¡Que vienen los chinos!

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Jordi Benítez

En los medios de comunicación se critica mucho a Trump y los aranceles que Estados Unidos pretende imponer a China, pero la postura que empieza a mostrar Europa no es muy distinta de la que mantiene el país norteamericano. No hay más que ver algunas de las frases contenidas en el informe Chinese Investment in Europe, un espectacular estudio elaborado por el European Think-tank Network on China (ETNC), del que forma parte el prestigioso Real Instituto español Elcano. “La inversión china en Europa puede ser una fuente de creación de puestos de trabajo, crecimiento e incluso de desarrollo y progreso tecnológico, pero también un desafío estratégico y desestabilizador, si no una completa amenaza”, señala. “Si la tecnología es adquirida fácilmente gracias al creciente poder financiero de China, se convertirá en una amenaza estratégica para la posición global económica de Europa y sus estándares de bienestar. Este creciente apetito por entrar en el mercado europeo ha de ser acogido con cautela”, añaden. Por último, y en una frase que podría firmar perfectamente el principal mandatario de la Casa Blanca, indican que “la reciprocidad en cuestiones como el comercio y la inversión se ha mostrado como una preocupación central en muchos lugares de Europa a la hora de tratar con China”. “El presidente chino Xi Jinping dijo en Davos en enero de 2017 que pondría de su parte para facilitar la llegada de la siguiente etapa de globalización. Es el momento de convertir esas palabras en realidad. Si China no abre sectores como la salud, la educación, las telecomunicaciones, la energía, el entretenimiento multimedia y las finanzas, no puede esperar encontrar continuamente las puertas abiertas en Europa”.

La inversión china en Europa se ha incrementado notoriamente en los últimos años. Los 1.600 millones de inversión directa en 2010 se han transformado en 35.000 millones en 2016. Lo que al principio se veía como una solución para los problemas económicos de un continente en crisis, se ha transformado en un temor a que la avalancha capitalista del gigante a la estabilidad y seguridad del Viejo Continente. Por eso la Comisión Europea decidió en septiembre de 2017 una nueva legislación para vigilar la inversión directa china en nuestro continente.

Lo que está claro es que a China le interesa Europa: su tecnología, su mercado (segundo más importante del mundo por detrás de Estados Unidos), el acceso que le da a terceros mercados como Latinoamérica o África, los nombres de las marcas para mejorar su capacidad de vender en el mercado chino y fuera de él, acceder a cadenas de valor integradas regional y globalmente, a marcos políticos y regulatorios estables, a una región influyente desde un punto de vista político y diplomático… Por eso está aumentando sus inversiones, aunque todavía está lejos de lo que hacen otros: su inversión financiera directa tan solo suponía un 2% del dinero extranjero que se ponía en Europa en 2015 y el total de su inversión en el extranjero tan solo llega al 10% de su PIB, frente al más de 50% que lleva a cabo Reino Unido, el 39% de Alemania, 34% de Estados Unidos o 28% de Japón.

De momento, Reino Unido es el país de Europa donde China invierte más. Le siguen Alemania, Italia y Francia. Holanda y Luxemburgo también conectan bien con ellos gracias a su atractiva estructura fiscal. España ha visto crecer su inversión desde prácticamente cero en 2008 a 4.000 millones en 2016.

Por lo que se refiere a los sectores, los que más dinero asiático han recibido son las tecnologías de la información (Internet, móviles, etc.); transporte, utilities (electricidad, gas) e infraestructuras en segundo lugar; e inmobiliario, automoción y equipamiento industrial en tercero, según el indicador FDI Monitor, elaborado por el grupo Rhodium y Mercator Institute for China Studies (MERICS). El Ministerio de Comercio chino ofrece una panorámica distinta: minería, servicios financieros y manufactura como sectores más destacados. Como se ve, la información puede afinarse.

Como concreción de estos grandes sectores, los chinos han realizado compras significativas, como una amplio número de acciones del Puerto de El Pireo en Grecia, la red pública de electricidad de Portugal, la promesa de inversiones en grandes proyectos del centro y este de Europa, como la vía de alta velocidad Budapest-Belgrado… Precisamente la adquisición de estas infraestructuras consideradas críticas en el continente son las que han puesto más sobre aviso a las autoridades europeas. “Después de años de divisiones y de inacción, este año se ha visto una sincronización destacable en los debates acerca de la necesidad de regular y vigilar la inversión extranjera en los países europeo y del OCDE”, se señala en el informe. 

Países como Francia, Alemania o Hungría se encuentran entre los que han planteado o implementado legislación en este sentido. El caso germano fue significativo: determinados políticos del país vieron la compra de su compañía de robótica Kuka por parte de los chinos como una posible amenaza para la seguridad y el liderazgo industrial de Alemania.

La inversión china no es la única que preocupa en Europa. En el centro y Este del continente se ve la rusa como una amenaza más inmediata. Francia también tiene cierta inquietud con las inversiones de Estados Unidos. Pero China muestra hoy en día algunos obstáculos que requieren de una solución más o menos rápida. “Una de los motivaciones más importantes de las empresas europeas a la hora de buscar inversores chinos es que les facilite la entrada a su mercado. Esto da a menudo una ventaja injusta a los chinos al poder apostar por activos europeos mientras el mercado chino permanece comparativamente cerrado”, señalan los autores del informe. “El apoyo del Estado chino, a través de subsidios o de financiación que llega de bancos del Estado, solo incrementa las ventajas para los inversores chinos. La llamada a la reciprocidad y una competición justa se ha hecho más sonora, pero no es particularmente nueva. Los legisladores de Estados Unidos y los europeos llevan tiempo solicitándola, pero los avances han sido muy lentos”, añaden.

Las crecientes inversiones chinas están levantando incluso ciertos recelos de implicaciones geopolíticas en los lugares donde los asiáticos han puesto más dinero. Los autores del informe ven por ejemplo a Grecia y a Hungría más reticentes a apoyar una postura más dura de la Unión Europea sobre el conflicto en el Mar del Sur de China. También contemplan más reacios a Reino Unido, Suecia y Francia a la hora de criticar la actitud china en torno a los derechos humanos. 

En cualquier caso, la inversión china va a seguir creciendo. Así lo contempla su plan 2016-2020, o Made in China 2025. Eso sí: a día de hoy, la actitud de Xi Jinping, el presidente chino, es como la de Trump; pide, incluso a las empresas privadas, “poner a su país como lo primero”, y ser “patriota”. Habrá que ver si esos intereses pueden confluir con los de otros; por ejemplo, con los de los europeos. 

 

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