El peso de la monarquía

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Jordi Benítez

Desfile de la Hispanidad. Madrid. 12 de octubre. Como todos los años, una multitud se reúne en el Paseo de la Castellana para aplaudir a sus Fuerzas Armadas y al Rey. En esta ocasión, el jolgorio coincide con un abucheo generalizado al presidente del Gobierno. Se nota que la turba le está esperando. ¿Les gustaría quizá que el Rey, una persona muy preparada y con buena imagen dentro y fuera de España, tuviera más peso en la vida de nuestro país?

El debate podría plantearse, pero los principales expertos en la Casa Real recuerdan que el propio monarca no quiere. “El Rey Juan Carlos ya tuvo todo el poder cuando se lo dio Franco al empezar la Transición, pero lo cedió. Tenía claro que las monarquías del siglo XXI debían ser constitucionales, y que la soberanía tenía que recaer en el pueblo”, señala José Apezarena, autor de varios libros sobre la Casa Real española y biógrafo de Felipe VI.

Pero las razones van aún más allá. Cuanto más poder tienes, más vulnerable eres, más posibilidad de crearte enemigos posees: al elegir algo, puedes tener que rechazar lo contrario, y el monarca no quería verse en esa situación; debía ser el Rey de todos los españoles, y Felipe VI heredó esa filosofía marcada por la Constitución. En este contexto, su discurso sobre la situación catalana y la unidad de España del pasado 3 de octubre fue visto por expertos como Apezarena como un gesto “delicado y arriesgado”.

Desde la Casa Real estiman que lo mismo pasó en el 23F. La aparición de Juan Carlos I en defensa de la estabilidad del país no debió gustar a los golpistas. Ahora, la tensa situación en Cataluña demandaba una intervención por parte del jefe del Estado. Felipe VI lo vio claro y realizó a propósito todo su discurso en español, algo que no hace habitualmente si acude a aquella región. Cuando le convocan para algún evento, trata de que sus palabras sean un 60% en español y un 40% en catalán por deferencia a los ciudadanos de la región.

El Rey, cuando le convocan para algún evento, trata de que sus palabras sean un 60% en español y un 40% en catalán por deferencia a los ciudadanos de la región

El resultado de aquel discurso ha sido muy bien valorado por la Casa Real. En el exterior se ha dado una imagen de que los cauces funcionan, y en el interior se notó que se da mucha importancia a la voz del Rey. La audiencia en televisión fue muy elevada, mucho mayor que la de los mensajes de Navidad, que son seguidos con más decalaje: unos lo ven en las redes sociales, otros en la televisión a la carta y no tantos en directo.

Aun así, los contrarios a la monarquía (Podemos, independentistas catalanes…) están ahí, y van a por ella. La novedad hoy en día es que hay algunos partidos que tienen entre sus objetivos acabar con la monarquía.

En La Zarzuela no ven la situación tan distinta a la de otras épocas: “Se puede decir que las cosas están ahora más confusas, pero no que hay una situación más grave”. El debate sobre monarquía o república estaba más presente en la Transición que ahora, y se decidió incluirla en la Constitución. La actualidad puede transmitir una situación de mayor efervescencia. Quizá por ello José Apezarena cree que el gran reto de Felipe VI es “mostrar que la monarquía es útil”. La expresión “si lo hacemos mal nos botan”, que Apezarena recuerda decía la Reina Sofía, ha calado bien en su hijo, que está dispuesto a cumplir muy bien su papel.

La expresión si lo hacemos mal nos botan, que Apezarena recuerda decía la Reina Sofía, ha calado bien en su hijo, que está dispuesto a cumplir muy bien su papel

El Rey Felipe VI tiene fama de buena preparación intelectual, de ser una persona muy trabajadora, amable y que escucha. “Cada año puede recibir a miles de personas, y no vienen solo para hacerse la foto”, explican desde la Casa Real.

“Imponemos, en el buen sentido, que disponga de un tiempo para hablar con el mayor número de personas posible; no se trata de que vaya solo a cortar la cinta”, añaden. “Los que han estado con él acaban convencidos. Sabe llevarse bien con todos. Tiene capacidad de trato. Ama a España y a los españoles”, recalca Apezarena. Como no podía ser de otra manera, Felipe VI tiene muy presente su compromiso de salvaguardar la unidad de España desde que era muy joven: “Es consciente mucho tiempo antes de acceder al trono. Su abuelo, don Juan, se lo recordó en Navarra poco antes de fallecer en 1993″, recuerda Fermín J. Urbiola, periodista y escritor, autor de un libro sobre el Rey Juan Carlos y otro sobre la Reina Sofía.

