Prepárense: llega el cemento natural, ligero y ¡verde!

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Todas ellas tienen en su agenda estratégica la lucha contra el cambio climático y la producción de cementos verdes. Como reconoce el director general de Medio Ambiente de Portland Valderrivas, José Ignacio Elorrieta, “estamos ante un giro copernicano” en una industria que, desde tiempos inmemoriales, ha tenido una fama de contaminante, tanto por el polvo que las rodeaba como por el dióxido de carbono que emite en el proceso de fabricación. “Si hasta ahora el cemento había sido parte del problema del cambio climático, hoy sin lugar a dudas está dispuesto a ser parte de la solución”, afirma el director de tecnología de la patronal Oficemen, Pedro Mora, que enumera en un momento algunos de los esfuerzos que está realizando la industria: fabricación de cementos con la mitad de huella de carbono o que capturen CO2; recuperación de canteras, el uso de materiales reciclados… Sin olvidarse, del uso de todo tipo de residuos –plásticos, harinas cárnicas, neumáticos, lodos de depuradoras, aceites, biomasa…– como combustibles alternativos al coque de petróleo con el que calientan los hornos. Es la gran baza del sector, porque le ayuda a reducir tanto su elevada factura energética como a emitir menos dióxido de carbono. “El año que viene el 30% de la energía procederá de combustibles alternativos, frente al 5% en 2007. Sin embargo, estamos lejos de las cementeras alemanas u holandesas que utilizan, respectivamente, el 50% y el 90% de su energía de combustibles alternativos”, explica Mora. Un retraso que achaca a los falsos mitos que todavía existen entorno a la valorización energética y a la política de vertederos, donde acaban el 60% de los desechos que generan los españoles. Cuestión de supervivencia. ¿A qué se debe esta creciente inquietud medioambiental? Los más escépticos consideran que no es más que un lavado de imagen ante una opinión pública cada vez más exigente con el respeto al medio ambiente. Puede que haya algo de marketing detrás pero, como sostiene el director general de Oficemen, Aniceto Zaragoza, “el viaje hacia un modelo más sostenible es ante todo una cuestión de supervivencia para las empresas cementeras”.  Sobre todo, en un contexto de mayor restricción regulatoria, con las autoridades ondeando la bandera de que quien contamina, paga, y de fuerte escalada de los precios de la energía, que se han duplicado en tres años y ya suponen un tercio de los costes del sector. “Si metes en la cuenta el coste de los derechos de emisión de CO2, la factura se dispara por encima del 55% de los gastos”, apunta Elorrieta. Un cocktail peligroso al que hay que unir la mayor crisis de la industria en cuarenta años. Las otrora boyantes cementeras han visto como las casi 40 fábricas que tienen en España han pasado de no dar abasto en 2007, a parar la mitad de los hornos tras el desplome del ladrillo y el tijeretazo a la obra civil. “La situación es dramática. El consumo de cemento se ha reducido a la tercera parte, pasando de 56 millones de toneladas en 2007 a poco más de 20 millones este año”,  se lamenta Aniceto Zaragoza. Como él,  la práctica totalidad de ejecutivos del sector asumen que los niveles previos al boom son historia y que, como mínimo, tardarán un lustro en alcanzar los 30-35 millones de toneladas que calculan que es la demanda natural del mercado español. Ante este negro horizonte, Portland, Cemex, Holcim o Lafarge se han volcado en un duro plan de ahorros de costes, optimización de procesos y congelación de inversiones. Además, está acelerando las exportaciones que, aunque no generan gran beneficio, sirven para dar salida al stock y cubrir los elevados costes fijos de unas fábricas cuya inversión inicial ronda los 200 millones de euros. Pero todo esto no es suficiente para aliviar la caída de las ventas y el exceso de producción. “Sobran al menos la mitad de las plantas, pero no las cierran para no perder la gran cantidad de derechos gratuitos de emisión de CO2 que no están utilizando y venden en el mercado”, advierte el socio de Deloitte, Miguel Laserna. Pero esta estrategia puede tener los días contados, dado que el año que viene se aprobará un nuevo plan de asignaciones para el periodo 2013-2020, que probablemente reduzca la cantidad de derechos gratuitos de los que actualmente goza la industria. “Es una espada de Damocles para las cementeras; no les va a quedar más remedio que desmantelar algunas de sus instalaciones”, defiende Laserna. La hora de la reinvención La cura de adelgazamiento es necesaria, pero no es suficiente para solucionar los males de un sector maduro que está abocado a una transformación de 180 grados. “La crisis nos ha venido bien para darnos cuenta que nos reinventamos o morimos”, reconoce la directiva de desarrollo sostenible de Cemex. De la misma opinión es el director general de Medio Ambiente de Portland Valderrivas: “el cementero es un señor que ha vivido muy cómodo en los últimos cien años, con un producto muy demandado, pero que ha terminado por convertirse en una commoditie”. Bajo su punto de vista, las empresas del sector tienen que “dejar de ser panaderías y convertirse en pastelerías” que elaboren además productos más sofisticados y diferenciados, con un valor añadido y que permitan abrir nuevas cotas de mercado. En el caso de Portland Valderrivas, que ya tiene a casi 300 personas trabajando en la investigación y desarrollo de nuevos productos especiales, éstos suponen ya la cuarta parte de su cartera. Entre los productos del futuro figuran los microcementos, de gran utilidad para impermeabilizar obras del AVE o solucionar filtraciones en presas, cuyo precio alcanza los 900 euros la tonelada, frente a los 70 euros que de media cuesta cada tonelada de cemento normal. También los cementos ecológicos; los que regulan la temperatura de los edificios; los hormigones transparentes; los que fraguan en pocas horas; los que son capaces de capturar bacterias… todos aquellos cementos que consigan ser el doble de resistentes y la mitad de ligeros que los actuales. Sólo así se podrá ganar la batalla a otros materiales como el acero o la madera. Mientras la sociedad demande autopistas más seguras, puentes más grandes, rascacielos más altos e infraestructuras más respetuosas con el medio ambiente, no dejará de avanzar el know-how del sector y la búsqueda de fórmulas para lograr reinventarse a sí mismo. Como bien explica María García, “la creatividad de arquitectos e ingenieros no tiene límites y nosotros no pondremos barreras para hacer lo imposible”.]]>

2 COMENTARIOS

  1. 300 personas en I+D? 25% en nuevos productos? Vender vino y fruta? Anda que si no los obligaran los ecologistas no seguirian tirando polvo!
    Y los combustibles alternativos una manera de bajar sus costes, emitiendo mas contaminantes…
    Vamos no se lo contarán a los empleados que despiden, los derechos de CO2 son gratuitos, es mas, los están vendiendo y con eso maquillan las cuentas y despiden empleados. Y si no se cierran mas plantas es por la cotización en Bolsa, que parece que es lo único que les preocupa.
    Que no nos cuenten mas mentiras!
    Manolo

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