¿Preparados para la desaceleración?

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Jordi Benítez

Según el Banco de España, dos tercios del crecimiento reciente de nuestra economía se han debido a unos vientos de cola favorables: precios del petróleo y tipos de interés a niveles mínimos que hacían la vida más fácil a empresas y consumidores, bajos tipos de cambio que alientan las exportaciones y limitan las importaciones … Pero esos vientos favorables están dejando de soplar: los precios del petróleo han subido, los tipos de interés lo harán en no mucho tiempo, el euro no está a un cambio tan beneficioso… El propio Banco de España ha pronosticado un aumento del 1% del PIB a largo plazo para la economía de nuestro país. “Ese crecimiento tan exiguo llevará a un estancamiento de nuestros estándares de vida si no hay reformas. Pero aquí no se reforma nada, mucho menos pensando en el largo plazo”, afirma el economista Juan Ramón Rallo, director del Instituto Juan de Mariana.

La necesidad de continuar con las reformas estructurales se antoja clave; más aún cuando empiezan a verse algunos síntomas de menor crecimiento en nuestra economía. “Los últimos datos muestran una cierta ralentización de nuestro crecimiento económico. No es muy gravosa. No son los datos de una recesión. No estamos en una etapa remotamente similar a la de años anteriores. No veo grandes desequilibrios en la economía española. Pero indican que hay una cierta ralentización”, apunta Rallo. “Afortunadamente parece que, de momento, no está afectando a la creación de empleo, pero las exportaciones no son tan competitivas como solían. Si prosiguen estas tendencias, habrá un menor crecimiento”, añade.

De hecho, los datos sobre el mercado de trabajo aparecidos posteriormente a estas declaraciones muestran algunas señales de alerta. La patronal de empresas de trabajo temporal y agencias de empleo (ASEMPLEO) las vio con claridad en las estadísticas de julio: “Los motores del empleo se ralentizan notablemente. El sector comercio mostraba ya una ligera contención en su ritmo de creación entre mayo y junio, pero se mantiene en julio, lo que guarda coherencia con la evolución de las ventas minoristas y la confianza del consumidor”. La restauración se frena, el crecimiento de la construcción y la industria manufacturera ya no compensa la fatiga del comercio y la hostelería…

Precisamente por estos motivos, los economistas consultados creen que habría que prepararse para esta nueva época. Coinciden en que la primera medida debería ser profundizar en la reforma laboral, que ha tenido un efecto muy positivo en la creación de empleo. La nueva vuelta de tuerca debería basarse en facilitar la contratación, que “es el gran escollo en España”, y reducir los impuestos al trabajo, que son los que están impidiendo contratar a pymes y autónomos, estima Daniel Lacalle. Rallo afirma que habría que estudiar cuánto empleo podemos crear con una menor tasa de crecimiento.

La siguiente meta tendría que ser poner unos objetivos de déficit mucho más detallados y exigentes: “Históricamente siempre hemos acabado con un déficit superior al que deberíamos, aunque dentro de los objetivos. Habría que ser más exigente a través del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) y los mecanismos del Estado para controlar el aumento del gasto”.

Rallo ve al Gobierno de Pedro Sánchez interesado en cuadrar el déficit por el lado de los ingresos, con impuestos, en lugar de hacerlo reduciendo los gastos. Lo considera un error: “Va a hacer que la economía se desacelere más. No nos va a poner en una posición financiera mejor a largo plazo”.

Rallo recuerda que la dualidad del mercado laboral español es un drama desde hace treinta años, pero el crecimiento de la deuda es un fenómeno reciente. En 2008 estaba por debajo del 40% del PIB, pero empezó a subir y seguimos en torno al 100%. “Si hubiéramos estado en esta situación en 2009, hubiéramos seguido el camino de Grecia”, lamenta este economista. Por eso no cree que sea buena idea aumentar el gasto público, aunque sea de forma moderada, como se está anunciando. “El crecimiento de la deuda acumulada nos coloca en una situación de fragilidad potencial cuando las cosas vengan mal dadas”, afirma. En cualquier caso, Rallo no cree que pueda producirse una crisis de deuda a final de 2019 debido al aumento del gasto.

En cuanto a la subida de impuestos, no es bien vista por muchos. Lacalle la ve “devastadora” porque “va al corazón de los creadores de empleo más frágiles: las pymes y los autónomos”. En su opinión, habría que actuar al revés: “Vamos en contra de lo que están haciendo los países líderes. China, Estados Unidos o Francia están bajando impuestos, adoptando políticas de crecimiento en lugar de poner escollos”.

Rallo cree que el incremento fiscal medioambiental podría tener lógica, pero “el Gobierno se la ha cargado. Tendría que aplicarse a todos, con más razón a los que usan el diésel más frecuentemente, como son los transportistas. Si dices que a ellos no les va a afectar, como se ha dicho, significa que no te crees la finalidad, y que la subida es una excusa recaudatoria”.

En cuanto al impuesto a la banca, Rallo también piensa que podría tener cierto sentido moral: devolver el dinero que se les dio con el rescate. Pero el impacto se va a repercutir 100% sobre los usuarios, “y ellos no tienen mucha culpa”.

Tampoco parece muy razonable la tasa a las tecnológicas. Penalizaría a las grandes empresas digitales que necesitamos en España. El “destope” de las cotizaciones sociales del que ha hablado Sánchez se traduciría “en mucho menor salario efectivo para el empleo cualificado y en un mayor coste empresarial para las compañías que ofrecen este tipo de puestos. Haría rehuir a la inversión extranjera que busca crear este empleo”, estima Rallo.

Las medidas son preelectorales: más pensadas en ganar las elecciones que en el bien del país. El problema es que podemos estar uno o dos años con este tipo de acciones y sin acometer las importantes reformas estructurales que necesitamos de cara al futuro, más aún viendo la desaceleración que empieza. Lacalle piensa que deberíamos prepararnos además para el fin de los estímulos monetarios del Banco Central Europeo. No tardarán mucho tiempo en llegar: “Habría que hacerlo fortaleciendo el crecimiento, no encogiendo los hombros por la ralentización. Eso se hace atrayendo inversión, atrayendo empleo y generando confianza por parte de los agentes económicos; exactamente lo contrario de lo que está haciendo el Gobierno”.

A estas cuestiones hay que añadir el “eterno” debate sobre la financiación de las comunidades autónomas. Rallo lo ve enquistado en este tiempo preelectoral; en un punto en el que se contenta a unos para enfadar a otros: “Va a haber ganadores y perdedores. Si se da a Cataluña lo que reclama, se penalizará a Andalucía y Extremadura; y si no se hace, se sobrecargará a Madrid. No creo que se haga nada más allá de subir la dotación de modo que se apacigüen todos, pero no pienso que haya un nuevo modelo de financiación autonómica”. ¿Cuál será la solución? No vendría mal que consiguiéramos entendernos y tirar en común del carro de España, ¿pero será posible?

Artículo publicado en el número de septiembre de 2018 de la revista Capital.

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