Atacando el gran reto de la movilidad

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Juan M. Comas

La demanda de conceptos de movilidad inteligente para el entorno urbano está aumentando rápidamente en todo el mundo. Las megaciudades están llenas y alcanzando su punto álgido. En muchos lugares, hay una amenaza de paralización total. Más y más gente está regresando a las ciudades, o vivirá allí en el futuro.

Para el 2050, habrá más de seis mil millones de personas viviendo en megaciudades, el doble que ahora. Para entonces, el tráfico urbano se habrá triplicado. Con aproximadamente dos tercios de la población mundial viviendo en las conurbaciones en 2050, y el crecimiento urbano que esto implicará, también habrá un número creciente de problemas.

Más y más personas en una cantidad limitada de espacio, también significará más tráfico y, por lo tanto, más contaminación, menos espacio verde, más ruido, y más tiempo perdido en el tráfico.

Más y más personas en una cantidad limitada de espacio, también significará más tráfico y, por lo tanto, más contaminación

A medida que avanza el desarrollo, la mayor parte de la población del planeta continúa agrupándose en torno a las grandes ciudades. Las oportunidades de encontrar empleo, el acceso a mejores servicios, y el acceso a una mejor alimentación y sanidad son algunos de los reclamos de lo que se ha venido en denominar “megaciudades”, ciudades de más de 10 millones de habitantes.

De hecho, los ingenieros de todo el mundo preocupados por este tema vienen hablando ya desde hace años de un concepto que aún puede llamar la atención: el de las smart cities o ciudades inteligentes, que son aquellas ciudades que aplican las tecnologías de la información y de la comunicación (las llamadas TICs) con el objetivo de proveer una infraestructura que garantice un desarrollo sostenible, un incremento de la calidad de vida de los ciudadanos, una mayor eficacia de los recursos disponibles. 

En el periodo que comprende de aquí a 2020, el mercado de las smart cities crecerá un 19% anual, alcanzando un volumen de 700.000 millones de euros. En sus proyectos de venta cruzada, la multinacional alemana Bosch, por ejemplo, afirma haber duplicado sus ventas en este sector en los últimos dos años.

Una de las posibles razones del impulso de las smart cities es su apuesta por la sostenibilidad. Estas ciudades se sirven de infraestructuras, innovación y tecnología para disminuir el consumo energético y reducir las emisiones de CO2. Tokio, Londres, Nueva York, Zúrich o París son algunos ejemplos de ciudades que ya utilizan tecnologías muy sofisticadas para mejorar aspectos de su gestión pública.

Servirse de paneles fotovoltaicos en las comunidades, más medios de transporte y vehículos eléctricos, molinos eólicos en farolas, paneles solares para semáforos o señales, promoción y desarrollo del uso de bicicletas… Las smart cities están llamadas a utilizar esta variedad de soluciones (un mix) si quieren llegar a serlo.

Las grandes ciudades españolas, aunque lejos todavía de los grandes tamaños, sin embargo, comparten ya muchos de los problemas típicos de estas “megaurbes”, como son: la cantidad limitada de espacio, el aumento del tráfico, unos mayores niveles de contaminación, menos espacio verde, más ruido, y más tiempo perdido en el tráfico, entre otros. La movilidad se ha convertido ya en uno de los principales problemas a los que debemos hacer frente si queremos habitar en espacios humanos.

Las grandes ciudades españolas, aunque lejos todavía de los grandes tamaños, sin embargo, comparten ya muchos de los problemas típicos de estas “megaurbes”

“El principal remedio es la movilidad libre de emisiones, libre de estrés y libre de accidentes”, dice Rolf Bulander, miembro del Consejo de Administración de Robert Bosch GmbH y presidente del área empresarial Mobility Solutions de la multinacional alemana.

