Servir al ciudadano

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Jordi Benítez

Hace unas semanas contacté con una persona que había trabajado en la Administración de Donald Trump. No dio tiempo a incluir la conversación en nuestra edición de noviembre, y sospecho que tiene interés.

Le pregunté sobre mi inquietud: qué plan tienen con la economía de Estados Unidos a partir de 2020. Como ustedes saben, hay muchos analistas que fijan en esa fecha el final del efecto de la bajada de impuestos impulsada por el Gobierno, y piensan que entonces el país podría entrar en una recesión. Como el Ejecutivo de Trump ha sido capaz de hacer crecer la economía por encima de las expectativas y de mantener el desempleo al nivel más bajo desde 1969, esperaba que tuvieran una buena respuesta.

Me contó Chris García, que trabajó con Trump en el departamento de Comercio, que el objetivo es mantener los impuestos bajos durante toda la legislatura, pero él le daba la misma importancia, o más, a la desregulación que han hecho de la economía. Esa liberación de leyes y cargas burocráticas se ha traducido en un ahorro de 23.000 millones de dólares para los negocios y las familias americanas en los dos primeros años de mandato de Trump. Es una contraposición a Obama, que aumentó los costes en 245.000 millones con los excesos regulatorios de sus dos primeros años de Gobierno.

La bajada de impuestos y la desregulación han favorecido una exitosa primera fase de crecimiento que ahora se complementará, si a Trump le dejan llevarlo a cabo, con una balanza comercial más a su favor gracias a los acuerdos que ha negociado con países como México, Canadá, y probablemente pronto, China; un ambicioso plan de infraestructuras de 1,5 trillones que hará crecer el PIB 0,2 puntos en la próxima década y un atractivo plan de empleo en el que 160 compañías se han comprometido a crear 6 millones de oportunidades profesionales para trabajadores americanos más allá de 2020.

Como puede verse, se trata de un plan concreto, con medidas concretas, que dan un buen resultado para los ciudadanos, algo que por desgracia no vivimos en España. Reconozco que hace un tiempo me dio cierta envidia ver un vídeo de un evento del Partido Republicano en Wisconsin. En él, el consejero delegado de la empresa taiwanesa Foxconn subió al estrado para dar las gracias a Donald Trump por las facilidades que le había dado para instalar allí una planta de 13.000 trabajadores en la que iba a invertir 10.000 millones de dólares. Al cabo de un rato, subieron tres representantes de distintas familias para agradecer a Trump que ahora tenían trabajo, cuando antes no lo tenían. Lo primero que pensé fue: nunca he visto esto en España, y desde luego me gustaría verlo.

Las empresas y empresarios españoles luchan por sacar adelante sus iniciativas con esfuerzo y talento, y parece que con bastantes menos facilidades que en Estados Unidos. Tienen mucho mérito. Por eso se llevaron un gran aplauso quienes recibieron los premios Capital en noviembre. Primero, Alfonso Coronel de Palma, a quien entregamos nuestro galardón a título póstumo por su ejemplar talento y su elegante modo de tratar a la gente, y acto seguido a todos los premiados, que tienen toda una vida por delante para mejorar las cosas. Ideas, tienen.

Artículo publicado en el número de diciembre de la Revista Capital.

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