Larga vida al dólar

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Jordi Benítez

La moneda estadounidense no parece que vaya a perder su papel preponderante en el mundo por mucho tiempo, a pesar de los rumores en torno al yuan chino como su posible sustituto.

Ignacio de la Torre, socio y economista jefe de la firma especialista en inversiones Arcano Partners, tiene claro que el dólar va a seguir reinando en el mundo por mucho tiempo. En primer lugar, porque la moneda estadounidense domina las transacciones del comercio global y se está haciendo más fuerte todavía.

“La Reserva Federal está subiendo tipos. Al mismo tiempo, está reduciendo su balance, a unos 40.000 millones de dólares al mes. Automáticamente, los tipos de interés suben en Estados Unidos y los activos americanos se vuelven más atractivos respecto a otros del mundo. Eso provoca una huida de capitales, especialmente de países emergentes. Un rico argentino prefiere tener su dinero en dólares a tenerlo en moneda de su país. Se produce así la apreciación del dólar frente a divisas emergentes, que actúa de catalizador de una crisis que se estaba gestando por culpa de las emergentes, no de la Reserva Federal”.

Una tesis que comparte y complementa Christian Panniker, responsable de Análisis y Soluciones de Inversión del banco privado suizo Julius Baer: “En tiempos de crisis, los acreedores utilizan la moneda de reserva (el dólar) como refugio para evitar los problemas de expropiación y pérdida de capitales en sus mercados de origen”.

La segunda razón para que el yuan no sustituya al dólar es su falta de fortaleza. “En los mercados internacionales hay menos transacciones de yuanes que de francos suizos”, recalca De la Torre. “Para que una divisa pueda convertirse en divisa mundial de reserva ha de tener abierta su cuenta de capital (inversión extranjera directa e inversión de cartera, entre otros). China la tiene cerrada. También ha de poder confiarse en ella, y esa confianza la da un banco central independiente. En China no lo hay. El Partido Comunista decide cuándo se suben o se bajan los tipos de interés”, añade. Como consecuencia de todo ello, “el comercio de Irán o de Arabia Saudí con China se hace en dólares. Si quieres vender allí tus alfombras o el petróleo, es normal hacerlo así. El dólar es líquido, convertible, te fías del precio. El del yuan solo puede ser a la baja, para poder ocultar el menor crecimiento de su economía”.

“El dólar es la única moneda del mundo que es aceptada universalmente”, incide Panniker. “Se puede entrar en cualquier bar del planeta, por perdido que esté y por dudosa que sea su reputación, y probablemente la persona que atiende la barra estará dispuesta a aceptar sus dólares contantes y sonantes. Eso forma parte del significado de la moneda de reserva internacional: las personas son conscientes de su valor en todo el mundo: calculan en dólares, comercian en dólares y, a diferencia de muchos otros tipos de cambio, saben cómo cotiza su moneda nacional frente al billete verde. En el caso de algunas economías emergentes, es un salvavidas para los particulares cuyos activos son expropiados por sus gobiernos”, añade.

De la Torre no cree que el yuan vaya a sustituir nunca al dólar; menos aún si la moneda china no lleva a cabo cambios profundos. De hecho, ve más factible que lo reemplace el euro. En cualquier caso, no es un proceso que se realice de un día para otro. “La primera moneda cuya supremacía se empezó a criticar fue la libra esterlina, en el segundo tercio del siglo XIX. La perdió tras la I Guerra Mundial: en los años 20. Ochenta años después”, recuerda el economista. “Solo una de cada doce generaciones ha visto cómo cambiaba su referencia monetaria. Resulta difícil pensar que China dé un paso al frente antes de 2030-2040 en el caso de que su aspiración sea darlo, cosa que dudo”, afirma Panniker.

Otra cosa es el efecto que la política norteamericana vaya a tener sobre el resto de monedas. La apreciación del dólar ha sido el catalizador de la crisis con los países emergentes (Brasil, Argentina…). “Cuando caen las divisas, como han caído, es como cuando el Titanic ha chocado con el iceberg: tan solo hay que esperar las consecuencias”, señala De la Torre. El gran problema es que el nivel de deuda de las empresas de economías emergentes es insostenible. “A veces están apalancadas en dólares. Es la situación contraria a la que te decían los amigos cuando te contaban que tenían su hipoteca en yenes y pagaban menos. En este caso puedes tener la deuda en dólares y los ingresos en pesos argentinos o liras turcas, lo cual degenera en una crisis bancaria tarde o temprano”, añade el experto de Arcano.

“El dólar estadounidense es la primera moneda de reserva mundial que no está respaldada por activos físicos en el sentido tradicional. En todo caso, está respaldado por el estatus de una nación con poder hegemónico mundial. Eso permite a Estados Unidos exportar deuda como respaldo para su moneda y utilizar su fuerza bruta como amenaza creíble”, explica Panniker.

Este déficit doble, agrega, es el motor principal de esta monetización, lo cual hace la prueba del algodón bastante sencilla: “Si EEUU decide mantener su estatus actual, su moneda se debilitará más allá de este ciclo, ya que el déficit aumentará otra vez. Sin embargo, si EEUU abraza una política más aislacionista, como ha hecho recientemente, el déficit doble descenderá y el dólar estadounidense se revalorizará a largo plazo.