Según explica a CAPITAL, Ignacio Arnaiz Eguren, director ejecutivo de Urbimática, “las ciudades del futuro no serán muy distintas a las actuales. La tendencia de los planificadores es recuperar los barrios como ámbitos completos donde se puedan resolver la mayoría de las necesidades de sus habitantes y se reduzca al mínimo la necesidad de realizar desplazamientos diarios fuera de sus límites. La solución urbanística a la movilidad es reducir la necesidad de moverse y proporcionar un espacio estructural viario multifuncional y multimodal, que sea adaptable para acoger los modos actuales de transporte y los futuros”, dice.

Para él, sin embargo, no existen “ciudades inteligentes”; hay “gestores urbanos, planificadores y ciudadanos inteligentes. Hay sociedades cohesionadas, justas e integradoras -explica- que aprovechan bien sus escasos recursos para mejorar la calidad de vida de su ciudad y consiguen mejores resultados que otras sociedades con mayores recursos”, concluye.

El experimento de Madrid. La capital de España ha aprobado ya una nueva ordenanza municipal que ha generado el rechazo de los empresarios agrupados en la patronal CEIM. Los comerciantes se quejan de las serias restricciones que impondrá al tráfico en el centro el nuevo texto legal.

Y es que los temores parecen ser fundados. El equipo de Ahora-Madrid ha confirmado a CAPITAL que en la almendra central “tendrán prioridad de acceso el transporte público, la bicicleta y los vehículos menos contaminantes, así como los vehículos de los residentes”, algo que contrasta con la realidad, pues son miles los desplazamientos que diariamente realizan a la capital gente de las afueras y de otras provincias para realizar gestiones. Cualquier restricción, en este sentido, tendría efectos muy negativos para esos ciudadanos.

Además, entre las medidas que esperan implantar están la de limitar a 30 Km./h. todas las calles de un carril por sentido o carril único, habilitar la posibilidad de circular en sentido contrario en las calles residenciales y ciclo-calles, dar prioridad a las personas con movilidad reducida para acceder a las plazas de aparcamiento público en régimen de abono o contrato, o exigir a las nuevas VTCs la utilización de vehículos “CERO” o “ECO”, entre otras medidas.

Otras de las medidas polémicas serían la limitación de estacionamiento de motocicletas sobre las aceras “a aquéllas en las que no exista banda de estacionamiento en la calzada, junto con la extensión de las reservas de estacionamiento de motocicletas donde sí exista, y la incorporación de los cambios en la movilidad previstos en el Plan A de Calidad del Aire y Cambio Climático”, aseguran.

Vitoria, ejemplo de ciudad verde. Frente a todo lo que está pasando en Madrid, quizá Vitoria-Gasteiz (País Vasco) podría servir de modelo al resto de ciudades españolas en lo que se refiere a una política sostenible de movilidad y de calidad medioambiental. De hecho, la ciudad fue designada por la Comisión Europea Capital Verde Europea 2012 (“Green Capital”). Ese año se dedicaron cerca de 2,5 millones de euros del presupuesto municipal a financiar distintos proyectos medioambientales y se plantaron 250.000 árboles, en el “Anillo verde” de la ciudad. Una cantidad que, en comparación con las grandes cifras del presupuesto municipal de Madrid es ridícula, sin embargo, tuvo un impacto enorme en esta ciudad de provincias.

Desde CAPITAL, hemos hablado con su actual alcalde, Gorka Urtaran (PNV), quien explica que Vitoria-Gasteiz ha sufrido un cambio “espectacular” en lo relativo a la movilidad urbana y en la calidad del espacio público en la última década. Fundamentalmente, “gracias al Plan de Movilidad Sostenible y Espacio Público impulsado desde el Ayuntamiento y refrendado por la ciudadanía. Dos terceras partes de nuestros desplazamientos urbanos diarios se realizan ahora de manera activa. Es decir, a pie o en bicicleta”, asegura.

