La administración concursal nos retrasó bastante, no nos dio ninguna facilidad. Pensamos que en tan solo tres meses sería posible comenzar a andar, pero se alargó hasta los diez meses”, señala Alberto Martínez, responsable de compras, y otro de los socios. Una vez solucionado el papeleo, su primer pedido no tardó en llegar: solo un día. Y en ese corto espacio de tiempo, cuatro personas, y en tan solo ocho horas, fueron capaces de confeccionar el primer traje a medida de la marca con destino Toledo, donde un novio impaciente lo esperaba como agua de mayo para su boda. Ese fue el pistoletazo de salida al que siguieron, ese mismo año, otras 900 prendas. Una cantidad que alcanzó la cifra de 5.000 el pasado 2015.

Desde un primer  momento, los cinco socios fundadores (los dos ya citados más Jorge Ruiz -responsable de ventas-, José Antonio Brunet -patronista-, y Ángel Ruiz -asesor estratégico-) tuvieron muy clara su apuesta: unos trajes con movimiento que se adaptaran al cuerpo. Un cóctel en el que deberían combinarse a la perfección elegancia con confort. Pero también tenían claro que no iba a ser un camino de rosas.

“Al principio llegamos a un acuerdo con el propietario del edificio donde habíamos estado, pero a los pocos días nos dice que debemos dejar libre la planta de abajo”, rememora Jorge Ruiz. Cuál no sería su sorpresa cuando en ese espacio iba a abrir… ¡un bazar chino! Todo un mazazo para quienes querían llevar la calidad por bandera. De ahí que decidieran buscar otro local y acabaran instalándose en el polígono de la localidad.

Antonaga1

“Ni siquiera estaba el suelo echado y la gente del pueblo, con camiones y tractores, nos ayudó a trasladar la maquinaria“, manifiesta José Antonio Brunet. Artilugios que no compraron precisamente a precio de ganga al Fogasa. Hoy, parte del mismo está a pleno rendimiento en el taller de 1.400 metros cuadrados. La otra parte ‘descansa’ en la nave adyacente, de 1.100 metros que sirve de almacén y en donde también han levantado un showroom. ¿Para qué tanta máquina? Cierto que han pasado de ser ellos solos, a formar una plantilla de 36 personas. Pero teniendo en cuenta que, en Cardenal, eran casi 200… “Son  herramientas con muchos años de las que ya no hay repuestos”, matiza Ángel Ruiz.

¿Cuánto les costó dar el paso? En euros, unos 400.000 que salieron de la indemnización de 20 días que recibieron, más el dinero que pidieron a los familiares. “Ayudas de la administración y de los bancos, cero. Hemos tenido que avalar con nuestras pertenencias“, indica José Antonio Aparicio. Ahora sucede todo lo contrario. La tortilla se ha dado la vuelta, y las entidades financieras llaman a su puerta.

“Los cerca de 50 tipos de tejidos que utilizamos proceden en un 80% de Italia, aunque también utilizamos telas de Francia, de Inglaterra y de España, en concreto, de Sabadell”, acota Alberto Martínez.  Y su línea de trabajo abarca tanto la sastrería a medida (40% del total de la producción), como de ceremonia (otro 40%) y de calle (20%). En total, cada prenda elaborada por estos maestros sastres comprenden 98 piezas, 9.725 puntadas de hilo, 4,5 metros cuadrados de los mejores paños, y 127 procesos realizados a mano y con equipos especializados.

Antonaga2

De forma resumida, en el proceso de elaboración, que dura dos semanas, confluyen cuatro pasos bien diferenciados. Todo comienza con el ‘marcado’. Una vez le llega el pedido de la persona que ha encargado la prenda, se crea su ficha personalizada, en la que, sobre unas medidas tipo, se incorporan los datos concretos de ella (si hay que añadir en la manga, acortar el pantalón, etc). Una vez impreso el patrón, se realizaran las rectificaciones pertinentes. Después tiene lugar lo que se denomina como ‘cortado’, que servirá como guía para realizar el corte de las diferentes piezas (que se numeran), y el ‘ensamblado’. Unas irán a la cadena de pantalones y otras a la de americanas.

Un proceso de confección donde se aplican diferentes fases de planchado para estabilizar el tejido para que, así, no haya problemas posteriores de que encoja o dé de si. La coordinación, así como los once controles de calidad, son vitales. Por último, el ‘planchado’. Una vez unidas las piezas, resulta fundamental para conseguir el acabado deseado.

A modo de curiosidad, y en la etiqueta, cada traje lleva el nombre de la persona que lo lucirá. ¿Su precio en la calle? Entre 700 y 1.000 euros. “Depende de la tienda, del sitio, y de quien lo vende”, matiza José Antonio Aparicio. Y añade: “No podemos competir con los trajes que se venden a 150 euros y que proceden de China, Túnez, Portugal o Marruecos. Ese es el precio que nos cuesta a nosotros la tela que utilizamos en cada traje”. Eso, por norma general, porque si hablamos de alpaca, por ejemplo, esos 150 euros es lo que vale solo un metro cuadrado (y cada traje, como ya hemos reseñado, está compuesto por 4,5 metros). “Nuestro producto es de un nivel alto y competimos con marcas italianas y con aquellos que trabajan para ellos. Por precio, somos más competitivos”, concreta Alberto Martínez.

Aunque en un principio comenzaron haciendo marca blanca, hoy el 97% de su producción es marca propia. Y de los 20 puntos iniciales de venta ya han traspasado la cantidad de más de 300 en España (Andalucía, Cataluña, Castilla y León, Galicia y Asturias son las regiones en las que más ha aumentando su distribución) y quince en Portugal, donde desembarcaron hace dos años. De cara al futuro, ya están gestionando la entrada en otros países, con un plan de internacionalización de la mano del Icex. “Haremos una selección de tres o cuatro países europeos: Francia, Suiza, Italia, Reino Unido… En Alemania sí tenemos claro que queremos entrar con una red de distribución“, aclara José Antonio Aparicio. Allí, como aquí, pretenden que el gusto por el detalle y la perfección, dos de las señas de identidad que caracterizan los acabados de la firma, acaben conquistando estos mercados y que, como sucede en la actualidad, el 95% de los clientes hagan más de una compra. “En 2015 facturamos casi un millón de euros. Parece increíble cuando el primer año casi acabamos pidiendo la hora”, matiza Alberto Martínez.

Ellos luchan por preservar la subsistencia de uno de los oficios más antiguos del mundo. Incluso se han llegado a definir como ‘los últimos sastres de España’. Una frase que conlleva un deje de nostalgia por algo que fue grande y que se va desinflando. “El tejido industrial cae. Ya quedan poquitos talleres en España. Y sastre que se jubila, sastre que se pierde“, se lamenta José Antonio Aparicio.

 



ÍNDICE



Siguenos también en: · Facebook · Twitter



Copyright © capital.es. Todos los derechos reservados | Política de privacidad y protección de datos | Aviso legal