Crecimiento económico, salarios y empleo

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José Luis Fernández Santillana

José Luis Fernández Santillana es director del Gabinete de Estudios USO.

Uno de los indicadores usados con frecuencia para medir el bienestar material de una sociedad es el crecimiento económico reflejado en el PIB, lo que hace que escuchemos declaraciones de políticos sobre la efectividad de su política económica basada en este crecimiento. Pero se olvidan de que esa mejora no alcanza con igual rapidez a los ciudadanos: no todo crecimiento del PIB se refleja de manera inmediata, ni por igual sobre los ciudadanos.

Durante estos años, en los que hemos padecido la denominada crisis, la evolución de los salarios y su peso en la riqueza nacional no ha contribuido a corregir situaciones de desigualdad, sino a agrandarlas. La participación de las rentas de los asalariados en el PIB ha caído desde el 50,89% de 2009 al 47,29% con que cerramos 2017, un descenso de casi 3 puntos, situándose en su nivel más bajo de toda la serie histórica.

Pero más allá de esta desigualdad, que supone la pérdida de peso de los salarios en el PIB, es precisamente a costa de ellos (de su no crecimiento) como se ha recuperado la economía. Hemos tenido que esperar hasta 2016 para recuperar el valor del PIB a precios de mercado que teníamos en 2008.

“Las regiones con salarios más altos son las que tienen menores tasas de paro”

Podemos decir que en 2017 se ha consolidado la recuperación del valor del PIB, si bien en términos relativos el crecimiento fue del 3,1%, inferior en dos décimas al producido en 2016. Esta recuperación no ha llegado a las personas, que siguen teniendo dificultades para llegar a fin de mes y, ninguna, o muy escasa, capacidad de ahorro.

Las previsiones del anterior Gobierno y que parece mantendrá el actual, sitúan el crecimiento para 2018 en el 2,7%, mejorando la previsión en 4 décimas con respecto a la que se realizó en octubre de 2017, y que debería haber sido la base para la elaboración de los recientemente aprobados Presupuestos si estos se hubiesen tramitado en su calendario normal.

La evolución de la aportación al PIB de las rentas de los asalariados nos indica que nos faltan todavía 9.505 millones de euros por recuperar para llegar a los niveles de 2008. Esta pérdida de las rentas del trabajo tiene una relación directa con el déficit de la Seguridad Social.

Evolución de los salarios y precios

Según la Encuesta Trimestral de Coste Laboral, el salario bruto medio mensual se situó al finalizar 2017 en 2.020,14 euros, lo que supondría 24.241,68 euros al año. El salario bruto más frecuente está en 1.178 euros/mes (14 pagas) y está prácticamente estancado desde 2015. En 2017, el salario medio (2.020,14 euros) se incrementó un 0,47%; en términos absolutos, en casi 10 euros al mes con respecto a 2016 (2.010,73 euros). Pero, si lo comparamos con 2015 (2.026,14 euros), serían 6 euros menos.

El IPC al finalizar 2017 y 2016 fue, respectivamente, del 1,1% y del 1,6%, lo que nos llevaría a concluir que, solo en estos dos años, habría una importante pérdida de poder adquisitivo comparándolo con el coste salarial.

Si comparamos la evolución del IPC y la variación del coste salarial en el período 2009/2017, se produce una pérdida de poder adquisitivo de 6,9 puntos.

Coste salarial en las comunidades autónomas y tasa de paro

Viendo la evolución de los salarios en las distintas comunidades autónomas, llama la atención que solo Andalucía ha tenido al finalizar 2017 un coste salarial (1.768,78) inferior al que tenía en 2008 (1.775,85), y que la mejora en Extremadura en estos diez años no alcanza los 3 euros. En contra de lo que se suele decir: “abaratar los costes salariales ayudaría a la creación de empleo”, vemos que las comunidades autónomas donde el coste salarial es mayor son las que presentan menores tasas de paro.

Comunidades autónomas como País Vasco y Navarra arrojan costes salariales por encima de la media y, sin embargo, su tasa de paro es la mitad de la media nacional. ¿Tendrán que ver algo en ello la fiscalidad y su modelo productivo más basado en la industria que en los servicios?

Esto nos debería llevar a una reflexión sobre cómo es el tejido productivo en nuestras comunidades autónomas: ¿qué grado de industrialización tienen? ¿Qué dependencia hay del sector servicios? Y otros muchos interrogantes…

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