Por poner un ejemplo, “la bicicleta suponía en 2002 un 1,4% de los desplazamientos urbanos. Hoy estamos entorno al 15%. El coche, en 2006, cubría el 36% de los viajes. Y hemos conseguido rebajarlo al 24,70% en 2014. En ese Plan de Movilidad Sostenible y Espacio Público, que se puso en marcha en 2008, se impulsaron medidas para restructurar y potenciar la red de autobuses urbanos en coordinación con el tranvía, reducir el tráfico de los vehículos privados, ampliar las zonas peatonales para impulsar la movilidad a pie, liberar para la ciudadanía parte del espacio público destinado al tráfico mediante la creación de supermanzanas, dar respuesta a la problemática del aparcamiento de vehículos motorizados y fomentar la movilidad en bicicleta”, añade.

“Actualmente, la estrategia municipal 2025 apuesta por seguir impulsando una movilidad sostenible y saludable, apostando por los desplazamientos a pie y en bici y la modernización del transporte público”, concluye Urtaran.

Nuevas opciones a la movilidad. De hecho, en ciudades como Madrid o Barcelona estamos ya acostumbrados a ver coches y motos pintados de colores chillones, que componen nuevas opciones a la movilidad. Una de estas empresas es Movo, propiedad de un fondo de inversión que respalda Cabify, que comenzó sus operaciones en la capital de España el pasado mes de abril. “La principal ventaja de usar este servicio es la posibilidad de moverse de manera eficaz por el centro de las ciudades”, explica Álvaro Pellejero, cofundador de Movo.

“En Madrid ingresan más de 2,5 millones de vehículos particulares al año -continúa diciendo-  lo que provoca que los ciudadanos pasen 95 horas/año en atascos. Con la moto hay más rapidez en los traslados, se evitan atascos y, al ser motos eléctricas, se puede circular por toda la ciudad sin restricciones. Además, con este tipo de servicios, solo se paga por lo que conduces; el usuario no tiene que preocuparse por cascos, seguros, mantenimiento ni por la batería.  El uso de la aplicación es muy sencillo. Se puede desbloquear la scooter a través de la aplicación móvil o con el código QR, por lo que siempre todas las motos están al alcance del usuario”, defiende Pellejero.

Su matriz Cabify, por ejemplo, está ya presente en más de 35 ciudades de Hispanoamérica, además de Portugal. En España, opera ya en cinco ciudades: Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Málaga, “aunque seguimos creciendo y tenemos previsto comenzar a ofrecer nuestros servicios en Alicante antes del verano”, explica a CAPITAL Mariano Silveyra, director regional de la empresa.

Otra modalidad de transporte ya disponible es el que representa Car2go. “En Madrid hay tantos casos de uso como usuarios en la ciudad. Cada uno tiene sus particularidades y le saca el mejor provecho a los vehículos de carsharing (compartir coche)”, comenta Orazio Corva, director de la compañía en Madrid. “Gracias al carsharing flexible de Car2go, los madrileños tienen disponible siempre un coche cuando lo necesitan, facilitándoles los desplazamientos por la ciudad sea cual sea su necesidad”.

Por si estas opciones fueran pocas, ahora RENFE ha anunciado que se invertirán de aquí a 2025 más de 5.000 millones de euros en mejoras de la red de Cercanías para Madrid. Según ha informado la compañía, “el plan aborda de forma integral una modernización y mejora de la infraestructura, así como un plan de renovación del material rodante. En él se incluye la construcción de siete nuevas estaciones, así como la reforma de otras 88”. Además, el gestor de infraestructuras ferroviarias, Adif, destinará más de 2.270 millones de euros al aumento de la capacidad, así como a la modernización y construcción de infraestructuras. No hay que olvidar que Cercanías transporta sólo en Madrid a mas de 241 millones de viajeros al año.

Sea como fuere, lo que está claro es que algo hay que hacer. Las grandes ciudades españolas no pueden permitirse el lujo de quedar rezagadas y convertirse en grandes agujeros negros de contaminación, con una población que viera restringido su derecho a la movilidad. La solución tendrá que venir de la capacidad creativa de todos los actores implicados, experimentando lo que sea necesario, para obtener resultados en el corto plazo. De lo contrario, todos lo sufriremos, tarde o temprano.

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