A su vez, eso llevará a reducir el gasto en Defensa, que actualmente se sitúa en torno al 4% de la producción económica. No se necesitaría un ejército con un tamaño como el actual si el país se encierra en su torre de marfil. Si EEUU renunciara de facto a su estatus como poder hegemónico mundial, sus socios comerciales no tendrían otra alternativa que buscar otra moneda de reserva”.

Pero de momento, en cuanto a China, la incertidumbre arancelaria de Estados Unidos puede hacer que las empresas se piensen tener fábricas en aquel país o cambiar su maquinaria. China acaba de registrar su peor dato de crecimiento de inversión privada no inmobiliaria de los últimos veinticinco años. Si esa cuarta parte de la economía china deja de crecer un 4-5% como estaba haciendo, y se produce una desaceleración, eso afectará, por ejemplo, a países que le están vendiendo materias primas, como África o los del sudeste asiático.

Por lo que se refiere al euro, de la Torre piensa que está infravalorado frente al dólar: “Hoy en día puede tomarse el mismo número de hamburguesas con un euro o con 1,25 dólares. El euro y el dólar van a continuar neutrales. No es factible que el euro suba a corto plazo. La FED sube tipos y el Banco Central Europeo ha anunciado que no a va a seguir comprando bonos. Tiene un stock gigantesco, de 4,5 billones de euros. No veo una subida de tipos hasta el final del año que viene”.

En cuanto al yen, se empiezan a oír rumores sobre su posible abandono de sus clásicas políticas expansivas. Si se confirmara, se apreciaría frente al dólar.
La evolución de la libra depende del acuerdo politico al que se llegue sobre el Brexit. Si hay un buen acuerdo puede subir un 10%; si no lo hay, podría caer un 15% y el Reino Unido entraría en recesión.

Lo que está fuera de toda duda es la continuidad del patrón oro. Es una discusión más bien teórica. “No habría oro suficiente para monetizar todo el dinero que hay ahora en circulación”, señala Ignacio de la Torre. El patrón oro lleva a que el aumento de la masa monetaria va en la línea con la producción de oro. “Está bien como concepto, pero si llega una crisis de confianza como la de 2008, los bancos no tienen capacidad de inyectar dinero masivamente. Puede generar una situación muy peligrosa, más aún en un mundo en el que hay medios de comunicación y la gente se puede asustar.

En el siglo XIX había patrón oro y hubo recesiones muy largas. Entonces fue la recesión más larga de la historia en EEUU; en la Gran Depresión también estaba el patrón oro. Es cierto que se puede ir a un mundo más inestable si no hay patrón oro, pero un mundo más inestable no tiene por qué ser peor. El año 90 ha sido el año de mayor erradicación de la pobreza en la historia de la humanidad. Tenemos un mundo inestable, pero vamos a acabar con la pobreza extrema. El Banco Mundial ha dicho recientemente que quedan 700 millones de personas en situación de pobreza extrema, y en el 2035 no va a quedar ni una”.

En cuanto a las criptomonedas, de la Torre no cree para nada que vayan a tener un gran peso en el futuro. “El Bitcoin es invalorable, pero está sobrevalorado. Cualquier activo vale el flujo de caja que genera, y el Bitcoin no genera caja. El oro ha sido el único medio que ha valido como intercambio sin generar caja. Cuando utilizas una divisa (al comprar un coche, por ejemplo), quieres saber lo que vale: que no tenga volatilidad, como no la tienen el euro y el dólar, y sí la tienen las criptomonedas. Además, quieres que los costes de transacción sean bajos. El euro y el dólar no tienen, y los de las criptomonedas son muy elevados. No creo que vaya a sustituir nunca a la moneda tradicional. Va a seguir cayendo”.

En cuanto a la anunciada subida de tipos del Banco Central Europeo, Ignacio de la Torre cree que comenzará con un ascenso de la tasa de depósitos del -0,4%, -0,2%, para luego pasar a elevar la tasa de refinanciación, que es la que marca la evolución del euríbor. “A partir de ahí, habrá más o menos subidas según la inflación. De acuerdo con los parámetros actuales, lo normal sería que hicieran pocas y graduales”, explica.

En cualquier caso, para sorpresa de muchos, y en contra de lo que piensa la mayoría, de la Torre no piensa que la subida de tipos vaya a penalizar excesivamente a España: “El PIB nominal español crece más que la deuda. Eso quiere decir que nos estamos desapalancando. No hay muchos países que puedan decir eso. La subida del precio del dinero nos pillaría mejor que a otros.

En 2006 ocurría lo contrario: la deuda crecía mucho más que nuestro PIB. Esos países acaban mal”. El experto de Arcano señala que además hay que tener en cuenta la duración de la deuda: “El vencimiento medio es de siete años. Si el BCE subiera los tipos un 1%, que no lo va a hacer, nos causaría un impacto de 1.200-1.300 millones más, que es muy reducido. Creo que, en este contexto, el impacto de las subidas del BCE sobre la deuda va a ser muy constreñido”.

Al menos una buena noticia, en este escenario económico que empieza a desacelerarse y para el que hay que prepararse bien. Pero algunas cosas no parece que vayan a cambiar: “Hasta nuevo aviso”, señala Panniker, “el dólar estadounidense seguirá siendo lo que ha sido durante los últimos cien años: la referencia mundial para calcular el valor, realizar intercambios comerciales y preservar la riqueza en los mercados de capitales internacionales”.

Artículo publicado en la revista Capital en octubre de 2018.

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