Las nuevas claves del comercio global

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Jordi Benítez

Los expertos ven como un atraso el proteccionismo de Trump, pero él está dispuesto a usarlo para mantener el empuje de su país.

No hay más que repasar la historia para recordar que el comercio ha sido a menudo fuente de conflicto. Que nos lo digan a los españoles y a los portugueses, que en los siglos XV-XVI tuvimos que sufrir las iras de ingleses, franceses y holandeses por haberles quitado el protagonismo de las principales rutas, y nos hicieron la vida imposible. La situación actual tiene un dramatismo más moderno, acentuado por el contraste con la paz vivida en unas últimas décadas de cierta confianza en las reglas y en la multilateralidad.

“Estamos en un momento peligroso”, admite Federico Steinberg, investigador principal del Real Instituto Elcano. “La crisis financiera, la de 2008, la del euro, ha sembrado dudas sobre el capitalismo. Pero hay un cierto acuerdo en que el comercio más o menos bien regulado, bastante abierto y basado en instituciones multilaterales es mejor que el proteccionismo salvaje o la ley de la selva”, añade. El problema es que en ese “cierto acuerdo” parece no incluirse Donald Trump.

El presidente de los Estados Unidos no deja de lamentar los 800.000 millones de dólares de déficit comercial que su país tiene con otros. Mientras intenta arreglarlo, impone aranceles basándose en la seguridad nacional, se sale de tratados multilaterales como el de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) y el Transpacífico de Cooperación Económica (con Japón, y diez países del Pacífico), disputa con la Unión Europea, China, la Organización Mundial de Comercio (OMC), boicotea soluciones, crea conflictos… “Al principio de su mandato parecía calmado. Un año después, sus pulsiones proteccionistas, mercantilistas y nacionalistas se han plasmado en un odio a las relaciones multilaterales pensando que son malas para Estados Unidos, cuando eso es muy discutible”, afirma.

Para este investigador, la pregunta del millón es si el mundo del comercio basado en las normas, que es prácticamente todo menos EEUU, puede vivir sin el país norteamericano, o con una actitud bloqueadora y destructiva por su parte. En la última reunión del G7, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, llegó a afirmar que el mercado es suficientemente grande sin el país gobernado por Trump, pero Steinberg no lo ve tan claro: “Tiene un poder estructural: el que le da que el sistema de pagos del comercio internacional se base en dólares. Cambiarlo lo hace más complicado”.

La otra pregunta del millón es si Trump se frenará una vez haya conseguido reducir el déficit comercial, o se embarcará en una guerra mercantil con China, la Unión Europea y todos a la vez. El riesgo de represalias y de que ocurra algo como en los movidos años 30, es evidente; ya han empezado a producirse reacciones. Por eso la única explicación a su actitud es el rédito electoral que pueda obtener. “Si lo que realmente quiere es reducir el déficit comercial, no está tomando las medidas adecuadas. No lo consigues bajando impuestos. Te llevan a aumentar las importaciones, probablemente a que se incremente el precio del dólar y a reducir las exportaciones. Habría que buscar elevar la tasa de ahorro. El déficit comercial no se arregla con aranceles y obligando a otros países a que no te vendan. No tiene sentido económico”, añade Steinberg.

El temor a China tampoco puede servir de excusa. Su economía es la más grande y lo normal es que siga creciendo y ganando cuota de mercado en el comercio internacional, pero nunca llegará a copar el 100%. Tendrán que venderle a alguien y sus ciudadanos, conforme avance su nivel de vida, tendrán que salir a comprar, irse de vacaciones… “El comercio es un juego de suma positiva”, recalca el experto de Elcano. Otra cosa son las inversiones, y que los países puedan considerarlas peligrosas si se producen en determinados sectores estratégicos.

La expansión de China no tiene por qué ser destructiva. La Unión Europea tampoco domina el comercio internacional. A España le ha venido bien abrirse; de hecho, se ha recuperado de la mano de las exportaciones. La clave es que haya unas reglas que dejen espacio a todos.

En cuanto a tipologías comerciales, las mercancías siguen siendo las que más facturan, pero los servicios son los que más crecen: servicios sin costes de transporte, como los financieros o las películas de Netflix.

Salvo que se produzcan conflictos militares, lo lógico es que las rutas comerciales continúen siendo las mismas, con un progresivo desplazamiento hacia la región Asia-Pacífico. Es la que acumula más población y PIB mundial. En este contexto, la Unión Europea ha reaccionado muy bien. “Me ha sorprendido el acelerón que ha dado a sus acuerdos de libre comercio con Canadá, Japón, el que a lo mejor consigue cerrar con Mercosur, Australia, Nueva Zelanda, está negociando con India, con China en términos de inversiones… Han entendido que hay que moverse y han puesto en valor el mercado europeo por su atractivo para otros países. También han defendido la OMC”, señala Steinberg.

En este nuevo orden, hay países europeos que van a sufrir más que otros. “Hay que ver si se mantiene una posición común frente al proteccionismo. De momento hay cohesión interna. Ya veremos qué pasa en Alemania con los coches”, recalca Steinberg. España se ha visto penalizada por los nuevos aranceles a las aceitunas negras. Los problemas con el acero y el aluminio no nos perjudican, aunque a nuestro país le va bien cuando hay estabilidad.

El Brexit nos va a venir especialmente mal, sobre todo si no hay un acuerdo sobre el acceso al mercado exterior de los británicos. Al mismo tiempo, está en cuestión el futuro papel de organismos como el G7 y su pérdida de peso en favor del G20, que también se está viendo damnificado por la actitud de Trump, al igual que la OMC. En cualquier caso, Steinberg ve claro que es necesario que el mundo actúe bajo ciertas reglas: “La economía liberal no es totalmente liberal. Hace falta que el mercado opere bajo ciertas bases regulatorias institucionales legitimadas por la sociedad y por el comportamiento de los actores; si no, acabamos mal”.

Como se ve en las cifras, China parece llamada a dominar el comercio global. A India le queda más tiempo. “Aunque tiene un tamaño de población parecido, lleva décadas de retraso respecto a ella. Es más pobre, más introspectiva y con menos capacidad de aportar valor añadido. Hablaremos mucho de India, pero dentro de veinte años”, afirma Steinberg.

Por lo que se refiere a Rusia, este investigador estima que tiene un papel mediático superior al peso real de su economía. “En lo económico, está viviendo un declive estructural. Centrada en los hidrocarburos; tiene unas bases industriales muy débiles. Su población va en declive. Es una economía del tamaño de la de Italia, pero tiene un peso internacional mucho mayor”, señala.

Además del papel que represente en la UE, España hará bien en mirar más a América Latina. En esta línea encaja perfectamente la reactivación de las relaciones entre la UE y Mercosur, aunque Francia está poniendo problemas en la cuestión agrícola. Nuestro país puede sacar más partido de las inversiones en América que del comercio, dificultado por la larga distancia. Pero sobre todo será el momento de hacer piña con los países que están incómodos con el proteccionismo de Trump: México, Canadá, Japón… La nueva era del comercio está en marcha, y promete dar mucho que hablar, esperemos que en paz.

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