Familia: el futuro está en nuestras manos

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La familia. Vía shutterstock La familia. Vía Shutterstock[/caption] Como es lógico, todas estas trabas tienen sus consecuencias. Y no solo se refieren a tener pocos hijos, o ninguno. Teresa Castro llama la atención también, por ejemplo, sobre la escasa escolarización de niños de 0 a 3 años, porque las guarderías “son muy caras”. Aún así, según esta experta, las encuestas reflejan que persiste entre las españolas el deseo a tener un segundo hijo. “El problema de las parejas ya constituidas ya no es solo el 1,2 de tasa de fecundidad. Es que el primer hijo llega a los 34-35 años. Si apareciera a los 29, habría más opciones de tener un segundo. El problema está entre los 30 y 35 años, que es cuando se toman las decisiones. Ahí habría que centrarse”, dice León. Castro cree que habría que poner el foco en la transición entre el primer y el segundo hijo. “Con el primero ves los problemas: el trabajo que llevan, la conciliación con la vida laboral, la guardería…”. Precisamente ese fue el momento crítico que superaron Paco y Maite. Es verdad que eran otros tiempos y otros valores. Y también es cierto que ese cambio de valores se traduce en el elevado número de matrimonios que se rompe en la actualidad. ¿A qué se debe? En opinión de Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría, a un mosaico de factores: “Pérdida del sentido de la vida; falta de valores humanos; los mensajes tan negativos que se difunden en revistas del corazón y programas de televisión, que invitan a la separación una y otra vez; falta de modelos de identidad sanos: la mayoría de los que aparecen en los medios son modelos rotos; falta de valores sobrenaturales y de cultura… Estamos en la era del fast food –comida rápida-. Pero todo matrimonio o pareja que quiera arreglarse necesita tiempo y paciencia”. Lo peor de estas rupturas son las secuelas que Rojas ha visto en su consulta, sobre cónyuges e hijos. “Hay consecuencias psicológicas, físicas, sociales y familiares. Hay una quiebra de la armonía familiar. Muchas veces los hijos quedan marcados, aunque no siempre. Cuando la vida entre los cónyuges es imposible, puede ser sensato separarse y el resultado es positivo”, añade. Este prestigioso psiquiatra afirma que el mayor enemigo hoy de la estabilidad en las parejas es que no hay educación sentimental. “El gran error del siglo XX ha sido pensar que el amor es solo sentimiento. Es un error gravísimo, porque además es voluntad e inteligencia. Voluntad para trabajar el amor elegido e inteligencia para discernir cómo llegar a él”, dice. Cuando intervienen voluntad e inteligencia, el amor es maduro, y “no tiene fecha de caducidad”. Y cuando no intervienen, el amor es inmaduro, y de esos “hoy hay legión”. El amor maduro, obviamente, se enfrenta con problemas, pero los supera: “Hasta el mejor matrimonio tiene que pasar varias revisiones médicas”, dice Rojas. Pero de esas batallas salen padres que pueden ser un ejemplo para sus hijos. “Un buen padre vale más que cien maestros; una buena madre es como una universidad doméstica”, dice Rojas. Eso si cumplen. “No se puede esperar que los hijos practiquen lo que no hacemos”. Y eso no es fácil, aunque sí muy estimulante: “Educar es seducir mediante el ejemplo, convertir a alguien en persona, educar en valores que no pasan de moda”, añade Rojas. Desde luego, hay padres o madres que lo tienen más difícil. Los hogares monoparentales crecen, y eso es un problema. “Este colectivo no recibe ninguna ayuda. Tiene más dificultades económicas y los niños están en clara desventaja. Además, no está tan organizado como las familias numerosas”, señala Teresa Castro. Ante un entorno tan complicado, hay madres que se plantean abortar, aunque no quieran hacerlo. Para evitar ese drama han surgido instituciones como RED MADRE, que cada año libran a alrededor de 1.000 mujeres de situaciones auténticamente desesperadas. Las donaciones que reciben en esta organización permiten proporcionarles comida para los bebés, cunas, carritos, ayuda médica, legal, psicológica… En otro estrato se mueve Caritas, que ha pasado de atender las necesidades materiales de 350.000 personas en 2007, al inicio de la crisis, a 1,3 millones en 2013. Un ahorro considerable para las arcas del Estado. Aunque teniendo en cuenta que la familia es la célula básica de la sociedad, habría que preguntarse si no debería ser el Gobierno quien le hiciera la vida más fácil.]]>

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