¡Marchando un buen montadito!

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Jordi Benítez

Poner en marcha un un restaurante de 120 metros cuadrados de 100 Montaditos o The Good Burger (TGB) cuesta a cada franquiciado entre 200.000 y 260.000 euros, una cantidad que rentabilizan en unos tres años y medio. Quizá por eso la tasa de permanencia es tan alta entre los que han apostado por estas marcas.

Restalia cuenta ya con 700 establecimientos de 100 Montaditos, The Good Burger y La Sureña. En tres años espera alcanzar los 1.000. El 95% de los franquiciados renueva su contrato, que se revalida en periodos de cinco años. Una prueba de la confianza de los franquiciados en Restalia está en que son ellos los que van a abrir los cincuenta primeros locales de la nueva marca que la cadena va a lanzar en octubre… sin saber qué es.

El nuevo negocio de la compañía es un secreto tan bien guardado como el de la fórmula secreta del pan que emplean, que se guarda en una caja fuerte. La combinación de conceptos gastronómicos que ofrece Restalia se ha traducido en un negocio de 300 millones de euros, que es la cantidad que generan las 700 franquicias.

Los franquiciados han de pagar a Restalia un canon anual de 38.000 euros por usar sus marcas 100 Montaditos o TGB, y de 20.000 por utilizar La Sureña.  Además, han de abonar mensualmente un royalty del 7% de sus ingresos en el caso de las dos primeras, y del 4% en el de la tercera. Los franquiciados han tenido que ver una buena oportunidad en estos negocios.

“Los franquiciados han de pagar a Restalia un canon anual de 38.000 euros por usar sus marcas 100 Montaditos o TGB, y de 20.000 por utilizar La Sureña”

Por ellos pasan anualmente la friolera de 70 millones de consumidores, y son una buena fuente de generación de empleo: cada establecimiento crea una media de quince puestos de trabajo (10.500 en total si lo multiplicamos por los 700 restaurantes que ya tiene desplegados la compañía).

Desde luego, la buena marcha de la firma hay que atribuírsela al atractivo de los conceptos que venden. 100 Montaditos nació hace 19 años en un centro comercial de Islantilla (Huelva).

El fundador, José María Fernández Capitán, detectó la oportunidad cuando trabajaba en Pizza Queen. Alquiló un local de 19 metros cuadrados y comenzó un negocio en el que tenía claro que la clave era vender mucho de un solo producto. No tenía capacidad de almacenamiento ni de cocina, y no podía requerir platos, cubiertos ni operaciones que necesitaran de mucho personal. Con esta filosofía puso en marcha un bar que ofrecía un solo producto y un solo precio: cien montaditos a cien pesetas cada uno (un euro ahora), con pan recién hecho, cerveza Cruzcampo muy fría y una escenografía que recreaba las clásicas tabernas sevillanas.

El concepto funcionó. De hecho, la gran mayoría de los 700 establecimientos de Restalia dentro y fuera de España son de 100 Montaditos. Pero Capitán vio oportuno diversificar. Por eso surgió La Sureña, que fue pionera con la venta en sus locales de cubos con cervezas y tuvo tirón de entrada entre la gente joven; y TGB, que en cuatro años ha conseguido abrir 130 locales gracias a su apuesta por la carne de calidad para sus hamburguesas, la buena combinación de éstas con un pan esponjoso, con un toque dulce y grabado con las iniciales de la marca, y las cervezas ofrecidas en jarras de cristal, algo inexistente en la comida rápida y bien valorado por los clientes.

Además, estas enseñas han traído sorpresas. “Si vas a un centro comercial como el de La Vaguada en Madrid, ves que en La Sureña no solo hay gente joven. También hay personas de 50-60 años que no tienen otros establecimientos a los que ir, porque son hamburgueserías o pizzerías, y que se ven además atraídas por la calidad/precio del jamón o las gambas que servimos”, señala Belén Martín, directora general del grupo.

En cuanto a TGB, “no pensábamos que fuéramos a tener éxito entre las familias. No ofrecíamos pack de niños. Pero también les gusta”, añade Martín. La directora general está siendo pieza clave en la consolidación de la empresa. Cuando aterrizó en ella hace cuatro años, esta abogada se encontró con una compañía que crecía de modo vertiginoso, pero a la que le hacía falta algo de orden.

Su experiencia anterior en los departamentos jurídicos de empresas como Carrier (aire acondicionado) o Prometeus (dueña de las franquicias de electrodomésticos Master y Grupo Idea) le ayudó en este sentido, aunque esta amante de los negocios sin aversión al riesgo reconoce que no sabía nada de restauración. Las primeras medidas de orden tuvieron que ver con los protocolos y los contratos bien atados.

La seguridad alimentaria y la formación de los franquiciados fueron prioritarias. Martín recorre todos los locales y está atenta a las necesidades de los franquiciados de una empresa que considera “súper dinámica, divertida, intensa, porque vendemos sobre todo los fines de semana, y en la que hay que estar muy atento”.

Restalia forma a los franquiciados para poner en marcha su negocio desde cero: les ayuda a buscar el local, a negociar el arrendamiento, les enseña cómo han de poner los ingredientes, cómo gestionar el restaurante, les da el contacto de ingenierías y constructoras que saben cómo construir sus locales y lo hacen rápido, les proporciona acceso a su centro logístico para que compren allí suministros ya homologados y que salen a mejor precio por la gestión de grandes volúmenes, y los acuerdos con marcas como Heineken y Coca Cola para los alimentos…

“Nosotros ponemos el Ferrari, y ellos han de saber meter la marcha”, recalca Martín. Cada diez años, se hace un lavado de cara a los establecimientos ya consolidados. A pesar de todas estas ventajas, a veces sale mal.

“No es fácil gestionar los alquileres. Han subido bastante en el último año”, explica Martín. También les quedan algunos retos importantes por conseguir. El certificado de calidad de Aenor es uno de ellos, y están en el trámite de obtenerlo. Las dificultades no parecen ser un obstáculo para que Restalia se plantee seguir creciendo.

La expansión internacional es una buena prueba de ello. La compañía ya tiene cincuenta y tres establecimientos en Italia, veintiocho en Latinoamérica, 18 en Portugal, 5 en Miami… “Estamos convencidos de que podemos exportar Montaditos a cualquier lugar del mundo. Iremos subiendo por Francia hasta conseguir una logística que nos permita estar en cualquier sitio”, afirma Martín. Un objetivo ambicioso, que tiene como principal problema que el pan secreto se fabrica en España y se exporta a todo el mundo. Por esta razón, por ejemplo, “no vamos a ir a Asia porque no es el momento, aunque deberíamos ir”, dice Martín.

La gastronomía española tiene buena entrada en muchos países. Buena prueba de ello fueron las colas que hubo durante la primera semana en el 100 Montaditos que se abrió en la República Dominicana. Allí querían degustar el sabor de la marca España, que queda patente al comprobar que el montadito de jamón es el más vendido en el mundo, aunque parte de la carta se adapte a la comida de cada país.

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