El trabajo invisible de los lobistas

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La paradoja del lobbista. Sin embargo, a pesar de su apretada agenda profesional, los lobistas como Andrés siguen viviendo en una situación de alegalidad en España, a la espera de que su situación se normalice mediante una ley que reconozca sus derechos y obligaciones. El último intento en este sentido se produjo hace dos años, por medio de una proposición no de ley presentada por Esquerra Republicana e Izquierda Unida, que jamás llegó a ser debatida en el Congreso. Antes el PP, el PSOE y hasta el CDS intentaron también cumplir sin éxito con los artículos 9.2, 23.1 y 105 de la Constitución, que exhorta a los poderes públicos a “dar audiencia a las partes interesadas” y a “regular” su forma de participación. El porqué de este vacío legal es un misterio hasta para los propios lobistas, que argumentan razones que varían desde el temor de los políticos a aprobar “una medida impopular” de cara a la opinión pública o la propia “desidia” para no regular algo “que apenas genera votos”. En lo que sí están de acuerdo es en la necesidad de encontrar en el menor plazo posible una solución. “Es urgente que en España haya un reconocimiento social del lobby a través de su normalización, y acabar con su  concepción amateur”. Quien habla es Fernando Golmayo, vicepresidente de la primera patronal de lobistas, APRI, que recientemente publicó un código deontológico de la profesión, en línea con lo que ya han realizado países como Reino Unido o EEUU. Mientras eso sucede, lo cierto es que profesionales como Andrés no lo tienen fácil a la hora de cumplir con éxito las demandas de sus clientes, llegando a resultar una auténtica proeza conseguir una simple cita con un representante institucional. Todo lo contrario que ocurre a nivel comunitario, donde su papel dentro de órganos de primer nivel, como el Parlamento Europeo, ha ganado aún más peso desde que en 2008 se creó el primer registro público y voluntario de lobistas del Viejo Continente. “En Bruselas, tanto asociaciones como representantes de empresas debemos ser transparentes hasta el extremo, algo que en España no sucede”, señala Santiago San Antonio, máximo responsable de Foratom, la patronal de la energía nuclear europea. En voz baja, como si fuera un secreto, muchos parlamentarios le han reconocido con frecuencia a Andrés lo “muy agradecidos” que están por la labor didáctica que realiza, transmitiendo a la clase política la verdadera implicación de cada letra pequeña que aparece en las regulaciones que deben aprobar. Pero ellos mismos también admiten fuera de micrófono que todavía no se vislumbra en el corto plazo una regulación específica del sector. Por el momento, los lobistas como Andrés deberán seguir su propio código ético basado en la confianza que genera su trabajo frente a los demás y, sobre todo, ante sus clientes. Y deberán seguir aguantando la mirada escéptica de algunos hacia su profesión. Reportaje: Carlos Sánchez Ponz. Ilustración: Ángel Navas]]>

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