Los que han estado con Felipe VI acaban convencidos. Sabe llevarse bien con todos. Tiene capacidad de trato. Ama a España y a los españoles

El Rey prepara concienzudamente todas las citas que tiene. Toma notas en las conferencias, se reúne con expertos de todos los ámbitos desde hace muchos años y su agenda de contactos crece sin freno. “Cada uno podrá pensar legítimamente lo que quiera sobre monarquía o república, pero difícilmente alguien podrá criticar el compromiso y la capacidad de trabajo del Rey”, apuntan desde la Casa Real.

El foco en Iberoamérica iniciado hace tres décadas, con su presencia en las tomas de posesión de todos los presidentes, ha hecho efecto. “Creo que tiene mejores contactos que su padre en América Latina. Con los países árabes hay buena relación desde Franco; quizá no tiene tanta cercanía como el Rey Juan Carlos, pero posee entrada. Y en Europa no hay ningún problema: es un gran europeísta. Conoce bien las instituciones y ha viajado mucho”, explica José Apezarena.

Todos estos mimbres hacen que la monarquía, en opinión de Apezarena, sea “un gran negocio para España”. “Difícilmente habría una herramienta de marketing mejor para el país. He hecho muchos viajes con los Reyes y he visto que el modo de recibirles es distinto. En Iberoamérica se le recibe como a uno de los suyos, y la acogida de la Reina Isabel en el Reino Unido en julio del año pasado fue espectacular. Dio una enorme buena imagen allí y en el resto de Europa”.

Estos viajes de Estado van siempre acompañados de una cumbre bilateral empresarial de nuestro país y del que se visita. La agenda la marca el ICEX (Instituto Español de Comercio Exterior). Es una de las novedades entre las medidas implantadas en la etapa de Felipe VI. “Él no elige con quién se ve. No es una agenda caprichosa”, señalan desde la Casa Real.

El papel mediador del Rey está recogido en la Constitución, y Felipe VI lo ejerce. En muchas ocasiones media sin que se sepa

Junto a esta iniciativa, que refleja la disponibilidad y la efectividad del Rey para abrir puertas a las empresas españolas, Felipe VI ha introducido novedades relacionadas con la transparencia. Con él ha llegado un código de conducta interno guiado por el control y la austeridad. En esta línea se decidió que fuera la Intervención General del Estado la que controlara y auditara las cuentas de la Casa Real y la Abogacía del Estado, no un bufete particular, quien asesorara en el área jurídica.

A todo ello hay que unir el poder mediador de la corona, que ya quedó patente en el reinado de Juan Carlos I. La llamada del Rey a Arabia Saudí para que nos suministrara crudo en la crisis del petróleo de 1973 o el contrato del AVE a La Meca son dos de los ejemplos más significativos. Aun así, parece que se le podría sacar más partido.

“Hubo algún momento en el que el Rey Juan Carlos, durante un vuelo a un país europeo, expresó una ligera queja sobre el escaso aprovechamiento que hacían las empresas de su tarea. Recuerdo que dijo, aunque no es textual… Yo se lo dejo preparado; luego, es cosa de ellas”, señala Fermín J. Urbiola.

El papel mediador del Rey está recogido en la Constitución, y Felipe VI lo ejerce. “En muchas ocasiones media sin que se sepa”, señala Apezarena sobre el Rey actual. De hecho, se ve mucho más de lo que parece con el presidente del Gobierno. Pregunta cuando lo ve oportuno y no se conforma con cualquier respuesta. Por ejemplo, tiene mucho interés en ser asesorado por catedráticos de Derecho Constitucional.

La cuestión de las cuentas también se ha comentado alguna vez. La monarquía española pasa por ser una de las que cuenta con menor presupuesto, si bien es verdad que no incluye gastos representativos que recogen otras. En nuestro caso, el Palacio Real y La Zarzuela los paga Presidencia; la Guardia Real se inscribe en Defensa; los viajes de Estado los asume Exteriores. Apezarena cree que el aparato administrativo de la Casa Real es sensato, normal, mucho más que el de la República de Francia, por ejemplo, “que nos gana por goleada”. Y la residencia de la familia real es más bien pequeña, especialmente si se compara con la Casa Rosada de Buenos Aires o el Elíseo francés.

En La Zarzuela tienen la preocupación de gestionar bien el dinero. Apezarena cree que en parte se debe a la formación militar que han recibido los Reyes Juan Carlos I y Felipe VI, una formación que procura cuidar los gastos al milímetro. A ello se suma este interés por la transparencia que Felipe VI ha mostrado desde el inicio de su reinado.

