¿Banca pública? En Dakota del Norte existe y es un éxito

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Ellen Brown, abogada y presidenta del Public Banking Institute. Con sede en la localidad de Bismark, el Banco de Dakota del Norte (BND, en sus siglas en inglés), nació para apoyar a los granjeros y negocios locales y hoy es el segundo mayor banco del estado. Recibe el grueso de sus depósitos de impuestos y tasas estatales –solo el 1,5% es de minoristas–  y paga unos intereses comparables por éstos, ya sean públicos o privados. El año pasado cerró con un beneficio de 61,9 millones de dólares. No es mucho, pensarán. Pero lo que no saben es que fue el séptimo récord consecutivo de beneficios. A ver cuántas entidades pueden decir lo mismo.  Desde 1945, el BND transfiere los beneficios a un fondo general y desde entonces ha aportado más de 550 millones –una media de 8,4 millones por año–. “Somos un catalizador del crecimiento”, asegura su presidente Eric Hardmeyer. ¿Cómo? La clave está en el acceso al crédito para fomentar el desarrollo económico del estado de Dakota del Norte. Líneas de crédito a estudiantes, granjeros, empresas y emprendedores para actividades agrícolas no tradicionales, retener empleo, invertir en tecnología, par cubrir … Pero lejos de competir con las entidades financieras locales, el BND trabaja en colaboración con ellas en una especie de réplica mini de la Fed, el banco central del país. “Las líneas de préstamo han crecido ininterrumpidamente desde 2006 y en los últimos  quince años, el BND ha contribuido al presupuesto estatal más que las tasas al petróleo”, asegura Brown. Y a diferencia de otros grandes bancos comerciales, el BND ha huido de los  experimentos financieros –no invierte en derivados– y tiene una de las tasas de morosidad más bajas del país. “La relativa fortaleza de la economía del estado y las garantías sobre la cartera de créditos ayudarán a mantener la calidad de los activos de BND por encima de la media”, señalaba el último informe de Standard & Poor’s, en julio de 2010. Como la propia Brown defiende, los bancos públicos son una solución, no sólo viable en tiempos de crisis, sino económicamente sostenible, porque operan de manera transparente según la regulación existente. “No buscan maximizar el beneficio a corto plazo con aventuras especulativas y no los dirigen los políticos, sino profesionales de la banca, ni están al servicio de éstos”, se puede leer en la web del Public Banking Institute. A los escépticos –muchos, seguro–  les recomiendo que abran este enlace  (http://www.publicbankinginstitute.org/misperceptions) que desmonta alguno de los falsos mitos sobre lo que debe ser la banca pública.  Yo me quedo con una lección: existen otras formas de hacer las cosas… y ¡funcionan!]]>

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