La salvación de los toros

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on telegram
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

Toda la campaña de resistencia contra la prohibición de los toros en Cataluña se ha montado en torno al concepto de “libertad”; y así le ha lucido el pelo a la campaña. Que en España se celebren o se dejen de celebrar corridas de toros nada tiene que ver con la libertad, al menos con el concepto extraviado y confuso de libertad introducido por el liberalismo: o sea, la libertad desarraigada de la verdad, la libertad como búsqueda de autonomía personal que desvincula a los individuos y los hace esclavos de lo contingente. Y la mejor prueba de que los toros nada tienen que ver con la libertad la hallamos volviendo la vista a etapas de nuestro pasado más o menos reciente, en las que la ausencia de esta “libertad” que ahora reclaman los taurinos en nada afectó a que se celebraran corridas de toros. En realidad, la prohibición de los toros en Cataluña ha sido una medida urdida no por antitaurinos, sino por antiespañoles furibundos a quienes repugna cualquier expresión cultural que les recuerde, siquiera mínimamente, a España; los antitaurinos verdaderos coinciden con los taurinos más ingenuos en abogar por la “libertad”, porque saben que basta que haya “libertad” para que los toros “mueran por inanición”. Y es precisamente la “libertad” –y no la prohibición– lo que ha acabado con la afición a los toros en Cataluña.Lo que puede evitar que la afición a los toros “muera por inanición” no es la “libertad” entendida al modo liberal, sino la “tradición”, que es su mejor antídoto. “Tradición” significa vinculación con algo permanente que fortalece nuestra identidad; algo tan firme y definitorio de nuestra natural forma y esencia que se transmite de generación en generación; algo que nos libera de la caducidad de lo contingente. La paulatina, pero imparable, pérdida de afición a los toros en España se debe, precisamente, a que las vías de transimisión cultural –de tradición– han sido cegadas: en primer lugar, mediante la destrucción de aquellas formas de vida que favorecían el arraigo y el sentido de pertenencia a una comunidad; después, mediante la propaganda desacreditadora de todas aquellas expresiones culturales de cuño tradicional; ya por último, mediante un proceso de ingeniería social que, con la golosina de la libertad, ha favorecido la “fabricación” de nuevas generaciones desvinculadas del pasado que las constituye, generaciones invertebradas a las que ha resultado sencillísimo hacer renegar de creencias ancestrales, de aficiones heredadas, de costumbres y modos de vida acuñados por sus mayores; y que, al renegar de tales modos de vida, costumbres, aficiones y creencias, creen haberse redimido de un “pasado oprobioso”. Creen, en fin, haberse “liberado” de una rémora; cuando lo único que han hecho –o que otros han hecho por ellos, de forma muy sibilina– ha sido renegar de su identidad.El hombre, decía el gran Leonardo Castellani, es un esencial buscador de vínculos; es, en fin, un ser constituido, radicalmente habitado, de “tradición”. Los apóstoles de la “libertad” son, en realidad, los odiadores del hombre, que con la golosina de la búsqueda de autonomía personal dejan al hombre inerme, arrojándolo a un páramo de intemperie donde los vínculos comunitarios, la transimisión cultural entre generaciones queda amputada para siempre. Si no deseamos que los toros “mueran por inanición”, habremos de reconstruir esos vínculos y restaurar la fortaleza de nuestra identidad, de nuestra verdad más esencial y profunda. Para lo cual habremos de empezar por desdeñar la golosina venenosa de la “libertad” que tanto le gusta paladear a los taurinos más ingenuos.

]]>

2 COMENTARIOS

  1. Sr. Prada, le admiro. Y si, la tradición crea vínculos y construye sociedades. Pero la libertad no es solamente destructora (del pasado que puede anhelarse) sino constructora de futuro.. y si, puede ser constructora de un futuro MEJOR. Me interesa el pasado… hasta cierto punto, pero lo que de verdad me interesa y debe interesar a una sociedad no son los pasados sino los futuros, el futuro es donde todos vamos a vivir. No rechazo mi pasado pero si, quiero un futuro DISTINTO, un futuro MEJOR. ¿Quien soy para juzgar a mis antepasados? nadie. ¿Pero quien soy para idear e imaginar el futuro? Soy la responsable. No me gusta vivir en un país donde la diversión se hace a costa de otros seres vivos, plateando su humillación pública a la usanza romana, con foro, aplausos, música y vítores ante la sangre. Se mire por donde se mire es así: diversión ante la sangre, toreo con muerte, jolgorio ante la tragedia de hacer daño a un ser vivo magnífico que se dice apreciar. Pues no lo es. No sé quien lo inventó, porqué se jalea, pero no, no es cultura, no es tradición a mantener, es capricho absurdo, risa ante el dolor ajeno y mala imagen. ¿Valor? Valor es ayudar al maltratado, ponerse en el lugar del otro, no tener miedo al que dirán, a no seguir los pasos dados por otros, a inventar el futuro y a ser español sin toreo con muerte, sin risa compartida ante el dolor de otros seres vivos magníficos y seductores, a amar la paz como se ama el oxígeno, con anhelo, aceptando elque te tengan por poco español o por tonto, crear algo nuevo en el páramo de las variadas indiferencias ante el dolor ajeno. Y si, niños, mujeres indefensas y seres no tan indefensos pueden crear cosas nuevas, hágase!! El mundo es raro e injusto, pongamos nuevas condiciones!! Hágase realidad los mejores deseos, olvídese el pasado cruel, y sea creado un futuro más limpio. ¿Por qué no? Por el vil metal? POr el reluciente oro y la música creada ad hoc para mitigar el dolor de la realidad? No, la realidad debe ser transformada. Y no solamente en este aspecto pueblerino de ¿que cosa sea lo español? España mola… si los españoles molamos.. lo demás es pura palabrería. ¿O no?
    Con afecto. Teresa

  2. En las corridas se aprecia espectáculo admirable y vistoso hasta cierto punto, la estocada no es algo fácil y es usual que los toreros yerren en ella, entorpeciendo la faena. Pero eso no es lo malo, sino lo que significa. La puesta en escena en la que el hombre al enfrentar un ser que lo supera en nobleza y corazón, recurra a una manera burda y desprovista de espiritualidad, para representar su sobervia rebelando como nuestra verdad mas esencial y profunda vuestra inmadurez cultural.

Te puede interesar