El actual Rey no tiene afición por la caza, como mostraba su padre, ni por probar o lucir grandes coches. La Casa Real tiene ahora un gran empeño en la ejemplaridad, y el carácter serio del Rey lo favorece. Una pequeña prueba de ello fue cuando decidió no participar en regatas, su gran pasión, al ver que el último Gobierno de Rajoy no tenía mayoría suficiente y en el país se respiraba cierta incertidumbre. Había una situación de tensión en la que esa actividad podría haber sido vista como algo frívolo. Precisamente en esa ocasión el Rey lo pasó mal, al no ver claro cómo facilitar la salida del atolladero por no haber mayoría suficiente, y demostrar así la utilidad de la monarquía en ese caso.

El Rey no tiene afición por la caza, como su padre, ni por probar o lucir grandes coches. La Casa Real tiene ahora un gran empeño en la ejemplaridad

Apezarena, sin embargo, pone una pequeña pega al intento de ejemplaridad y transparencia de la nueva monarquía, y es que los Reyes no digan dónde van de vacaciones. Como se sabe, la familia real desaparece de Mallorca después de estar allí unos días, pero no dice adónde va. “Entiendo que no lo digan de maner anticipada para salvaguardar su intimidad, pero que lo cuenten después. Se van con el dinero de todos los españoles. Tampoco hay que temer los comentarios a que se vayan a un crucero por las islas griegas, por poner un ejemplo. Lo hacen muchos ejecutivos”, indica el biógrafo de Felipe VI.

Para Apezarena, sin embargo, es tan solo una pequeña mancha en el expediente de un Rey que está desarrollando su reinado con nota. Cuando llegó, la situación de la monarquía estaba muy mal: manifestaciones en las calles, fotografías poco positivas de los Reyes, Juan Carlos I suspendiendo en las encuestas… Las noticias en torno a Urdangarín, Corinna o la cacería del Rey Juan Carlos en Botsuana hicieron daño, pero la nueva monarquía tiene ahora un 7 sobre 10 en las encuestas.

Una de las grandes preguntas es qué pasará en el futuro. Por ejemplo, ¿qué ocurriría si, Dios no lo quiera, muriera el Rey antes de lo previsto? “Si falleciera antes de la mayoría de edad de la infanta Leonor, Doña Letizia ejercería de regente hasta que la tuviera”, explica Apezarena.

Para el biógrafo, la reina consorte está ejerciendo su papel con un aprobado alto, sino con un notable: “El matrimonio no ha salido nada mal. Todo lo que se puede achacar a Doña Letizia es que se fue a un concierto con unas amigas y que retiró el brazo de Doña Sofía del hombro de su hija. Lo máximo que puedes sacar de ahí es que no se lleva bien con su suegra. ¿Y?”, pregunta, irónicamente.

Para el biógrafo, la reina consorte está ejerciendo su papel con un aprobado alto, sino con un notable: “El matrimonio no ha salido nada mal”

Respecto al famoso vídeo en la Misa de Pascua de Mallorca, en el que Doña Letizia retira la mano de Doña Sofía del hombro de su hija, la Casa Real admite que no es una situación “agradable”. Es verdad que “son veinte segundos dentro de un vídeo de una hora”, pero “ahora casi todo dura mucho. Antes no ibas a la hemeroteca, pero ahora todo permanece. Le das a Google y sale”.

Pequeñeces aparte, Apezarena cree que Doña Letizia está haciendo muy bien su papel: “Tiene cabeza, lleva muchos años en la Familia Real y ha aprendido muchísimo”. Junto a ello, valora especialmente que esté asumiendo brillantemente su papel de estar siempre en segundo plano.

“Está claro que el importante es él. Ella es la mujer del Rey, y lo ha aceptado. Desaparece. No le dan grandes discursos ni acude a los actos institucionales. Ni siquiera asiste a las tomas de posesión del presidente del Gobierno y sus ministros, algo que sí hacía Doña Sofía. Incluso cuando van andando, verás que ella siempre va  detrás, no al lado. Ha asumido perfectamente estar en segundo plano. Está de acuerdo; es un plan compartido con Felipe VI, y quiere que salga bien”, señala Apezarena. Y, por supuesto, “desea que su hija sea reina”, algo que ocurrirá si todo transcurre con normalidad.

Reportaje publicado en el número de noviembre de 2018 de la Revista Capital. 

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